Autor: ELSA PUNSET 28 septiembre 2010

El mundo de mi hija Tici está lleno de cajitas para clasificar. Es su medida para comprender el mundo que la rodea. Si caminas erecto y tu piel es suave, eres uno de los suyos. Si vas encorvado y tienes el rostro marcado por los embistes de la vida, te clasifica como miembro de una especie misteriosa. “El abuelo de Paula anda muy recto y se mueve mucho -me dijo el otro día-, no parece un abuelo”. “¿Y qué parece?”, le pregunté con curiosidad. “Parece humano”, dictaminó con absoluta seriedad mi duendecillo de 5 años.

Autor: JOAN GARRIGA 28 junio 2010

Son muchas las mujeres que se quejan de no ser suficientemente comprendidas por sus parejas hombres y lo gritan de una forma sonora y publicitaria como si fuera un derecho natural. Al mismo tiempo cientos de hombres se van secando calladamente porque encuentran que sus mujeres menosprecian algunos de sus intereses, deseos, costumbres y aficiones, y en lo hondo, piensan que hay algo que no va, que la mujer no se molesta en comprender que el hombre es como es.