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	<title>Inteligencia Emocional y Social &#187; consumismo</title>
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	<description>Descubre cómo gestionar el capital básico de las emociones</description>
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		<title>¿Quién me ha robado el mes de Abril?</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Feb 2010 10:11:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>LUCA FRANCESCHI</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[consumismo]]></category>
		<category><![CDATA[emociones primarias]]></category>
		<category><![CDATA[tecnología]]></category>

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		<description><![CDATA[¿Qué diferencia hay entre una persona que hoy se va de viaje a la India y un viajante del siglo XVIII? En primer lugar la rapidez y facilidad de ir a India: hoy día 14 horas de avión y en el siglo XVIII, de dos a tres meses. En segundo lugar la simplicidad de la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>¿Qué diferencia hay entre una persona que hoy se va de viaje a la India y un viajante del siglo XVIII?</p>
<p>En primer lugar la rapidez y facilidad de ir a India: hoy día 14 horas de avión y en el siglo XVIII, de dos a tres meses.</p>
<p>En segundo lugar la simplicidad de la preparación y la eficiencia de la ejecución: “lo pienso hoy y lo hago hoy o mañana&#8221; si quiero para el primero, mientras que para el segundo viajero, el viaje a India representaba un gran trabajo de planificación, entre &#8220;lo pienso&#8221; y &#8220;lo hago&#8221; y entre &#8220;lo hago&#8221; y &#8220;consigo llegar “.<br />
<span id="more-237"></span></p>
<p>En tercer lugar el viajero de hoy en día sabe lo que va a ver, porque a través de los medios de comunicación habrá visto ya decenas de documentales sobre India, podrá haber leído libros sobre su cultura, haber escuchado música y sonidos e incluso conocer ya los sabores de su cocina, mientras que el viajante del siglo XVIII no ha visto nada, a parte de algún dibujo o pintura y quizás haber leído algún texto como los de Marco Polo y alguno más, quizá conocer el sabor de alguna de las especias.</p>
<p style="text-align: center;"><p><a href="http://www.inteligenciaemocionalysocial.com/237/uncategorized/%c2%bfquien-me-ha-robado-el-mes-de-abril"><em>Pinche aquí para ver el vídeo</em></a></p> <span style="color: #999999; font-size: xx-small;"><em>Según el psicólogo Barry Schwartz, entrevistado en el programa Redes 52 (&#8220;<a href="http://www.redesparalaciencia.com/2118/redes/2010/redes-52-por-que-mas-es-menos" target="_blank">Por qué más es menos</a>&#8220;), la abundancia de la sociedad moderna no produce más satisfacción sino lo contrario.</em></span></p>
<p>A primera vista se podría decir que el viajante de hoy tiene todas las ventajas y es cierto, bajo muchos puntos de vista.</p>
<p>Imaginémonos sin embargo la enorme diferencia que habría al llegar y descubrir India entre el viajante de hoy que ya sabe y el viajante del siglo XVIII, que durante toda su estancia se quedará constantemente maravillado, con la boca abierta.</p>
<p>Entre el viajante de hoy, que no ha hecho ningún esfuerzo para ir a India, para planificar su viaje, que no ha tomado ningún riesgo por ello y el otro viajante, que solo el hecho de llegar era de por sí un éxito y un desafío cumplido, como el de regresar, con toda la plenitud que ello conlleva.</p>
<p>Hoy me compro unos zapatos, los elijo entre miles, estoy contento. Al cabo de los seis meses salen nuevos modelos con todas las publicidades que los acompañan, mis zapatos están todavía muy bien pero no logro resistir a la presión y me compro otros nuevos. ¿Qué pierdo? Un dinero gastado por algo que no necesitaba, unos buenos zapatos que ya no utilizaré, pero sobre todo el placer y el cariño de cuidarlos, de ponerle la grasa, cepillarlos, verlos envejecer con las grietas que se producen en el cuero, con las huellas que deja el tiempo, con los recuerdos y con toda la relación de afecto que se puede obtener de los objetos que nos acompañan.</p>
<p>Podría ser que todas estas facilidades proporcionadas por las diferentes tecnologías, estas inmensas posibilidades de elegir entre muchísimas ofertas mediadas por terceros, nos pongan algún problema a la hora de poder vivir emociones primarias, auténticas, o dicho de otra manera, que demasiada oferta mata la oferta. Entonces ¿cómo quedarnos con lo que nos importa sin correr el riesgo de romper un equilibrio antiguo “esfuerzo/ reto cumplido/ plenitud“ y sin que todo ello nos convierta en seres apáticos?</p>
<p>Estas consideraciones son probablemente uno de los desafíos al cual tenemos que hacer frente como personas modernas y que viven en un contexto <em>líquido,</em> como diría <a title="ampliar en Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Zygmunt_Bauman" target="_blank">Zygmunt Bauman</a>.</p>
<p>En definitiva, lo que preocupa, no es el hecho que las tecnologías tengan una evolución tan importante y rápida en nuestra época, cosa de por sí positiva y sobre todo inevitable, sino nuestra capacidad y preparación para gobernar y auto gobernarnos frente a los cambios que las mismas nos producen y en particular en la esfera emocional.</p>
<p>Si ayer nos preguntábamos ¿qué podemos hacer con las tecnologías? hoy es probable que la pregunta sea: ¿qué puede hacer la tecnología con nosotros?, ¿quién gobierna quién?</p>
<p>El gran poeta español Joaquín Sabina hizo una canción que tituló “Quién me ha robado el mes de abril”, mes donde se siente la explosión de la primavera, creo que también a través de su poesía  nos estimula a pensar en “Quién me ha robado mis emociones primarias”.</p>
<p>El trabajo de divulgación  que recientemente se está desarrollando sobre la inteligencia emocional nos será de gran ayuda para comprender esta especie de <em>Spleen</em> como decía Baudelaire, del hoy en día.</p>
<p style="text-align: right;">Luca Franceschi</p>
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		<title>La crisis de la desproporción</title>
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		<pubDate>Mon, 25 Jan 2010 11:35:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>LUCA FRANCESCHI</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[consumismo]]></category>
		<category><![CDATA[crisis]]></category>
		<category><![CDATA[desarrollo]]></category>

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		<description><![CDATA[Luca Franceschi dirige Dianova, una ONG internacional con amplísima tradición en el apoyo, reinserción y reeducación de los colectivos más desfavorecidos. Su reflexión acerca de qué falla en nuestra forma de vivir actual parte por tanto de una experiencia muy directa con el desamparo y la vulnerabilidad humana. En estas líneas, reclama la necesidad urgente [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Luca Franceschi dirige <a target="_blank" href="http://www.dianova.org/">Dianova</a>, una ONG internacional con amplísima tradición en el apoyo, reinserción y reeducación de los colectivos más desfavorecidos. Su reflexión acerca de qué falla en nuestra forma de vivir actual  parte por tanto de una experiencia muy directa con el desamparo y la vulnerabilidad humana. En estas líneas, reclama la necesidad urgente de poder calibrar la calidad de vida y la felicidad de los seres humanos en base a criterios más certeros y valientes que los actuales.</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>Elsa Punset<span id="more-151"></span></em></p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p>Durante estos dos últimos años, el mundo occidental se está enfrentando a la mayor crisis económica y financiera desde el final de la segunda guerra mundial. De supuesto origen financiero, la crisis está afectando a casi todos los sectores por igual y está teniendo como consecuencia directa la aparición de millones de parados, cambios profundos en los movimientos migratorios y otras consecuencias de difícil evaluación al día de hoy. Esta crisis ha puesto en evidencia diferentes fallos que todos advertimos y que tienen probablemente un denominador común: la desproporción. Desproporción entre las necesidades reales y la superproducción de bienes; desproporción entre desarrollo y sostenibilidad; desproporción entre calidad y sentido de vida y las posibilidades verdaderas de realizarlas.</p>
<p><img class="aligncenter" src="http://www.inteligenciaemocionalysocial.com/wp-content/uploads/2010/01/20100125.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: center;"><span style="color: #999999; font-size: xx-small;"><em>El <a target="_blank" href="http://es.wikipedia.org/wiki/But%C3%A1n">Reino de Bután</a>, en un intento de modernizarse sin perder sus tradiciones y buscando un crecimiento sostenible para el medio ambiente, comenzó a medir su &#8220;felicidad interna bruta&#8221;. (Imagen: <a title="ampliar" href="http://en.wikipedia.org/wiki/File:HaaValley.jpg" target="_blank">Wikipedia</a>.)</em></span></p>
<p>¿Podría ser, en último término, que esa desproporción sea el resultado del egoísmo, el relativismo, el individualismo y hedonismo que se ha instaurado en nuestra sociedad y por lo tanto es el resultado de los fallos de todos nosotros? Síntomas de fallos que reflejan una enfermedad latente: la de no tener la visión de un proyecto global para la humanidad y el planeta en el que vivimos, una visión que nos ayude como individuos a sentirnos parte de algo más que no sea nuestra propia frontera, nuestro cuerpo físico y psíquico. Si fuese cierto aquello que dijo Nietzsche: Dios ha muerto, todo está permitido y las ideologías han desaparecido, ¿con qué vamos a construir el futuro? ¿Cómo enfrentar los retos de lo que Alain Touraine llama demodernización, entendida como fin del concepto de progreso como hasta hoy lo hemos concebido? </p>
<p>Por primera vez desde la segunda guerra mundial, las generaciones jóvenes se enfrentan a la realidad de una vida peor que la de sus padres. No consiguen adquirir vivienda ni autonomía económica y laboral, no obstante su alto nivel de formación y estudios. Y también asoma la necesidad que ciertos economistas auspician de entrar con convicción en una época de decrecimiento feliz y sobre todo, elegido. </p>
<p>Se necesita identificar otros indicadores que no se resuman en un PIB, indicadores que sepan medir <strong>calidad de desarrollo</strong> por encima de la cantidad. Todos nosotros, como personas y ciudadanos, sentimos en nuestro interior que algo está fallando. La velocidad en la que vivimos, donde todo es rápidamente descartable, incluidas las personas, los afectos, las relaciones es una señal de ello. Somos consumidores y cuanto más consumimos, más vacíos e insatisfechos nos sentimos. Con frecuencia nos refugiamos en soluciones químicas, ansiolíticos y otros productos, que hoy más que satisfacer necesidades, son concebidos sólo para mantenernos en constante situación de deseo. Podría ser que después de tantos años de estimulación y presión para consumir, el deseo vive una especie de atrofia que está conduciendo, empujando cada vez más, a muchas personas a utilizar estimulantes y otras sustancias.</p>
<p>Para los que no tienen medios para participar en el festín del hiperconsumo aparece a menudo un vacío y un sentimiento de inutilidad que lleva a una clausura emocional y social, que como una centrifugadora nos expulsa de su corazón para enviarnos siempre más lejos, a los confines.</p>
<p>La humanidad necesita de un proyecto innovador, un <strong>nuevo paradigma</strong> que nos ayude a salir de la burbuja del crecimiento infinito en un planeta con recursos finitos. Una nueva visión que nos ayude a levantar la cabeza y que abarque en el largo plazo la sostenibilidad en el más amplio concepto. Una nueva educación y el redescubrimiento de la importancia de los valores que permita transmitir sentido a las futuras generaciones, sobre todo sentido de pertenencia a la humanidad, como una gran familia con intereses comunes, donde la colaboración sea mucho más importante que la competitividad.</p>
<p style="text-align: right;">Luca Franceschi</p>
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