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	<title>Inteligencia Emocional y Social &#187; dolor</title>
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	<description>Descubre cómo gestionar el capital básico de las emociones</description>
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		<title>La &#8220;monogamia secuencial&#8221;</title>
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		<pubDate>Mon, 17 May 2010 11:48:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>JOAN GARRIGA</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[amor]]></category>
		<category><![CDATA[dolor]]></category>
		<category><![CDATA[monogamia secuencial]]></category>
		<category><![CDATA[relaciones de pareja]]></category>
		<category><![CDATA[terapeutas]]></category>

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		<description><![CDATA[Al parecer nos toca vivir tiempos caóticos y creativos, originales e inciertos, turbulentos y esperanzados, para vivir nuestro amor en pareja. Algunos estudiosos han acuñado el concepto de &#8220;monogamia secuencial&#8221;, que viene a anunciar lo que todos ya percibimos -unos con cierto alivio, otros con más añoranza-: el funeral de &#8220;la pareja para toda la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Al parecer nos toca vivir tiempos caóticos y creativos, originales e inciertos, turbulentos y esperanzados, para vivir nuestro amor en pareja. Algunos estudiosos han acuñado el concepto de &#8220;monogamia secuencial&#8221;, que viene a anunciar lo que todos ya percibimos -unos con cierto alivio, otros con más añoranza-: el funeral de &#8220;la pareja para toda la vida&#8221;.<br />
<span id="more-512"></span></p>
<p><strong>Monogamia secuencial</strong> significa que, hoy por hoy, las personas tenemos estadísticamente muchas probabilidades de tener entre dos, tres o más parejas consecutivamente a lo largo de una vida con la consiguiente complejidad de formatos familiares y de convivencia y, sobre todo, con un alto precio en estrés emocional, afectivo y vincular. Nunca como ahora habíamos enfrentado de forma masiva tantas exigencias emocionales y tránsitos dolorosos.<br />
&nbsp;</p>
<div style="width: 100%; float: left;"><img title="miedo" src="http://www.inteligenciaemocionalysocial.com/wp-content/uploads/2010/05/20100518.jpg" alt="" /></div>
<p style="text-align: center;"><span style="color: #999999; font-size: xx-small;"><em> Tener consecutivas relaciones sentimentales traen consigo mucho amor, pero tambien mucho dolor. (Imagen de <a title="sitio web" href="http://www.behance.net/Gallery/Mason-Dixon-Seriesthe-70s-and-80s/157423" target="_blank">Jack Radcliffe)</a>.</em></span></p>
<p>Amarse, unirse, vincularse, crear, separarse, desprenderse, volver a empezar, son cualquier cosa menos trámites desde la frivolidad. Golpean las cuerdas que más intensamente vibran en nuestras almas, las del <strong>amor y el desamor</strong>. Ésta es la danza que nos toca danzar y el reto a menudo es titánico y a la vez humilde: lograr permanecer en el amor y en el placer de la vida, aprendiendo a transitar y remover los puentes de dolor. Aprender pues a transmutar dolor en más amor y no en más argumentos para seguirse protegiendo. Como dice  <a title="enlace" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Walt_Whitman" target="_self">Walt Whitman</a> en su &#8220;Hojas de hierba&#8221;:</p>
<p>Soy el poeta el Cuerpo y soy el poeta del Alma,<br />
los goces del cielo están conmigo<br />
y los tormentos del infierno están conmigo.<br />
Los primeros los multiplico e injerto en mi ser,<br />
los últimos los traduzco a un nuevo idioma.</p>
<p>En cierto modo todos los <strong>terapeutas</strong>, los ayudadores, los que acompañamos los tránsitos del amor y el desamor en las personas, somos o deberíamos ser un poco poetas del Cuerpo y poetas del Alma.</p>
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		<title>Últimas noticias sobre el dolor</title>
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		<pubDate>Tue, 09 Mar 2010 17:38:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>JOSEP LOPEZ</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[dolor]]></category>
		<category><![CDATA[emociones]]></category>
		<category><![CDATA[sufrimiento]]></category>

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		<description><![CDATA[Una mañana de no hace mucho me desayuné con el siguiente titular de periódico: “El dolor emocional duele de verdad”. Me llamó inmediatamente la atención. Pensé primero, como lingüista frustrado que soy, que la frase era redundante y un tanto absurda: ¿Cómo no va a doler el dolor emocional? Luego fui un poco más allá [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Una mañana de no hace mucho me desayuné con el siguiente titular de periódico:</p>
<p>“El dolor emocional duele de verdad”.</p>
<p>Me llamó inmediatamente la atención. Pensé primero, como lingüista frustrado que soy, que la frase era redundante y un tanto absurda: ¿Cómo no va a doler el dolor emocional? Luego fui un poco más allá y me fijé en ese “de verdad”. Y me quedé pensando un rato&#8230; Pensé que si alguien podía escribir un titular así era porque el dolor emocional no se considera un dolor “de verdad”. O sea, se consideraba un dolor de segunda, incluso de mentirijillas, como si aquellos que se quejan de tener el corazón roto o de estar sobrepasados por la vida fueran en realidad unos farsantes, o cuanto menos unos exagerados.</p>
<p><span id="more-263"></span></p>
<p>En seguida me sentí indignado por esa discriminación hacia el dolor emocional. ¿Acaso duele menos la pérdida de un ser querido que una piedra en el riñón? ¿Duele menos el rechazo de un amante que una torcedura de tobillo? Es más, ¿hay alguna <strong>diferencia real</strong> entre un dolor y otro?</p>
<p>Decidí seguir leyendo para ver qué había detrás de aquel titular tan sugerente y descubrí con asombro el siguiente subtitular:</p>
<p>“Un equipo de científicos de EE.UU. afirma que la zona del cerebro que procesa el dolor físico también se encarga de procesar el emocional”.</p>
<p>Lo leí un par de veces más para estar seguro de que lo había entendido bien. Y sí, lo había entendido bien: resulta que para nuestro cerebro el dolor físico y el dolor emocional son prácticamente la misma cosa. ¡Fantástico!, me dije, ¡por fin la sociedad va a empezar a darle al dolor emocional la atención que se merece, en lugar de menospreciarlo y considerarlo un dolor de segunda!</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-266" title="dolor_corazon" src="http://www.inteligenciaemocionalysocial.com/wp-content/uploads/2010/03/dolor_corazon.jpg" alt="" width="648" height="432" /><span style="color: #999999; font-size: xx-small;"><em> &#8220;Me duele el corazón&#8221;, &#8220;me ha partido el corazón&#8221;, &#8220;llevo una espina clavada en mi corazón&#8221;&#8230; Expresiones a las que se recurre ante los distintos tipos de sufrimiento emocional (Imagen: Usuario de <a title="ir a Flickr" href="http://www.flickr.com/photos/lolika/390668933/sizes/l/" target="_blank">Flickr</a>).</em></span></p>
<p>Luego, cuando miré a mi alrededor, me di cuenta de que aquella había sido una afirmación demasiado optimista, pero en aquel momento me encantó leer que por fin existía una evidencia científica que corroboraba lo que yo intuitivamente pensaba: que es necesario atender adecuadamente nuestros sufrimientos emocionales, prestarles la atención social y personal que merecen sin avergonzarnos por ello. Me refiero a que todavía hoy se sigue aceptando con <strong>mayor naturalidad</strong> que alguien no vaya a trabajar porque le duele la cabeza o el estómago a que no lo haga porque está muy triste debido a que ha roto con su novio/a o porque está reviviendo por algún motivo un trauma no resuelto, que es algo más complejo de entender y de abordar, pero que también se da. Ambas cosas, el dolor de estómago y la tristeza, tienen un sentido que en el fondo puede ser el mismo.</p>
<p>La noticia tenía aún más miga. Entre otras cosas, decía lo siguiente:</p>
<p>“Gracias a nuevas tecnologías (&#8230;) un equipo de científicos confirma que el sufrimiento emocional realmente puede doler físicamente. La razón se encuentra en la investigación cerebral que han realizado recientemente y que revela que la parte del cerebro que procesa el dolor físico también se encarga de procesar el dolor emocional. (&#8230;) Los que han experimentado este tipo de dolor (el emocional) a menudo hablan de ‘un dolor en el pecho’, ‘un vacío debajo del esternón’ o de pensar que se están volviendo locos por tanto dolor. Y es que, como afirma en declaraciones a la BBC el profesor David Alexander, director del <a title="ir a la web del centro" href="http://www4.rgu.ac.uk/actr/general/page.cfm" target="_blank">Centro de Investigación de Trauma</a> en Aberdeen (Escocia), ‘la gente que ha sufrido daños emocionales a menudo traduce ese dolor en algo físico’.”</p>
<p>Ahá, pensé de nuevo. Resulta que detrás de un dolor físico puede haber, en realidad y en el fondo, un dolor emocional. ¿Y eso se está teniendo en cuenta en nuestro actual sistema de salud? ¿Se preguntan los médicos, cuando alguien acude a su consulta quejándose de un dolor en la espalda, por ejemplo, si más allá hay un sufrimiento emocional que lo origina y justifica? ¿Tiene sentido que lo hagan? ¿Es factible? Más aún: a la luz de estos últimos descubrimientos, ¿es efectivo, sociosanitariamente hablando, seguir centrándose en el dolor físico y menospreciar el emocional? De hecho, ¿tiene sentido plantearse la existencia de varias clases de dolor, o diferenciar entre dolor físico y dolor psicológico?</p>
<p>La noticia seguía así:</p>
<p>“Las investigaciones médicas tienden a dejar de lado este sufrimiento (el emocional) para concentrarse en el dolor físico. Un equipo de neurocientíficos de la <a title="ir a la web de la universidad" href="http://www.ucla.edu/" target="_blank">Universidad de California en Los Ángeles</a> (UCLA) se ha propuesto cambiar esa tendencia centrando sus estudios en el dolor emocional. Gracias a la nueva tecnología dicen que es posible analizar lo que pasa en el cerebro y en el corazón.”</p>
<p>¡Qué bien!, me dije, ¡por fin vamos a prestar atención a lo que pasa en el corazón! Me refería, claro, a una atención seria, es decir, a tener en cuenta los “males del corazón” como una forma de ser personas más saludables y, en última instancia, de tener una sociedad también más saludable.</p>
<p>Esa misma tarde fui a mi medico de cabecera y, tras saludarlo con más afabilidad que de costumbre, le solté: “¡Doctor, me duele el corazón!”. Y sin hacerme ninguna pregunta me envió al cardiólogo&#8230;</p>
<p style="text-align: right;">Josep López</p>
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		<title>Un faro que no descansa</title>
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		<pubDate>Mon, 08 Feb 2010 10:42:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ALEJANDRO PALOMAS</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[dolor]]></category>
		<category><![CDATA[fibromialgia]]></category>
		<category><![CDATA[intuición]]></category>
		<category><![CDATA[Síndrome de Fatiga Crónica]]></category>

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		<description><![CDATA[Mi intervención nace de una entrevista que leí hace unos días en la sección de &#8220;La contra” del periódico La Vanguardia (la entrevista está disponible para suscriptores del diario en este link y, apartir del 27/02/10, su lectura será libre para todos los internautas). El entrevistado era John Eaton, creador del método Reverse Therapy para [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Mi intervención nace de una entrevista que leí hace unos días en la sección de &#8220;La contra” del periódico <em>La Vanguardia</em> (la entrevista está disponible para suscriptores del diario en <a title="ir a la web de La Vanguardia" href="http://hemeroteca.lavanguardia.es/dynamic/preview/80510637/pdf.html" target="_&quot;blank&quot;">este link</a> y, apartir del 27/02/10, su lectura será libre para todos los internautas). El entrevistado era John Eaton, creador del método <a title="más información" href="http://www.reverse-therapy.es/como_se_desarrollo_reverse_therapy-rt-2-10.htm" target="_blank"><em>Reverse Therapy</em></a> para el tratamiento de enfermedades autoinmunes, entre ellas el Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) y la Fibromialgia, y el hecho de que no pueda dejar de escribir sobre lo que leí se anuncia ya en el titular de la entrevista, que reza así: “Tras todo síntoma subyace una emoción ignorada” y se debe también a la particularidad de que el texto se centre en una enfermedad que conozco de primera mano (el Síndrome de Fatiga Crónica).<br />
<span id="more-198"></span></p>
<p>Sí, soy una de las miles de personas que engrosan –o han engrosado– el 0,5% de la población general que lo padece (para más información sobre el SFC y la fibromialgia recomiendo consultar <a title="ir al site" href="http://www.institutferran.org/fatiga_cronica.htm" target="_blank">este site</a>).</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://www.inteligenciaemocionalysocial.com/wp-content/uploads/2010/02/201002081.jpg" alt="" width="648" height="486" /><span style="color: #999999; font-size: xx-small;"><em>(Imagen: Bruno Ferreira, del blog <a title="ir al blog" href="http://brunoferias.blogspot.com/2008/11/la-solitaria-luz-que-espera.html" target="_blank">Brunoferías</a>).</em></span></p>
<p>Hay dos cosas que me llaman la atención de la entrevista y que creo que deberíamos recuperar aquí, en este espacio de voces dedicado a los que navegamos atentos a las señales, a los mensajes y a las herramientas que nos regala el acercamiento a la emoción. Como yo, son muchos los que experimentan una cronificación del dolor físico en la edad adulta (enfermedades que aparecen sin explicación aparente y que se instalan en nuestra vida, reclamando atención a través del dolor) y la medicina (esto es, la medicina convencional) no siempre se atreve a dar respuestas a lo que no puede comprobar científicamente. Las enfermedades autoinmunes son eso: enfermedades en las que el sistema inmunitario decide “hacerse daño”, muchas veces sin razón científicamente demostrable. Si no hay razón, no hay cura, y si no hay cura, hay “cronificación”. En otras palabras, se nos condena a sufrir dolor porque no hay un motivo aparente que lo cree. O, lo que es lo mismo, se nos condena a vivir en el dolor físico porque la medicina sigue –en muchos casos– sin dar crédito al poder que tiene la emoción en la alteración de la realidad física del organismo.</p>
<p>John Eaton no solamente habla del valor de la inteligencia emocional en la curación, sino que menciona algo que sin duda provoca aun mayor desconfianza en los estamentos médicos y que, curiosamente, en mi caso en particular, trajo consigo la práctica sanación de mi enfermedad: la intuición y la revisión emocional.</p>
<p>En 1999 la enfermedad cayó sobre mí como un obús y tuve que parar de golpe porque mi cuerpo se negó a seguir adelante. En ese momento creí morir. De pronto me vi obligado a enfrentarme a una serie de retos que desde niño había aprendido a sortear porque me había criado en su negación: la dependencia, el valor de pedir ayuda, la capacidad de recibir la generosidad ajena y decenas de otras que aprendí a ver y a valorar durante la primera fase de convivencia obligada con el síndrome. Durante años, me enfrenté a la enfermedad como quien se enfrenta a una injusticia y perdí porque luchaba sin ver, sin escuchar, sin leer. Porque <strong>luchaba con la cabeza,</strong> intentando entender con el intelecto, jugando a ser mi propio médico y buscando al culpable de todos mis síntomas, de mi “mala suerte”. Buscaba a un culpable, sí, confundiendo culpabilidad con responsabilidad (La culpabilidad pide castigo –es decir, provoca la involución-, la responsabilidad pide toma de conciencia –es decir, provoca la evolución-), limitado por el dolor.</p>
<p>Todo cambió un día de junio durante uno de mis ingresos en una clínica de Barcelona. Y todo gracias a una asistente de enfermería que supo escuchar lo que yo apenas sabía decir. Antes de marcharse de la habitación con la bandeja de la cena, puso su mano en la mía y me preguntó. “¿Necesitas algo?” Yo estaba ya tan cansado y tan abatido que intenté bromear con ella y respondí: “Un poco de luz”. Ella sonrió y me apretó la mano. Luego dijo: “Te duele el cuerpo porque quieres ver la luz con los ojos, pero la luz que tú buscas solo se ve cuando los cierras”. No supe qué decir. Ella fue hacia la puerta y, antes de salir, añadió: “El dolor es la voz del cuerpo. Escúchala en vez de maldecirla porque seguro que intenta decirte algo. Cuanto más te empeñes en no oírla, más gritará. Cuando te atrevas a oír lo que tiene que decirte, llegará el silencio. Y, con el silencio, también esa luz que pides.”</p>
<p>Hubo algo en las palabras de esa mujer que me llegó al <strong>fondo de la intuición.</strong> Decidí no olvidarlas y desde ese momento empecé a vivir todos los brotes de Síndrome de Fatiga Crónica como si fueran pequeños plazos en los que dedicarme en exclusiva a oírme, a observarme, pero no con el intelecto, sino con la emoción. Costó. Mucho. Y dolió más aun. Costó entender que vivía desde el miedo. Costó enfrentarme a la pobre imagen que atesoraba de mí. Costó aceptar años y años de maltrato autoinfligido. Costó admitir el error. La imperfección.</p>
<p>A medida que fue haciéndose el silencio, llegó la luz y la enfermedad fue perdiendo voz. Los brotes se distanciaron y menguó su intensidad. Mi cuerpo dejó de gritar. La emoción tendió un puente desde el físico hacia el intelecto y la intuición empezó a hacerse valer, guiándome hacia allí donde hay responsabilidad y no culpabilidad, toma de conciencia y no castigo. Hacia donde hay una luz que no se ve con los ojos.</p>
<p>Esa es la luz que no descansa, el breve parpadeo de un faro que a mí me iluminó desde los ojos de una desconocida en la habitación de una clínica una noche de junio y que llegó para sanar. Esa luz existe y está en cada uno de nosotros. Esperando. Atenta. Paciente.</p>
<p style="text-align: right;">Alejandro Palomas</p>
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