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	<title>Inteligencia Emocional y Social &#187; emociones</title>
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	<description>Descubre cómo gestionar el capital básico de las emociones</description>
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		<title>&#8216;Las raíces del éxtasis tribal&#8217;</title>
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		<pubDate>Tue, 13 Jul 2010 11:14:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ELSA PUNSET</dc:creator>
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		<category><![CDATA[comportamientos grupales]]></category>
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		<description><![CDATA[Esta semana os adjunto este interesante artículo sobre las raíces evolutivas del fervor, o &#8220;éxtasis tribal&#8221;, como lo denomina el artículo, que sienten tantas personas ante las victorias de deportivas de los “suyos” (leer el artículo). Cuando veo la energía ingente que brota ante este tipo de acontecimientos, siento algo de nostalgia porque intuyo que, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Esta semana os adjunto este interesante artículo sobre las raíces evolutivas del fervor, o &#8220;éxtasis tribal&#8221;, como lo denomina el artículo, que sienten tantas personas ante las victorias de deportivas de los “suyos” (<a title="artículo de Pablo Jáuregui en PDF" href="http://www.inteligenciaemocionalysocial.com/wp-content/uploads/2010/07/20100713_jauregui.pdf" target="_blank">leer el artículo</a>). Cuando veo la energía ingente que brota ante este tipo de acontecimientos, siento algo de nostalgia porque intuyo que, con una fracción de esta misma energía, se podrían cambiar muchas cosas caducas en el mundo.</p>
<p><span id="more-644"></span></p>
<p>La verdad es que cuesta despertar a diario las emociones intensas de los  humanos, tan atareados en la rutinaria supervivencia diaria. Tendemos a  centrar las emociones intensas en las etapas de amor romántico, aunque  tantas otras cosas en la vida necesitarían esa misma energía y capacidad  de concentración.</p>
<p>No solo el instinto tribal surge en las celebraciones deportivas: también aparece esa capacidad humana de admirar el trabajo bien hecho y la victoria justa, a raíz de la <strong>superación </strong>de los obstáculos. Algo de eso nos acompaña cuando celebramos una victoria deportiva, transparente y merecida.</p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-651" title="afición" src="http://www.inteligenciaemocionalysocial.com/wp-content/uploads/2010/07/afición.jpg" alt="" width="648" height="426" /></p>
<p style="text-align: center;"><span style="color: #999999; font-size: xx-small;"><em>Seguidores de la selección española en el partido contra Portugal del reciente Mundial, en Sudáfrica (imagen: usuario de <a title="sitio web" href="http://www.flickr.com/photos/bigblackbox/4760632538/" target="_blank">Flickr</a>).</em></span></p>
<p>Esta meritocracia, por desgracia, es mucho menos palpable en otras esferas públicas de nuestro entramado social. ¿Cuándo trasladaremos allí el afán de superación, de transparencia y de excelencia? Cuando admiramos, creamos modelos que inspiran y abren el camino para que, de alguna manera, otros les sigan. Enseñar e inspirar son razones de peso que dan sentido, sin duda, a las extensas, complejas y a veces problemáticas redes sociales, tan características de los humanos.</p>
<p style="text-align: right;">Elsa Punset</p>
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		<title>Las emociones que nos habitan</title>
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		<pubDate>Tue, 08 Jun 2010 11:08:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>JOSÉ LUIS MOLINO</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[emociones]]></category>
		<category><![CDATA[enfermos]]></category>
		<category><![CDATA[patología dual]]></category>
		<category><![CDATA[sufrimiento]]></category>

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		<description><![CDATA[En Enfermería trabajamos la relación de la enfermera con el paciente, y los cuidados que le aplica en este contexto. Un apartado importante en este sentido es la vivencia de las emociones tanto de la enfermera (o enfermero) como del paciente, ya que en esta relación hay espacio para el crecimiento personal de ambos, y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En Enfermería trabajamos la relación de la enfermera con el paciente, y los cuidados que le aplica en este contexto. Un apartado importante en este sentido es la vivencia de las emociones tanto de la enfermera (o enfermero) como del paciente, ya que en esta relación hay espacio para el crecimiento personal de ambos, y resulta vital la buena gestión de las emociones en la enfermera, para que pueda asistir o atender al paciente.<br />
<span id="more-559"></span>   </p>
<p>Un elemento importante es la empatía (la capacidad de ponerse en el lugar del otro), por lo que ahora siento la necesidad de centrarme y compartir los pensamientos y emociones de un grupo que dirijo de pacientes estabilizados de<strong> patología dual</strong> (es un término que se aplica para designar la existencia simultánea de un trastorno adictivo y un trastorno mental en una misma persona). Estas personas están en un periodo de reinserción social, y ellos -y la sociedad así se lo refleja- sienten que son personas fracasadas, en parte, por una mala gestión de sus emociones.<br />
&nbsp;</p>
<div style="width: 100%; float: left;"><img title="miedo" src="http://www.inteligenciaemocionalysocial.com/wp-content/uploads/2010/06/emocionesenfermos.jpg" alt="" /></div>
<p style="text-align: center;"><span style="color: #999999; font-size: xx-small;"><em> La soledad y el desamparo al que se enfrentan las personas con patología dual es desgarrador. (Usuario de <a title="sitio web" href="http://www.flickr.com/photos/pinceldecolor/2263152629/" target="_blank">Flickr)</a>.</em></span></p>
<p>Os presento cuatro historias que los pacientes elaboraron en grupos. Su consigna era que contaran una historia relacionada con una figura geométrica: </p>
<p>LA LUNA OSCURA (Circulo)<br />
La luna llena te invita a empezar de cero.<br />
En una noche de luna oscura, los dragones de antaño salen a cazar sus presas.<br />
Cuando hay luna llena, te incita a ser más cauto y te da confianza para sacar tu carro de ruedas redondas con la mercancía que te has ganado, esquivando a los dragones con astucia. (Joaquín, Agustín, Toñi, Domingo)</p>
<p>MI REFUGIO (Cubo)<br />
Había un grupo de personas viviendo en un cubo.<br />
El chico se sentía encerrado en cuatro paredes angustiado como si fuera una <strong>celda de castigo</strong>, pero sin embargo había dos chicas que lo tenían como un lugar donde encerrarse y encontrarse a sí mismas, un lugar donde estaban protegidas de todo el mundo y que les daba que pensar.<br />
A la otra chica le recordaba su juventud, era una buena época donde era feliz ya que se encontraba en su habitación rodeada de libros llenos de fantasías de  gran colorido.<br />
Fuimos saliendo del cubo uno a uno y esta última, se quedó sola dentro del cubo. (Sensi, Javi, Carry, Esther)</p>
<p>EL TRIANGULO DE LAS BERMUDAS (Triángulo)<br />
Un día nació un niño, y creció en la base del triangulo y conforme fue avanzando su vida fue ascendiendo por éste.<br />
Este niño creció y durante toda su vida tuvo al triángulo como referencia, le recordaba a unas grandes montañas donde se divertía pasando un buen día de campo, también le recordaba a las pirámides, donde el pueblo hebreo se refugiaba de la persecución de los egipcios.<br />
Este símbolo tan importante le recordaba a Dios, que está en la cima de la pirámide, y en que en esta vida a veces también te encuentras en la cima, pero tienes que elegir entre los diferentes caminos a tomar. (Juan, Margarita, Vicente, Fernando, Amador e Isabel)</p>
<p>EL BESO (Cono)<br />
Había en un pueblecito pequeño en las montañas de Guadarrama, donde una buena familia tenía una hija. Ésta tenía muchas habilidades, pero lo que más satisfacción le producía era bailar. Tras negarse sus padres una y otra vez a que se formase en este arte, ella como buena hija sumisa y obediente hizo caso a la decisión de sus padres. Con el tiempo, tras no poder bailar, entristeció  y se encerró en sí misma en un mundo de cristal y oscuridad, y renunció al amor de por vida hasta su muerte.<br />
Un día conoció un chico y empezó a sonreír y comprendió que con la actitud que tenía antes, con una vida tan negativa, y con un comportamiento rebelde ante el mundo, aislada, construído desde el odio, sólo encontraba rechazo en las personas, y que la vida se le escapaba sin hacer nada y desaprovechaba otros de los muchos talentos o cualidades que tenía.<br />
Poco a poco volvió a abrir su corazón debido al cariño que le daba este chico y empezó a tener ilusión por la vida, y con una gran explosión de <strong>seguridad y serenidad</strong> volvieron los colores a su vida. Encontró por fin el sentido al amor y a valorarse y las ganas de vivir el día a día y, por último, el consentimiento y aprobación de sus padres a ser feliz. (José y Juana)</p>
<p>…Porque cada uno de nosotros, a pesar de la apariencias, necesitamos encontrar el sentido de nuestras vidas y comprender las emociones que las habitan.</p>
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		<title>Neuroarquitectura: el reflejo por fuera de lo que somos por dentro</title>
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		<pubDate>Mon, 24 May 2010 13:50:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ELSA PUNSET</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<description><![CDATA[El cerebro humano se conformó hace unos tres millones de años para vivir en la sabana, rodeado de luz, cielo y naturaleza. Parece que lo hemos olvidado, pero la vida no nos programó para vivir encerrados en espacios reducidos, diminutos, alejados de la vida natural. Acabamos así por las presiones sociales y económicas imperantes… y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El cerebro humano se conformó hace unos tres millones de años para vivir en la sabana, rodeado de luz, cielo y naturaleza. Parece que lo hemos olvidado, pero la vida no nos programó para vivir encerrados en espacios reducidos, diminutos, alejados de la vida natural. Acabamos así por las presiones sociales y económicas imperantes… y pagamos un precio por ello. ¿Cómo percibe nuestro cerebro los espacios en los que vivimos actualmente? ¿Cómo afectan a nuestro ánimo o a nuestro rendimiento? ¿Hay una relación entre cerebro y espacio?<br />
<span id="more-523"></span></p>
<p>La <strong>neuroarquitectura</strong> es una disciplina emergente que en Estados Unidos, que cuenta incluso con una <a title="enlace" href="http://www.anfarch.org/" target="_blank">Academia de Neurociencia para Arquitectura</a>. Empieza a arrojar indicios interesantes para ayudarnos a comprender cómo el hábitat en el que vivimos afecta a nuestra salud física y mental. No se trata sólo de intuir que el color o el espacio tienen un impacto sobre nuestro estado de ánimo. Se trata de ir un paso más allá e indagar sobre qué efecto específico tienen los espacios sobre el estrés, las hormonas y el tipo de pensamientos que generamos. Actualmente se está investigando la relación entre espacios amplios y pensamiento creativo; sobre el poder misterioso de la naturaleza para estimular tanto la concentración, como la curación de las personas tras una enfermedad; o sobre el impacto de los edificios y muebles con ángulos afilados sobre la amígdala, implicada en los procesos de defensa y agresión del cerebro. “Se trata de considerar cómo cada aspecto de un entorno arquitectónico podría influir sobre determinados procesos cerebrales, como los que tienen que ver con el estrés, la emoción y la memoria”, dice <a title="enlace" href="http://www.architectmagazine.com/Architecture/qa-eve-edelstein.aspx" target="_blank">Eve Edelstein, Ph.D.</a>, profesora asociada de la <a title="enlace" href="http://www.newschoolarch.edu/" target="_blank">NewSchool of Architecture &#038; Design</a> en San Diego.<br />
&nbsp;</p>
<div style="width: 100%; float: left;"><img title="escher" src="http://www.inteligenciaemocionalysocial.com/wp-content/uploads/2010/05/20100524escher.jpg" alt="" /></div>
<p style="text-align: center;"><span style="color: #999999; font-size: xx-small;"><em> Conocernos por dentro nos ayudará a construir edificios en consonancia con nuestras necesidades emocionales. (Imagen de  <a title="sitio web" href="http://www.mcescher.com/" target="_blank">M.C. Escher)</a>.</em></span></p>
<p>Desde hace unos años, está surgiendo tanta información que algunos arquitectos denominan esta etapa el nuevo Renacimiento de las ciencias del diseño y la arquitectura. Libros como <a title="enlace" href="http://search.barnesandnoble.com/booksearch/isbnInquiry.asp?r=1&#038;ISBN=9780393731842&#038;ourl=Inquiry-by-Design%2FJohn-Zeisel" target="_blank"><em>Inquiry By Design: Environment Behavior/Neuroscience in Architecture, Interiors, Landscape and Planning</em></a> de John Zeisel, indagan en el campo de la neurociencia para describir el impacto de los edificios y de los espacios en nuestras vidas. Se trata de conocernos por dentro, para lograr concebir edificios y espacios en consonancia con nuestro <strong>bienestar</strong> no sólo físico, sino también mental.</p>
<p>De entrada, algo si está muy claro: fabricamos más oxitocina y serotonina, relacionadas con la relajación y el disfrute, si nuestros entornos son agradables. Resulta dudoso que el tipo de diseño que llevamos años aplicando a nuestros hogares, escuelas, hospitales o residencias para la tercera edad, por mencionar algunas de las que han sido más castigadas por la <strong>falta de espacio</strong> y la negación de la necesidad de cualquier elemento de belleza formal, ayuden a las personas que las habitan a sentirse mejor. ¿Cuántos de nosotros vivimos en espacios que reflejan nuestras necesidades vitales, nuestros sueños?</p>
<p>Debemos ser racionales y pragmáticos, sin duda, pero sólo hasta un punto, y sin perder de vista que los elementos arquitectónicos de los distintos espacios, públicos y privados, afectan los ánimos y la forma de pensar de sus moradores. Aunque esto siempre se ha tenido en cuenta para el diseño y construcción de los grandes monumentos, se ha denegado en la vida diaria de la mayoría de los humanos, sobre todo en estas últimas décadas, tan volcadas en la supervivencia de lo físico y en el abandono de lo emocional. Se trata pues de descubrir y reconocer de forma consciente el impacto, positivo o negativo, del espacio que nos rodea en nuestras vidas, en nuestra creatividad, en <strong>nuestros ánimos</strong>. Tenemos derecho a exigir que nuestros hábitats privados y colectivos reflejen y estimulen lo mejor que llevamos dentro.</p>
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		<title>Un Sant Jordi nublado</title>
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		<pubDate>Mon, 26 Apr 2010 13:10:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ELSA PUNSET</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[emociones]]></category>
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		<description><![CDATA[Acabo de regresar de Barcelona, del día de Sant Jordi, la fiesta en la que todos se regalan una rosa y un libro. Allí compré dos enormes rosas de peluche en un puesto callejero para mis dos pequeñas. Las rosas parecían sacadas de una escena de Alicia en el país de la Maravillas. Las arrastré [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Acabo de regresar de Barcelona, del <strong>día de Sant Jordi</strong>, la fiesta en la que todos se regalan una rosa y un libro. Allí compré dos enormes rosas de peluche en un puesto callejero para mis dos pequeñas. Las rosas parecían sacadas de una escena de <em>Alicia en el país de la Maravillas</em>. Las arrastré con determinación, alzándolas por encima del mar de cabezas  mientras labraba mi camino entre la muchedumbre tras mi editora, camino de las casetas. “<em>¿Por qué compras rosas de peluche?</em>” me recriminaron a gritos algunos de los vendedores de rosas frescas. Es fácil: me encantan las flores, pero no me gusta verlas morir. Y hubiesen muerto mis dos rosas en el último AVE de regreso a medianoche, de no haber sido tan clamorosamente falsas&#8230;<br />
<span id="more-393"></span></p>
<p>Este año he podido saludar y conversar con muchos escritores. Me ha llamado la atención que aunque compartamos un mismo medio de expresión, somos infinitamente diferentes unos de otros. He hablado con escritores cómicos, con economistas pesimistas, con ensayistas sesudos, con novelistas históricos… todos plasmamos un sueño, una rebeldía o un temor particular en un libro.  Nos reflejamos allí, dejamos nuestra esencia, lo que nos importa de verdad. Lo lógico sería por tanto que un libro se parezca a su autor.</p>
<p><img class="aligncenter" src="http://www.inteligenciaemocionalysocial.com/wp-content/uploads/2010/04/bookrose.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: center;"><span style="color: #999999; font-size: xx-small;"><em>La rosa y el libro son los iconos del Día de Sant Jordi en Cataluña. (Imagen: usuario de <a title="enlace flickr" href="http://www.flickr.com/photos/soldeace/42054260/" target="_blank">Flickr</a>.)</em></span></p>
<p>Lo comprobé en uno de estos encuentros fortuitos durante la maratón de firmas. Me tocó sentarme al lado de un joven escritor extranjero que ha vendido, literalmente, millones de ejemplares de su última novela. No he leído la novela, pero me han dicho que es un canto magnífico a la soledad y la desesperanza. Y el autor tenía de hecho la mirada tan triste, que me afané, como una mamá bien intencionada pero ineficaz, en alegrarle durante el tiempo breve en el que coincidimos. Intento que la falta de tiempo no me impida hacer las cosas importantes, así que nada más saludarle y mirarle a los ojos le pregunté sin rodeos: <em>¿Por qué estás tan triste?</em> Intuía que era un ser vulnerable y tierno, y efectivamente se le llenaron de golpe los ojos de lágrimas. <em>Vaya, ¿es por un desamor?</em>- pregunté como si fuese, no ya su madre, sino su mismísima abuela. Tardó unos segundos en contestarme. …<em>Ah,</em> me dijo lentamente, como recordando, <em>&#8230;Si, hace 10 años tuve un desamor y dolió mucho. Ahora ya duele poco.</em> Podría resultar incómodo hablar de algo íntimo con alguien a quien no conoces y con quien apenas compartes un idioma. Pero eso no nos desanimó. Durante una hora, el escritor y yo gesticulamos, entre firma y firma, comunicándonos por señas y con retazos de idiomas variopintos por encima del ruido y del ajetreo típico de una feria. <em>Entonces, si no es por desamor, ¿por qué sigues con esa tristeza?</em>- insistí. Él sacudió la cabeza. <em>No lo sé. Es algo que arrastro siempre</em>, me dijo. <em>No sé bien por qué.</em></p>
<p>Tengo un lado muy práctico, lo reconozco, y ese chico lo exacerbó de lleno. ¡Me da rabia que la gente esté triste sin un motivo! <strong>La vida es un paseo tan corto…</strong> <em>¿Has intentado librarte de la tristeza?</em>- le pregunté. Me miró con sorpresa. <em>¿Librarme?</em>- repitió, como si la idea ni se lo hubiese ocurrido.  <em>Si no hay una razón de peso, sólo es una emoción la que te está perjudicando. ¡Una emoción es como una corriente de aire! Puedes ponerte a salvo. Puedes alejarte. Puedes abandonarla, dejarla plantada, allí sola, hasta que se muera de inanición. O puedes disolverla con otra emoción del signo contrario ¿Has tomado distancia de la tristeza? ¿Has buscado otras emociones con las que llenar tu mente, tu cuerpo? ¿Has meditado, has viajado por el mundo, te has enamorado, has bailado, has cantado o has hecho algo que te alivie? ¿Lo que sea? ¿Nada te alivia? </em>Y aquí puse cara de incredulidad absoluta y agité las manos lo más expresivamente posible, (si no fuese yo tan flaca, hubiese parecido una verdadera “mamma” italiana.)</p>
<p>Pero de nada sirvieron mis sugerencias. Él volvió a sacudir la cabeza con pesadumbre infinita. Nada, nada aliviaba a mi joven, inteligente y exitoso camarada de firmas. Era como si en sus ojos verdes y soñadores se hubiese congelado para siempre la parte oscura de la vida, como si le hiriese una y otra vez la apatía, el cinismo, la agresividad o la desesperanza que le rodeaban- que nos rodean, inevitablemente, a todos. No cabían en sus ojos el destello de esperanza, la capacidad de sobrevolar la tristeza. No conocía la alegría de quien vislumbra la belleza a ráfagas de la vida, por efímera o frágil que resulte. Tal vez haya que ser algo frívolo, o muy visionario, o simplemente menos joven, para escapar de las garras de la tristeza documentada, lógica y persistente. Para haber aprendido a darle la espalda, deliberadamente.</p>
<p>Como <strong>las emociones son contagiosas</strong>, lo reconozco: él me contagió algo de su serena y sólida tristeza. Tal vez por eso, y porque me abruman los lugares muy concurridos, aquél me pareció un día nublado, por dentro y por fuera. Por ello desde aquí quería agradecer a los lectores que se acercaron a saludarme que me trajesen un poco de su luz. A cambio, espero que yo lograse dejarles a ellos, y tal vez también a mi joven y triste colega escritor, un soplo de mi incombustible esperanza.</p>
<p style="text-align: right;">Elsa Punset</p>
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		<title>Últimas noticias sobre el dolor</title>
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		<pubDate>Tue, 09 Mar 2010 17:38:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>JOSEP LOPEZ</dc:creator>
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		<category><![CDATA[dolor]]></category>
		<category><![CDATA[emociones]]></category>
		<category><![CDATA[sufrimiento]]></category>

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		<description><![CDATA[Una mañana de no hace mucho me desayuné con el siguiente titular de periódico: “El dolor emocional duele de verdad”. Me llamó inmediatamente la atención. Pensé primero, como lingüista frustrado que soy, que la frase era redundante y un tanto absurda: ¿Cómo no va a doler el dolor emocional? Luego fui un poco más allá [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Una mañana de no hace mucho me desayuné con el siguiente titular de periódico:</p>
<p>“El dolor emocional duele de verdad”.</p>
<p>Me llamó inmediatamente la atención. Pensé primero, como lingüista frustrado que soy, que la frase era redundante y un tanto absurda: ¿Cómo no va a doler el dolor emocional? Luego fui un poco más allá y me fijé en ese “de verdad”. Y me quedé pensando un rato&#8230; Pensé que si alguien podía escribir un titular así era porque el dolor emocional no se considera un dolor “de verdad”. O sea, se consideraba un dolor de segunda, incluso de mentirijillas, como si aquellos que se quejan de tener el corazón roto o de estar sobrepasados por la vida fueran en realidad unos farsantes, o cuanto menos unos exagerados.</p>
<p><span id="more-263"></span></p>
<p>En seguida me sentí indignado por esa discriminación hacia el dolor emocional. ¿Acaso duele menos la pérdida de un ser querido que una piedra en el riñón? ¿Duele menos el rechazo de un amante que una torcedura de tobillo? Es más, ¿hay alguna <strong>diferencia real</strong> entre un dolor y otro?</p>
<p>Decidí seguir leyendo para ver qué había detrás de aquel titular tan sugerente y descubrí con asombro el siguiente subtitular:</p>
<p>“Un equipo de científicos de EE.UU. afirma que la zona del cerebro que procesa el dolor físico también se encarga de procesar el emocional”.</p>
<p>Lo leí un par de veces más para estar seguro de que lo había entendido bien. Y sí, lo había entendido bien: resulta que para nuestro cerebro el dolor físico y el dolor emocional son prácticamente la misma cosa. ¡Fantástico!, me dije, ¡por fin la sociedad va a empezar a darle al dolor emocional la atención que se merece, en lugar de menospreciarlo y considerarlo un dolor de segunda!</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-266" title="dolor_corazon" src="http://www.inteligenciaemocionalysocial.com/wp-content/uploads/2010/03/dolor_corazon.jpg" alt="" width="648" height="432" /><span style="color: #999999; font-size: xx-small;"><em> &#8220;Me duele el corazón&#8221;, &#8220;me ha partido el corazón&#8221;, &#8220;llevo una espina clavada en mi corazón&#8221;&#8230; Expresiones a las que se recurre ante los distintos tipos de sufrimiento emocional (Imagen: Usuario de <a title="ir a Flickr" href="http://www.flickr.com/photos/lolika/390668933/sizes/l/" target="_blank">Flickr</a>).</em></span></p>
<p>Luego, cuando miré a mi alrededor, me di cuenta de que aquella había sido una afirmación demasiado optimista, pero en aquel momento me encantó leer que por fin existía una evidencia científica que corroboraba lo que yo intuitivamente pensaba: que es necesario atender adecuadamente nuestros sufrimientos emocionales, prestarles la atención social y personal que merecen sin avergonzarnos por ello. Me refiero a que todavía hoy se sigue aceptando con <strong>mayor naturalidad</strong> que alguien no vaya a trabajar porque le duele la cabeza o el estómago a que no lo haga porque está muy triste debido a que ha roto con su novio/a o porque está reviviendo por algún motivo un trauma no resuelto, que es algo más complejo de entender y de abordar, pero que también se da. Ambas cosas, el dolor de estómago y la tristeza, tienen un sentido que en el fondo puede ser el mismo.</p>
<p>La noticia tenía aún más miga. Entre otras cosas, decía lo siguiente:</p>
<p>“Gracias a nuevas tecnologías (&#8230;) un equipo de científicos confirma que el sufrimiento emocional realmente puede doler físicamente. La razón se encuentra en la investigación cerebral que han realizado recientemente y que revela que la parte del cerebro que procesa el dolor físico también se encarga de procesar el dolor emocional. (&#8230;) Los que han experimentado este tipo de dolor (el emocional) a menudo hablan de ‘un dolor en el pecho’, ‘un vacío debajo del esternón’ o de pensar que se están volviendo locos por tanto dolor. Y es que, como afirma en declaraciones a la BBC el profesor David Alexander, director del <a title="ir a la web del centro" href="http://www4.rgu.ac.uk/actr/general/page.cfm" target="_blank">Centro de Investigación de Trauma</a> en Aberdeen (Escocia), ‘la gente que ha sufrido daños emocionales a menudo traduce ese dolor en algo físico’.”</p>
<p>Ahá, pensé de nuevo. Resulta que detrás de un dolor físico puede haber, en realidad y en el fondo, un dolor emocional. ¿Y eso se está teniendo en cuenta en nuestro actual sistema de salud? ¿Se preguntan los médicos, cuando alguien acude a su consulta quejándose de un dolor en la espalda, por ejemplo, si más allá hay un sufrimiento emocional que lo origina y justifica? ¿Tiene sentido que lo hagan? ¿Es factible? Más aún: a la luz de estos últimos descubrimientos, ¿es efectivo, sociosanitariamente hablando, seguir centrándose en el dolor físico y menospreciar el emocional? De hecho, ¿tiene sentido plantearse la existencia de varias clases de dolor, o diferenciar entre dolor físico y dolor psicológico?</p>
<p>La noticia seguía así:</p>
<p>“Las investigaciones médicas tienden a dejar de lado este sufrimiento (el emocional) para concentrarse en el dolor físico. Un equipo de neurocientíficos de la <a title="ir a la web de la universidad" href="http://www.ucla.edu/" target="_blank">Universidad de California en Los Ángeles</a> (UCLA) se ha propuesto cambiar esa tendencia centrando sus estudios en el dolor emocional. Gracias a la nueva tecnología dicen que es posible analizar lo que pasa en el cerebro y en el corazón.”</p>
<p>¡Qué bien!, me dije, ¡por fin vamos a prestar atención a lo que pasa en el corazón! Me refería, claro, a una atención seria, es decir, a tener en cuenta los “males del corazón” como una forma de ser personas más saludables y, en última instancia, de tener una sociedad también más saludable.</p>
<p>Esa misma tarde fui a mi medico de cabecera y, tras saludarlo con más afabilidad que de costumbre, le solté: “¡Doctor, me duele el corazón!”. Y sin hacerme ninguna pregunta me envió al cardiólogo&#8230;</p>
<p style="text-align: right;">Josep López</p>
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		<title>Emociones e inteligencia social</title>
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		<pubDate>Thu, 15 Mar 2007 15:07:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Autor: Ignacio Morgado Idioma: castellano Editorial: Ariel Publicación: 2007 Nº de páginas: 184 Encuadernación: tela ISBN: 978-84-344-5307-4 Precio: 14 € Comprar! &#160; &#160; &#160; &#160; . ¿Son compatibles la razón y los sentimientos? ¿Cuál de los dos vence cuando se enfrentan? ¿Es posible lograr un equilibrio entre ambos? ¿Somos seres racionales o sentimentales? ¿Por qué [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft" src="http://www.inteligenciaemocionalysocial.com/wp-content/uploads/2010/03/emociones_morgado.jpg" alt="" hspace="15" /> <strong>Autor:</strong> Ignacio Morgado<br />
<strong>Idioma:</strong> castellano<br />
<strong>Editorial:</strong> Ariel<br />
<strong>Publicación:</strong> 2007<br />
<strong>Nº de páginas:</strong> 184<br />
<strong>Encuadernación: </strong>tela<br />
<strong>ISBN: </strong>978-84-344-5307-4<strong><br />
Precio: </strong>14 €</p>
<p><a href="http://www.casadellibro.com/homeAfiliado?ca=2101&amp;isbn=9788434453074" target="_blank">Comprar!</a><br />
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<p>¿Son compatibles la razón y los sentimientos? ¿Cuál de los dos vence cuando se enfrentan? ¿Es posible lograr un equilibrio entre ambos? ¿Somos seres racionales o sentimentales? <strong>¿Por qué cuesta tanto controlar las emociones?</strong> ¿Tomamos las decisiones razonando o arrastrados por la emotividad? ¿Controlan mejor las emociones los hombres o las mujeres? ¿Influyen las emociones en la inteligencia? Basándose en los más recientes experimentos y estudios científicos, Ignacio Morgado, catedrático de psicobiología de la Universidad Autónoma de Barcelona, describe el cerebro emocional y cómo los sentimientos afectan a las percepciones, la memoria, la comunicación, la toma de decisiones, la planificación del futuro, la creatividad o al sistema de valores y la moral de las personas.</p>
<p>Las emociones y los sentimientos constituyen una parte esencial de la vida. Este libro trata de qué son, cómo aparecieron y se generan, por qué tienen tanta fuerza y son tan difíciles de controlar. Analiza las diferencias emocionales entre hombres y mujeres y cómo afecta el envejecimiento a los sentimientos y el control emocional. Explica cómo influyen los sentimientos en la razón y la razón en los sentimientos.</p>
<p>De  forma asequible al gran público culto no especializado, describe el  conocimiento científico actual sobre <strong>el cerebro emocional y  social</strong> y cómo las emociones afectan a las percepciones, la  memoria, la comunicación, la toma de decisiones, la planificación del  futuro,  la creatividad o al sistema de valores  y la moral de las  personas. Su contenido está enriquecido con referencias y comentarios de  algunos de los aforismos más relevantes de <a title="Oráculo manual y arte de prudencia, de Baltasar  Gracián, en Wikisource" href="http://es.wikisource.org/wiki/Or%C3%A1culo_manual_y_arte_de_prudencia" target="_blank"><em>El arte de la prudencia</em></a>, un precoz  tratado de inteligencia socio-emocional que el jesuita <a title="entrada en Wikipedia sobre Baltasar Gracián" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Baltasar_Graci%C3%A1n" target="_blank">Baltasar  Gracián</a> escribió en 1647.</p>
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