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	<title>Inteligencia Emocional y Social &#187; amor</title>
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	<description>Descubre cómo gestionar el capital básico de las emociones</description>
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		<title>Padres que quieren a sus hijos</title>
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		<pubDate>Tue, 08 Nov 2011 11:45:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>JOAN GARRIGA</dc:creator>
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		<category><![CDATA[amor]]></category>
		<category><![CDATA[educación]]></category>
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		<description><![CDATA[“Hijo, tú eres mucho más importante para mí que tu papá”. “Hija, tú eres mucho más valiosa en mi corazón que tu mamá”. “Hijo/a no quieras a tu padre, desprécialo como yo y sobre todo no seas como él”. “Hijo/a, no logro entender cómo pude querer a tu madre, pero sin duda tú me importas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>“Hijo, tú eres mucho más importante para mí que tu papá”. “Hija, tú eres mucho más valiosa en mi corazón que tu mamá”. “Hijo/a no quieras a tu padre, desprécialo como yo y sobre todo no seas como él”. “Hijo/a, no logro entender cómo pude querer a tu madre, pero sin duda tú me importas mucho, tú eres mejor que ella”.</p>
<p><span id="more-1072"></span></p>
<p>Aunque no se digan abiertamente en las familias, estas y otras frases parecidas a veces son verdades interiores para los padres y nutren la atmósfera familiar de dinámicas fatales en la tríada relacional más importante que vivimos a lo largo de la vida: la tríada padre, madre e hijo.</p>
<p>Conviene tener presente, en primer lugar, que los hijos no atienden tanto a lo que los padres dicen sino a lo que los padres sienten y hacen: los hijos se hacen sensibles a su verdad. Entre otras cosas, porque la verdad de nuestros sentimientos puede ser negada o camuflada pero no puede ser eliminada, y por tanto actúa y se manifiesta en nuestro cuerpo. Nos constituye.</p>
<p>Importa, por tanto, que trabajemos con nuestra <strong>verdad</strong> y la transformemos si es menester y genera sufrimiento en nosotros o en nuestros hijos. Es obvio que ayuda el abstenerse de expresiones hirientes para con el otro progenitor delante de nuestros hijos, por muy enojados o cargados de razones que estemos. No obstante es un logro todavía mayor el trabajar en uno mismo para restaurar el amor y el respeto, y darle el mejor lugar al otro progenitor frente a nuestros hijos, incluso cuando se trata de una pareja infeliz o de una separación dolorosa y turbulenta. Recordemos que los hijos no se separan de los padres. Para ellos, los padres siguen juntos como padres. Los padres se separan como pareja (vivan juntos o no), pero no es posible separarse como padres.</p>
<p>En segundo lugar, conviene tener conciencia de que las vivencias y posiciones que tomamos en esta tríada fundacional con nuestros padres determinarán grandes consecuencias, favorables o desfavorables, en nuestra vida y en que vislumbremos unos horizontes afectivos felices o desdichados. Es clave para el futuro de los hijos que estén bien insertados en el amor de sus padres y que éstos logren amarse, al menos como padres de sus hijos, ya que en la mayoría de casos algún día del pasado se eligieron y se quisieron como pareja. Y los hijos llegaron después como fruto y consecuencia de esa elección.</p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-1078" title="familia" src="http://www.inteligenciaemocionalysocial.com/wp-content/uploads/2011/11/familia.jpg" alt="" width="648" height="333" /></p>
<p style="text-align: center;"><span style="color: #999999; font-size: xx-small;"><em>Una joven pareja con su bebé recién nacido (imagen: <a title="Grupo Punset" href="http://www.grupopunset.com/" target="_blank">Grupo Punset Producciones</a>).</em></span></p>
<p>Quizás no esté diciendo nada que no se sepa y, sin embargo, estas ideas que son de sentido común sorprenden por lo poco comunes que resultan en la realidad. De hecho, escribo sobre el amor entre padres e hijos después de regresar muy conmovido de mi último taller de constelaciones familiares. Siempre es impactante para mí observar los devastadores efectos emocionales que causa la inobservancia de una regla fundamental: los padres están primero frente a los hijos, y son más importantes que ellos. Además, tiene una gran importancia amar en el hijo al otro progenitor.</p>
<p>Me sorprendo una y otra vez al ver como los padres se dirigen y se orientan a los hijos por encima del otro padre. Y esta actitud, que puede parecer razonable en ocasiones –la desdicha suele llegar vestida con ropajes argumentales impecables pero exentos de amor-, no ayuda al hijo. Ellos no necesitan ser los más importantes; al contrario, necesitan sentir que la pareja del padre o la madre es más importante, y que los padres están juntos como pareja dándose una recíproca primacía frente a los hijos. Cuando un hijo es más importante que nadie para uno de los padres, no se le hace un regalo, sino que se le da una carga y sacrificio; no es abono, sino sequedad disfrazada de encantamiento. Los hijos no necesitan sentirse especiales ni tienen que ser el todo para los padres. Eso es demasiado.</p>
<p>Es frecuente que aquello que a un padre le <strong>falta</strong> de su pareja, o de sus propios padres, o aquello que le faltó en su familia de origen, o aquel sueño que no pudo cumplir, lo lleve a su hijo. Y que éste, por amor, acepte el reto. Al precio, claro está, de su libertad y de la plena fuerza para seguir su propio camino a su propia manera. Los hijos necesitan sentirse libres para cumplir su cometido en la vida. Y les va mejor cuando tienen el apoyo de sus padres y sus anteriores, y cuando se encuentran en orden con ellos. En cambio, sufren cuando uno de los padres desprecia al otro o ambos se desprecian mutuamente. Si los padres se desprecian, el hijo encuentra dificultades para no despreciarse a sí mismo y no parecerse a la peor versión diseñada por el padre o la madre sobre el otro progenitor.</p>
<p>Pensemos en hijos que casi tuvieron la función de pareja invisible de uno de los padres, o que significaron el todo para la madre o el padre, o que sintieron la prohibición de amar a un padre que cometió algún tipo de violencia o traición con la madre o viceversa… Tristemente, en constelaciones familiares es habitual identificar dinámicas y resultados fatales como enfermedades, delincuencia, violencia, pasotismo, dificultades en la pareja y mucho sufrimiento emocional. Pues, en lo profundo, un hijo no puede prescindir de amar a ambos padres y no deja de hacer acrobacias emocionales para ser leal a ambos, incluso imitando su mal comportamiento, o su alcoholismo, o sus fracasos y desatinos, etc.</p>
<p>“Hijo, en ti sigo queriendo a tu padre/madre, en ti sigo viéndolo y respetándolo a él”. “Hija tú eres el fruto de mi amor y mi historia con tu padre/madre y lo vivo como regalo y bendición”. “Hijo, respeto lo que vives y como es con tu otro padre/madre”. “Hija, yo solo soy el padre/madre, más es demasiado”. Estas son frases que apuntan al <strong>bienestar</strong> y el regocijo en los hijos. ¿Qué ayuda, pues? Que los hijos reciban uno de los mayores regalos posibles en su corazón: ser queridos tal como son y muy especialmente que en ellos se quiera a su otro progenitor, porque así se sienten completamente amados, ya que en fondo el hijo no deja de sentir que de alguna forma también es sus padres. Ambos.</p>
<p style="text-align: right;">Joan Garriga</p>
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		<title>El alma del mundo</title>
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		<pubDate>Tue, 17 May 2011 08:37:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ALEJANDRO PALOMAS</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[amor]]></category>
		<category><![CDATA[cuidados]]></category>
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		<description><![CDATA[En este mundo en el que todo va deprisa y en el que cuesta encontrar tiempo para cultivar amistades y relaciones, en el que parece imperar la ley del más fuerte y no siempre ganan los buenos, en el que en más ocasiones de las que nos gustaría la justicia y la injusticia van de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En este mundo en el que todo va deprisa y en el que cuesta encontrar tiempo para cultivar amistades y relaciones, en el que parece imperar la ley del más fuerte y no siempre ganan los buenos, en el que en más ocasiones de las que nos gustaría la justicia y la injusticia van de la mano, en el que rige la ley del &#8220;tanto tienes, tanto vales&#8221;, no debe extrañarnos que se haya arrinconado a ciertos sectores de la sociedad, en la creencia equivocada de que &#8220;no sirven para nada&#8221;.</p>
<p><span id="more-967"></span></p>
<p>Los grandes olvidados de nuestra sociedad actual son las personas mayores. No deja de ser curiosa esta tendencia de pretender que sean invisibles, como si no formaran parte de nuestra realidad, precisamente ellas, que han sido las que han forjado, gracias a sus vidas, parte de lo que nosotros disfrutamos ahora.</p>
<p>Las personas mayores merecen otro lugar en la sociedad: merecen un lugar de <strong>honor</strong>. No sé si ese ha sido precisamente el motivo fundamental de que sean dos personas mayores los protagonistas de <a title="ficha bibliográfica" href="http://www.planetadelibros.com/-libro-49093.html" target="_blank"><em>El alma del mundo</em></a>, mi última novela. Tal vez juegue también un papel fundamental el recuerdo vivido con mis propios mayores —la figura de mi abuela, especialmente—, tan crucial para mí. Cuando, al empezar a escribirla, me enfrenté al papel en blanco, pensé: “¿Por qué no dar voz a personas que tienen tanto que contar, que han sentido tanto y a las que todavía les queda tanto por vivir? ¿Por qué la sociedad actual se empeña en ocultar a los ancianos? ¿Acaso no mueven sus vidas los mismos hilos y las mismas pulsiones que mueven a los más jóvenes? ¿No experimentan ellos las mismas sensaciones, los mismos amores, las mismas pasiones, los mismos enfados, las mismas bajezas? ¿Acaso no hay gente vieja de veinte años y gente joven de noventa?</p>
<p>Decidí pues que fueran Otto y Clea (dos entrañables “jóvenes” de ochenta y cinco  y noventa y dos años) los que llevaran las riendas de mi historia y que fueran ellos los que  personificaran el poder del amor, de la nostalgia, de las historias no vividas —o no encontradas—, del olvido y también de la injusticia. Frente al pragmatismo de Otto, la viveza de Clea, su sentido del humor —¿alguien cree que el sentido del humor se pierde con la edad?—, su manera de organizar el mundo. Y frente a ellos dos, la juventud de Ilona —la tercera protagonista, que, por sus duras experiencias, parece que ha vivido tanto o más que ellos—, una chica húngara que les cuida en la residencia de ancianos en la que se conocen y a la que acuden por propia voluntad, acarreando consigo algo más que el peso de dos vidas gastadas por el tiempo.</p>
<p>Otto, Clea e Ilona inician una relación en la que no sólo les une la compañía y la complicidad, sino también el <strong>amor</strong> a la música. El suyo es un amor atemporal que se ejemplifica en el violonchelo que Otto e Ilona, que ha sido lutier, construyen juntos. La trama de la novela permite que los tres personajes recuerden, desde su presente, cómo han sido sus vidas. No puedo desvelar el final, porque a veces no todo es lo que parece y en esta novela hay medias verdades, mentiras, mentiras a medias, y todo se va fraguando como un rompecabezas en el que las piezas acaban por encajar.</p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-969" title="El alma del mundo" src="http://www.inteligenciaemocionalysocial.com/wp-content/uploads/2011/05/alma_mundo.jpg" alt="" width="648" height="674" /></p>
<p style="text-align: center;"><span style="color: #999999; font-size: xx-small;"><em>Portada de </em><a title="ficha bibliográfica" href="http://www.planetadelibros.com/-libro-49093.html" target="_blank">El alma del mundo</a><em>, novela de Alejandro Palomas que ha quedado finalista del <a title="más información del premio" href="http://www.epdlp.com/premios.php?premio=Primavera" target="_blank">Premio Primavera de Novela 2011</a>.</em></span></p>
<p>Durante estas últimas semanas, la pregunta que más me han hecho los periodistas es por qué los protagonistas son ancianos. “¿Y por qué no?”, me pregunto yo. ¿Acaso no son personajes tan válidos como los niños, los jóvenes o los adultos? ¿Qué mejor manera de retratar la complejidad y la profundidad de la naturaleza humana que a través de las voces de la gente mayor? ¿Por qué la sociedad premia la juventud hasta límites insospechados y no es capaz de asimilar que la madurez es una etapa realmente estupenda de la vida? A veces nos olvidamos de que nosotros, hoy en día jóvenes, también llegaremos a esa edad.</p>
<p>He de confesar que casi he escrito <em>El alma del mundo</em> como una <strong>invocación</strong>. Pensé, desde mis cuarenta y pocos años, en qué sería lo mejor que me podía pasar cuando fuera mayor. Y creo que debe de ser precioso enamorarse a los noventa, cuando ya no tienes nada que perder y decides disfrutar a tope el tiempo que te queda de vida. Y así surgió esta historia de amor de dos ancianos que deciden reinventarse y probar, apostar por una aventura que no han podido vivir hasta ese momento. Porque el amor y la edad no tienen nada que ver: unos lo encuentran a los quince años y otros a los noventa. La aventura del amor es, en efecto, idéntica. Es universal. Y no debe ser castigada, negada ni vista con los ojos del prejuicio. No podemos permitirlo. No debemos.</p>
<p>Espero y deseo haber puesto mi pequeño grano de arena con <em>El alma del mundo</em> para que esos seres tantas veces olvidados no lo sean tanto y, sobre todo, espero que vosotros —los que me leéis aquí, ahora, en este post— os emocionéis una mínima parte de lo que me he emocionado yo escribiéndola. Desde aquí me gustaría que compartierais conmigo, en este foro, vuestras impresiones y sensaciones cuando hayáis terminado de leer la novela. Me encantará escucharos y sentiros cerca, quizá recordando juntos las sabias palabras de Otto: “No hay mejor música que la de un corazón afinado. Solo entonces suena el alma del mundo”.</p>
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		<title>Te quiero… pero no estoy enamorado de ti</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Nov 2010 14:33:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ELSA PUNSET</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<description><![CDATA[Asegura el psiquiatra y escritor Andrew Marshall que si hace pocos años el matrimonio era la piedra de toque de una sociedad dispuesta a que sus individuos mantuviesen el tejido social a cualquier precio, ahora rige el convencimiento de que los adultos tienen derecho a tener vidas afectivas plenas a lo largo de toda su [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Asegura el psiquiatra y escritor Andrew Marshall que si hace pocos años el matrimonio era la piedra de toque de una sociedad dispuesta a que sus individuos mantuviesen el tejido social a cualquier precio, ahora rige el convencimiento de que los adultos tienen derecho a tener vidas afectivas plenas a lo largo de toda su vida.</p>
<p><span id="more-828"></span></p>
<p>El problema que ve Marshall es que el indicador que utilizamos para medir la vigencia de nuestras parejas ya no es el afecto o el amor, sino el enamoramiento. Y que el grito de guerra que más escucha en su consulta es “Te quiero… pero no estoy enamorado de ti.” ¿Y qué diantres puede contestar el otro ante semejante reproche?</p>
<p>A mí, de entrada, la simple idea de estar enamorada como el primer día me agota, literalmente. Me dan la razón los estudios más rigurosos, que afirman que el enamoramiento se parece como una gota de agua, químicamente y por sintomatología, a un <strong>desorden </strong>obsesivo-compulsivo. Sospecho que la única razón por la cual no han catalogado el enamoramiento como enfermedad común es que no pueden encerrarnos a todos.</p>
<p>El enamoramiento es un proceso puñetero pero que puede resultar útil de cara a la transformación y al aprendizaje personal. Es el momento, tal vez uno de los pocos, en el que logras hacerte vulnerable y por tanto abierto al cambio. El precio a pagar puede ser alto, porque a la naturaleza le importa un bledo que sufras o no: solo quiere asegurarse de que, desafiando el sentido común, dos personas formen un nido en el que criar a un par de ejemplares de la especie humana. Y casi todos picamos, sin tener en cuenta que el amor tiene etapas, y que, aunque cueste creerlo, todas podrían ser interesantes.</p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-831" title="20101123_nido" src="http://www.inteligenciaemocionalysocial.com/wp-content/uploads/2010/11/20101123_nido.jpg" alt="" width="648" height="429" /></p>
<p style="text-align: center;"><span style="color: #999999; font-size: xx-small;"><em>La naturaleza solo quiere es asegurarse de que, desafiando el sentido común, dos personas formen un nido (imagen: usuario de <a title="Flickr" href="http://www.flickr.com/photos/11832768@N04/4335913025/" target="_blank">Flickr</a>).</em></span></p>
<p>La piel de plátano en la que resbalamos para iniciar el proceso del enamoramiento se llama <a title="más información en Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Limerencia" target="_blank">limerencia</a>. Aquí nos sentimos de repente libres como el aire (qué paradoja, porque es justo entonces cuando nos ponemos la soga al cuello). En esos meses iniciales te acicalas, te obsesionas, fantaseas y sientes un deseo compulsivo de fundirte con el otro. Sospecho que es un proceso universal que resulta muy popular porque parece la respuesta a la plegaria con la que nacimos: “Tengo miedo, no quiero estar solo, quiero que me quieran.”</p>
<p>Bien, pues superado ese trance patológico, viene la sensatez (lo que Marshall denomina el establecimiento del “vínculo amoroso”). La <strong>diferencia </strong>entre la limerencia y el vínculo amoroso es sencilla: la primera, al ser una estrategia interesada de la naturaleza, funciona sola: no hay que hacer nada, solo dejarse llevar por las promesas del amor eterno. En cambio, el vínculo amoroso necesita cuidados y esfuerzos continuados. Y a veces, atosigados por las preocupaciones  y el cansancio diarios, nos descuidamos… hasta que el vínculo amoroso se transforma en simple afecto. Allí empiezan los problemas, porque el afecto es perfecto para los hijos y para los amigos, pero que no vale para la pareja. La pareja necesita que mantengamos vivo el vínculo amoroso. ¿Cómo lo hacemos?</p>
<p>Básicamente, se trata de recuperar dos elementos: la conexión emocional y el contacto físico. ¿Recordáis cuando flotábamos, eufóricos, en la etapa de la limerencia? Podíamos pasar horas mirando, tocando y sintiendo al otro, sin más. Ese es el alimento del amor duradero. ¿Existen trucos para recuperar esa conexión? Si, ahí van algunos: de entrada, volver a escuchar a la pareja de forma que se sienta escuchada, no solo “oída” (esto implica parar el tiempo e interesarse de corazón por el otro). Ser generosos en lo grande y en lo pequeño, como cuando todo lo queríamos compartir con el otro. Reavivar el placer sencillo del contacto físico: caricias, miradas, abrazos… Y también derrochar a conciencia sentido del humor, porque la risa y la sonrisa son una fuente de alegría cómplice, fantástica y gratuita.</p>
<p>Específicamente, para los más decididos, Marshall sugiere un ejercicio que puede dejar atónitas a nuestras parejas pero que al parecer resulta muy eficaz: hay que mirar a la pareja a los ojos, sin decir nada, durante unos minutos, todos los días. Así conseguiremos empezar a <strong>reconectar</strong>, que es la esencia imprescindible del vínculo amoroso. Suerte, paciencia y al toro.</p>
<p style="text-align: right;">Elsa Punset<br />
<em>Reproducido con el permiso de la revista <a title="sitio web de la revista" href="http://www.telva.com/" target="_blank">Telva</a></em></p>
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		<title>Amor mecánico y orgánico</title>
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		<pubDate>Wed, 21 Jul 2010 08:48:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>PALOMA ROSADO</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[amor]]></category>
		<category><![CDATA[relaciones de pareja]]></category>

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		<description><![CDATA[Seguimos soñando&#8230; con Anoche tuve un sueño, la revista que pretende huir de estereotipos, recorrer con una mirada de esperanza la realidad, optar por lo humanitario frente a lo antihumano y poner un toque de humor en el día a día (incluso para aceptar nuestras equivocaciones). El número 2 (juliol-agosto) sigue siendo una demostración de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Seguimos soñando&#8230; con <a title="web de la revista" href="http://www.anochetuveunsueno.com" target="_blank"><em>Anoche tuve un sueño</em></a>, la revista que pretende huir de estereotipos, recorrer con una mirada de esperanza la realidad, optar por lo humanitario frente a lo antihumano y poner un toque de humor en el día a día (incluso para aceptar nuestras equivocaciones). El número 2 (juliol-agosto) sigue siendo una demostración de que hoy el lujo es ser libre. Por eso damos espacio a textos y materiales como estos. Te invitamos a leerlo. Te va a gustar.</p>
<p style="text-align: center;">***</p>
<p><img class="alignleft size-full wp-image-663" title="siri" src="http://www.inteligenciaemocionalysocial.com/wp-content/uploads/2010/07/siri.jpg" alt="" width="250" height="196" /><strong>Siri Hustvedt</strong>, escritora.</p>
<p>Tiene 55 años y 18 libros publicados. <a title="información bibliográfica" href="http://www.oceano.com/oceano/catalogo/buscador.asp?escol=2&amp;Autor=Hustvedt&amp;Titulo=Hustvedt&amp;ISBN=Hustvedt&amp;Sellos=$&amp;TypSearch=3&amp;IdBook=983&amp;DbName=LB" target="_blank"><em>Todo cuanto amé</em></a> conquistó a la crítica en 2003 y luego tardó cinco años en publicar su siguiente novela elegía para un americano. Sufre de migrañas y tiene las obras de Freud como libros de cabecera. Lleva 28 años casada con el también escritor<strong> Paul Auster</strong>, con quien tiene una hija. El próximo octubre lanza en España <em>Una mujer agitadora </em>o <em>La historia de mis nervios</em> (<a title="web de la editorial" href="http://www.anagrama-ed.es/" target="_blank">Anagrama</a>).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Por qué hay relaciones que duran y otras que se rompen?</p>
<blockquote><p>Porque hay dos modelos de amor: el mecánico y el orgánico. El mecánico es aquél en el que todo se repite y es igual. Pero el orgánico es como un árbol: de repente las hojas se caen, pero también crecen de nuevo y de una nueva forma. Tiene que crecer. Es una metáfora de una relación en la que se crece y se cambia y las dos personas se van moviendo y adaptando juntas. Cuando las relaciones terminan es porque se repite todo constantemente y las personas no se adaptan.</p></blockquote>
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		<title>Todos aman por igual</title>
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		<pubDate>Mon, 28 Jun 2010 21:32:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>JOAN GARRIGA</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[amor]]></category>
		<category><![CDATA[felicidad]]></category>
		<category><![CDATA[igualdad]]></category>
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		<category><![CDATA[pasado]]></category>

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		<description><![CDATA[Son muchas las mujeres que se quejan de no ser suficientemente comprendidas por sus parejas hombres y lo gritan de una forma sonora y publicitaria como si fuera un derecho natural. Al mismo tiempo cientos de hombres se van secando calladamente porque encuentran que sus mujeres menosprecian algunos de sus intereses, deseos, costumbres y aficiones, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Son muchas las mujeres que se quejan de no ser suficientemente comprendidas por sus parejas hombres y lo gritan de una forma sonora y publicitaria como si fuera un derecho natural. Al mismo tiempo cientos de hombres se van secando calladamente porque encuentran que sus mujeres menosprecian algunos de sus intereses, deseos, costumbres y aficiones, y en lo hondo, piensan que hay algo que no va, que la mujer no se molesta en comprender que el hombre es como es.<br />
<span id="more-617"></span><br />
Lo que parece claro es que, a pesar de las diferencias, hombres y mujeres aman por igual, son adultos por igual, exponen su corazón por igual, desean el bienestar, la comprensión y la confianza por igual&#8230; Aunque son diferentes desean lo mismo, pero de distinta manera: las mujeres están más dotadas de recursos emocionales y afectivos, los hombres de recursos racionales y de acción. Los brazos del amor y la entrega son múltiples y variados, y su conjunto crea una totalidad necesaria y hace que cada quién aporte su especialidad.</p>
<p>Sería muy atrevido decir, aunque lo digo, que los hombres aman más que las mujeres pero hacen mucha menos publicidad de ello; sería atrevido pero probablemente no completamente exacto. Ambos, hombres y mujeres, aman en igual profundidad pero en distinta manifestación. Pero al menos sirva como reinvidación del profundo amor y vínculo que sienten muchos hombres.</p>
<p>
<div style="width: 100%; float: left;"><img title="miedo" src="http://www.inteligenciaemocionalysocial.com/wp-content/uploads/2010/06/20100628.jpg" alt="" /></div>
</p>
<p style="text-align: center;"><span style="color: #999999; font-size: xx-small;"><em> Aunque tengan modos de relacionarse diferentes, hombres y mujeres aman por igual. (Usuario de <a title="sitio web" href="http://www.flickr.com/photos/mukhina/3840364331/" target="_blank">Flickr)</a>.</em></span></p>
<p>Lo que ayuda no es que los hombres comprendan a las mujeres o que las mujeres comprendan a los hombres. Lo que ayuda es que dejen de intentarlo&#8230; y en lugar de comprender que se rindan ante el misterio, y rendirse significa basicamente respetar lo incomprensible del otro y amarlo tal cual es sin comprenderlo, porque sí. Esto es regalo y bendición.</p>
<p>Además los que reclaman no suelen dar justamente lo que exigen. Son las paradojas de las relaciones humanas. Ojalá quién pida comprensión la pudiera dar sin paliativos.</p>
<p>Por lo demás cualquier relación entre hombre y mujere está llena de historia. En el encuentro del amor &#8220;asciende una savia inmemorial&#8221;, versaba <a title="enlace" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Rainer_Maria_Rilke" target="_blank">Rilke</a>. En el encuentro de la pareja van muchos. En cada hombre de hoy viven cientos de hombres anteriores, padres, abuelos, bisabuelos, y muchos otros. En cada mujer, muchas otras, madres, abuelas, bisabuelas, y muchas más. Sucede que algunas madres, abuelas y otras sufrieron el yugo explotador, desconsiderado y machista de sus maridos y no pudieron ejercer la libertad de vivir su enojo y reorientarse y separarse si lo deseaban. Sucede que algunos hombres anteriores se hicieron culpables de dominación y explotación de sus mujeres. Son ecos del pasado que aún nos impregnan en nuestra realidad actual. Y sucede que hoy en día algunas mujeres están enfadadas en nombre de sus anteriores y algunos hombres están culposos y asustados en nombre de sus anteriores. Algunas mujeres vengan a sus abuelas con su enfado hacia sus parejas actuales. Algunos hombres expían las culpas de sus anteriores debilitándose y empequeñeciéndose hasta estallar con sus parejas actuales. Y la guerra entre sexos y sus luchas de poder se perpetúan. Con el resultado de violencia, fatalidad y desdicha que todos conocemos desgraciadamente.</p>
<p>¿Qué ayuda? Que el pasado pueda quedar como pasado, dignificado con nuestra buena mirada y con el pleno respeto hacia aquello que fue vivido tal como fue y por los que lo vivieron tal como fue para ellos. Y ayuda mirar el presente con alegría y gratitud. Y nada hay más irresistible para un hombre que el genuino respeto y la sincera sonrisa de una mujer y nada más irresistible para una mujer que ser respetada como mujer y amada tal como es, incluyendo su misterio. De hecho el regalo más bello que alguien nos hace consiste en amarnos como somos y el mejor regalo que podemos hacer a alguien consiste en amarlo tal como es.</p>
<p>¿Vamos a por ello? Y logramos un poco más de felicidad.</p>
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		<title>La &#8220;monogamia secuencial&#8221;</title>
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		<pubDate>Mon, 17 May 2010 11:48:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>JOAN GARRIGA</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[amor]]></category>
		<category><![CDATA[dolor]]></category>
		<category><![CDATA[monogamia secuencial]]></category>
		<category><![CDATA[relaciones de pareja]]></category>
		<category><![CDATA[terapeutas]]></category>

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		<description><![CDATA[Al parecer nos toca vivir tiempos caóticos y creativos, originales e inciertos, turbulentos y esperanzados, para vivir nuestro amor en pareja. Algunos estudiosos han acuñado el concepto de &#8220;monogamia secuencial&#8221;, que viene a anunciar lo que todos ya percibimos -unos con cierto alivio, otros con más añoranza-: el funeral de &#8220;la pareja para toda la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Al parecer nos toca vivir tiempos caóticos y creativos, originales e inciertos, turbulentos y esperanzados, para vivir nuestro amor en pareja. Algunos estudiosos han acuñado el concepto de &#8220;monogamia secuencial&#8221;, que viene a anunciar lo que todos ya percibimos -unos con cierto alivio, otros con más añoranza-: el funeral de &#8220;la pareja para toda la vida&#8221;.<br />
<span id="more-512"></span></p>
<p><strong>Monogamia secuencial</strong> significa que, hoy por hoy, las personas tenemos estadísticamente muchas probabilidades de tener entre dos, tres o más parejas consecutivamente a lo largo de una vida con la consiguiente complejidad de formatos familiares y de convivencia y, sobre todo, con un alto precio en estrés emocional, afectivo y vincular. Nunca como ahora habíamos enfrentado de forma masiva tantas exigencias emocionales y tránsitos dolorosos.<br />
&nbsp;</p>
<div style="width: 100%; float: left;"><img title="miedo" src="http://www.inteligenciaemocionalysocial.com/wp-content/uploads/2010/05/20100518.jpg" alt="" /></div>
<p style="text-align: center;"><span style="color: #999999; font-size: xx-small;"><em> Tener consecutivas relaciones sentimentales traen consigo mucho amor, pero tambien mucho dolor. (Imagen de <a title="sitio web" href="http://www.behance.net/Gallery/Mason-Dixon-Seriesthe-70s-and-80s/157423" target="_blank">Jack Radcliffe)</a>.</em></span></p>
<p>Amarse, unirse, vincularse, crear, separarse, desprenderse, volver a empezar, son cualquier cosa menos trámites desde la frivolidad. Golpean las cuerdas que más intensamente vibran en nuestras almas, las del <strong>amor y el desamor</strong>. Ésta es la danza que nos toca danzar y el reto a menudo es titánico y a la vez humilde: lograr permanecer en el amor y en el placer de la vida, aprendiendo a transitar y remover los puentes de dolor. Aprender pues a transmutar dolor en más amor y no en más argumentos para seguirse protegiendo. Como dice  <a title="enlace" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Walt_Whitman" target="_self">Walt Whitman</a> en su &#8220;Hojas de hierba&#8221;:</p>
<p>Soy el poeta el Cuerpo y soy el poeta del Alma,<br />
los goces del cielo están conmigo<br />
y los tormentos del infierno están conmigo.<br />
Los primeros los multiplico e injerto en mi ser,<br />
los últimos los traduzco a un nuevo idioma.</p>
<p>En cierto modo todos los <strong>terapeutas</strong>, los ayudadores, los que acompañamos los tránsitos del amor y el desamor en las personas, somos o deberíamos ser un poco poetas del Cuerpo y poetas del Alma.</p>
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		<title>Los jardines secretos</title>
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		<pubDate>Tue, 11 May 2010 07:00:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>JOSEP LOPEZ</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[amor]]></category>
		<category><![CDATA[espacios privados]]></category>
		<category><![CDATA[parejas]]></category>
		<category><![CDATA[separaciones]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuando una pareja se separa o se divorcia, se suele escuchar a alguno de los protagonistas (o a los dos) decir cosas como: “¡Es que me faltaba el aire!”. O bien: “¡Necesitaba mi propio espacio!”. O incluso cosas más concretas del tipo: “¡No me dejaba ni escuchar la música que quería!”. O: “Se enfadaba si [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando una pareja se separa o se divorcia, se suele escuchar a alguno de los protagonistas (o a los dos) decir cosas como: “¡Es que me faltaba el aire!”. O bien: “¡Necesitaba mi propio espacio!”. O incluso cosas más concretas del tipo: “¡No me dejaba ni escuchar la música que quería!”. O: “Se enfadaba si salía una noche con mis amigas”.<br />
<span id="more-481"></span></p>
<p>En estos casos, como en la inmensa mayoría de <strong>separaciones</strong>, sean por mutuo consentimiento o tras ver volar los platos por encima de las cabezas de los respectivos, la realidad es que uno de los dos abandona el hogar común y trata de construir uno nuevo, buscando ahí el espacio y el aire que al parecer le faltaban. Lo cual, como es fácil de suponer, lleva asociadas toda una serie de consecuencias, por supuesto emocionales (las más difíciles de digerir y gestionar, máxime si hay hijos de por medio), pero también sociales y económicas.</p>
<p>Muchas veces la añoranza o la inexistencia de ese “<strong>espacio propio</strong>” es esgrimida como un argumento de peso, como una razón que al parecer justifica la separación. O bien, sin llegar a la separación, esa falta de espacio aparece indirectamente en forma de agresividad o tristeza, e incluso de enfermedad, según las diferentes estructuras de personalidad, o dicho de forma más sencilla, según la forma de ser de cada uno.</p>
<div style="margin: 10pt 10px 10px 0pt; float: left;">
<p><img title="LosJardinesSecretos" src="http://www.inteligenciaemocionalysocial.com/wp-content/uploads/2010/05/portada-jardines-secretos_med.jpg" alt="" /></p>
<div><em><span style="color: #999999; font-size: xx-small;">En su libro, George Escribano y Josep López exponen los<br />
beneficios de tener espacios propios, al margen<br />
de la pareja, para el desarrollo personal y social.</span></em></div>
</div>
<p>Acaba de llegar a las librerías un libro titulado “Los jardines secretos”, escrito a cuatro manos por el prestigioso psicoterapeuta parisino George Escribano y por un servidor vuestro. Lo que hemos tratado de exponer en este libro es que ese espacio, al que hemos llamado el jardín secreto, es no sólo algo bueno para el desarrollo de la persona, sino incluso imprescindible para que sus relaciones, especialmente las de pareja pero también las familiares, las laborales y las sociales en general, sean adultas, sanas y constructivas.</p>
<p>Hay un espacio de intimidad que es necesario respetar, un jardín secreto (o privado, si prefieres esta palabra) emocional y creativo, que nos hace crecer como personas, que nos permite refugiarnos sin huir, desear sin miedo a los juicios, y hasta reinventarnos, si es preciso. Cada uno/a de nosotros/as tiene que velar por su jardín secreto, una parcela de nuestra vida que es básica para nuestra estabilidad emocional.</p>
<p>La mayor novedad que, modestamente, creo que aportamos es la constatación empírica y la explicación científica de la <strong>necesidad</strong> de ese espacio propio en todas las personas. Y la descripción, a partir de casos reales, de cómo se puede lograr una mejor relación de pareja (independientemente del origen, el nivel social o la orientación sexual), lo que extrapolado puede servir también para las relaciones entre países o culturas.</p>
<p>Las neurociencias, junto con la Psicología en sus diferentes variantes, han aportado datos y experiencias suficientes en los últimos años sobre el ser humano y sobre el funcionamiento de nuestro cerebro como para poder afirmar, con una sólida base de conocimiento (es decir, más allá de lo que nos dicta el frecuentemente engañoso sentido común, teñido de cargas culturales ancestrales), que los seres humanos necesitamos, para serlo de verdad y de forma adulta, construir nuestro propio jardín secreto, físico y/o psíquico. Dicho de otra forma, el jardín secreto es una necesidad humana, y su existencia, cuidado y respeto permite relaciones sanas y equilibradas en las parejas. Es más, la creación de ese lugar es indisociable de la <strong>evolución</strong> del individuo hacia la madurez y un síntoma de buena salud mental.</p>
<p>Alguien podrá decir que éste es un invento más de la sociedad egótica (centrada en el ego) del siglo XXI, una creación intelectual al servicio de unos impulsos poco o nada intelectuales. Dicho de otra manera: la justificación de algunas personas para no tener que comprometerse, o para “hacer su vida” sin tener que dar explicaciones a la pareja. Nada más lejos de la realidad, que se encarga pertinazmente de demostrar, tanto dentro como fuera de la consulta del psicólogo/a, que el respeto absoluto hacia el <strong>espacio íntimo</strong> del otro o la otra no sólo es compatible con el amor, el altruismo y la compasión, sino que es una condición <em>sine qua non</em> para que una pareja funcione verdaderamente como tal. Y es así porque la persona que conoce su propia intimidad y la valora es capaz de construir desde esa intimidad, mientras que la que no la posee, porque la ignora o porque renuncia a ella, poco o nada puede aportar a la intimidad de la pareja o al desarrollo de la sociedad.</p>
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		<title>Tengo miedo</title>
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		<pubDate>Tue, 02 Mar 2010 14:44:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ALEJANDRO PALOMAS</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[amor]]></category>
		<category><![CDATA[miedo]]></category>
		<category><![CDATA[superación]]></category>

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		<description><![CDATA[“Valiente no es aquel que no teme. Valiente es quien teme y se atreve.” Somos muchos, muchísimos, los que tenemos miedo o los que hemos vivido de su mano durante algún tramo de nuestra vida, y no me refiero al miedo más fóbico, sino al más cotidiano, al más “común”. Es evidente –y así lo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>“Valiente no es aquel que no teme. Valiente es quien teme y se atreve.”</p>
<p>Somos muchos, muchísimos, los que tenemos miedo o los que hemos vivido de su mano durante algún tramo de nuestra vida, y no me refiero al miedo más fóbico, sino al más cotidiano, al más “común”. Es evidente –y así lo ejemplifica la historia– que la sociedad occidental –la nuestra– ha sido educada para convivir con él como lo ha hecho con otros “males menores” como el tabaco, con el que hemos aprendido a mantener una relación de dependencia social –además de física–. Es decir, por un lado lo vendemos y nos nutrimos de los impuestos que aporta a nuestros gobiernos y por otro le hacemos la guerra por pernicioso y letal. Y es que el miedo es así: social y físico, global e individual. Como el tabaco, se fomenta y se estigmatiza, y como el tabaco, se aspira activa o pasivamente. Ambos comparten asimismo efectos y síntomas: ennegrecen, paralizan, atacan el sistema inmunitario, desestabilizan&#8230; Pero no es este el momento de hablar del tabaco ni de las adicciones “permitidas”, sino del miedo y de sus cómos, esas preguntas que tanto necesitamos ver respondidas para poder empezar a reaccionar, para actuar.<br />
<span id="more-244"></span></p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://www.inteligenciaemocionalysocial.com/wp-content/uploads/2010/03/miedo.jpg" alt="" /><span style="color: #999999; font-size: xx-small;"><em>&#8220;Cobarde no es quien teme, sino quien ni siquiera se atreve a sentirse temeroso.&#8221; (Imagen: Usuario de <a title="ir al blog" href="http://www.flickr.com/photos/stuant63/2255781557/">Flickr</a>).</em></span></p>
<p>Porque, ¿qué es el miedo?</p>
<p>El miedo es lo contrario del amor (una definición menos occidentalista probablemente formularía un axioma como el siguiente: “El miedo es la otra cara del amor”).</p>
<p>“Sí, muy bien”, quizá pensarás. “Eso ya lo he oído muchas veces, pero no deja de ser una definición demasiado intangible, demasiado alejada de lo cotidiano.” Es cierto. La pregunta quizá debería ser otra –más fácil, más manejable–. Qué tal esta: ¿“cómo identifico al miedo? ¿Cómo lo reconozco para poder actuar sobre él”?</p>
<p>Muy sencillo: el miedo <em>siempre</em> paraliza. El amor activa.</p>
<p>Ahora demos un paso más. ¿Cómo se lucha contra el miedo?</p>
<p>Aceptándolo. Sin juzgarlo. Sin juzgarnos. Tener miedo no es ni malo ni bueno. No tenemos derecho a castigarnos por ello. Al contrario: aunque pueda parecer paradójico, el temor es simplemente un principio, una <strong>oportunidad de cambiar</strong> algo que la emoción rechaza y abraza a la vez por conocido, por adictivo. Sin embargo, deja de ser una oportunidad de cambio cuando el intelecto –lo aprendido– alza la voz y nos condena: “Tener miedo te convierte en cobarde”. No es cierto. Tener miedo nos enfrenta a la posibilidad de decidir, de proyectarnos, aunque sea durante un fugaz instante, en el futuro. La mente se equivoca: cobarde no es quien teme, sino quien ni siquiera se atreve a sentirse temeroso. Cobarde es quien vive esquivando el miedo porque donde no conoce tampoco el amor que lo libera. Cobarde es quien no siente, quien no cuenta con la emoción para llegar a ser quien realmente desea ser.</p>
<p>Desde aquí quiero hacer un llamamiento a todos los que estáis ahí fuera, leyendo estas líneas, y animaros a que cuando os reconozcáis asustados –asustados en lo cotidiano, en lo automático, en esas pautas aprendidas que paralizan– lo hagáis desde la emoción, sin juicios. Quiero que os acerquéis al espejo más cercano y os miréis tranquilamente a los ojos y, sin vergüenza y sin castigo, empecéis por el principio de los principios y os atreváis a oíros decir: “Sí, <em>tengo</em> miedo”. Repetidlo cuantas veces podáis y seguid haciéndolo hasta que poco a poco, tardéis lo que tardéis, cambiéis la afirmación por esta otra: “Sí, <em>siento</em> miedo”.</p>
<p>Que se haga entonces el silencio. Miraos bien. Solo siente miedo quien tiene la posibilidad de no sentirlo, quien puede elegir, aunque quizá no sea aun consciente de ello.</p>
<p>Solo siente miedo quien no es el miedo.<br />
¿Qué somos pues, si no somos miedo?<br />
La otra cara de la emoción.<br />
Amor. Amor asustado, sí. Pero amor, al fin y al cabo.<br />
No deberíamos olvidarlo.<br />
Es un buen principio.</p>
<p style="text-align: right;">Alejandro Palomas</p>
]]></content:encoded>
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		<title>El amor maduro</title>
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		<pubDate>Mon, 15 Feb 2010 17:42:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>FELIX LOPEZ SANCHEZ</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[amor]]></category>
		<category><![CDATA[madurez]]></category>
		<category><![CDATA[sexualidad]]></category>
		<category><![CDATA[vejez]]></category>

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		<description><![CDATA[Somos seres sexuados y lo somos durante toda la vida. No tenemos sexualidad, somos sexuados en nuestra fisiología, en nuestro mundo emocional y afectivo y en nuestra mente. En la vejez hay cambios en nuestra sexualidad, pero seguimos siendo seres sexuados; no menos que en la adolescencia y juventud. Desde el punto de vista fisiológico, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Somos seres sexuados y lo somos durante toda la vida. No tenemos sexualidad, somos sexuados en nuestra fisiología, en nuestro mundo emocional y afectivo y en nuestra mente. En la vejez hay cambios en nuestra sexualidad, pero seguimos siendo seres sexuados; no menos que en la adolescencia y juventud.</p>
<p>Desde el punto de vista fisiológico, los cambios que más afectan a la sexualidad en la vejez es la reducción de hormonas sexuales, en ambos sexos, la mayor lentitud de la excitación sexual, también en ambos sexos, la disminución de la lubricación de la vagina, en la mujer, y las posibles dificultades en la erección en el hombre. Ocurren otros muchos cambios, pero éstos son los que más pueden afectar las relaciones coitales. Estos cambios sin embargo se dan de forma muy diferente en las personas –las que mejor actividad sexual han tenido a lo largo de la vida se conservan mejor– y no suelen impedir las relaciones en muchas personas mayores. Además, pueden resolverse normalmente con ayudas. Por eso un dato de todas las investigaciones es que aunque la actividad coital de las personas mayores suele disminuir en su frecuencia con la edad, muchas de ellas se mantienen activas en algún grado.</p>
<p><span id="more-212"></span></p>
<p>
<div align="center"><iframe width="648" scrolling="no" height="486" frameborder="0" align="middle" src="http://www.flickr.com/slideShow/index.gne?group_id=&#038;user_id=&#038;set_id=&#038;tags=mature,couple" /></iframe></div>
</p>
<p></p>
<div style="text-align: center;"><span style="color: #999999; font-size: xx-small;"><em>Imágenes de parejas en la vejez recogidas por la comunidad de Flickr.</em><br />
<small>Creado con <a title="flickrSLiDR" onclick="javascript:pageTracker._trackPageview('/outbound/article/flickrslidr.com');" href="http://flickrslidr.com" target="_blank">flickrSLiDR</a>.</small><br />
</span></div>
<p>Las personas mayores pueden disfrutar de la sexualidad, incluso de la coital, si lo desean. Pero la sexualidad, incluso desde el punto de vista fisiológico, es mucho más que el coito. El placer de la caricia, del abrazo, del beso, del contacto piel a piel se mantiene a lo largo de la vida y las personas mayores pueden disfrutarse sexualmente, con o sin coito. Hay dos hechos que favorecen que la sexualidad en la vejez se haga más tierna, táctil y sensual: la excitación requiere más tiempo, menos precipitación –es más un paseo largo, prolongado y complaciente que una carrera rápida y corta– y demanda más contacto corporal, porque la excitación depende más del contacto que en la juventud.</p>
<p>Desde el punto de vista emocional, todas las emociones, sentimientos y afectos pueden seguir activos en la vejez: los afectos sexuales (el deseo, la atracción y el enamoramiento) se pueden mantener, o aparecer de nuevo, en la vejez y pueden enlazarse cada vez más con los afectos sociales (el apego, la amistad, los cuidados y el amor), enriqueciendo la vida sexual y amorosa de las personas. Los amantes mayores, casados o no, pueden haber aprendido a quererse y a saber de la importancia de los afectos y construir por tanto relaciones muy enriquecidas por la experiencia.</p>
<p>Desde el punto de vista mental, las personas mayores han tenido la oportunidad de aprender a discriminar lo que es verdaderamente importante en la vida, saber querer y ser querido, cuidar y ser cuidado, amar y ser amado. De hecho, sabemos que los hombres suelen ser más tiernos, adoptar unos roles de género más flexibles y entenderse mejor de lo que tal vez habían hecho anteriormente con las mujeres.</p>
<p>Es decir que, si los seres humanos aprovechamos la vida para aprender, es muy posible que en la vejez seamos más sabios, más sensibles y más capaces de amar. Estas capacidades pueden enriquecer la vida afectivas y sexual de las personas.</p>
<p>Para todo ello, es fundamental también que las personas mayores acepten los cambios propios de la vejez, que sepan disfrutar del paseo en lugar de correr, que vivan la sensualidad y las caricias sexuales y afectivas sin exigencias, que no compitan contra sí mismo queriendo ser jóvenes, que aprovechen su sabiduría y se disfruten. No pueden dejarse presionar por los medios de comunicación y los laboratorios empeñados en que tomen medicamentos para seguir teniendo una sexualidad joven, en el mal sentido (competitiva, con coitos muy frecuentes, etc.). La actividad sexual es saludable y muy placentera, pero no es obligatoria en ninguna edad, y menos en la vejez. Es una <strong>dimensión humana</strong> que podemos vivir de maneras muy diferentes. No nos dejemos engañar ni por los que dicen que es mala, peligrosa e inadecuada para personas mayores; pero tampoco por quienes dicen que es obligatoria, centrándose normalmente en la supuesta obligación de coitar. Disfrutar de la sexualidad y los afectos, sintiéndose jubilado de toda exigencia sexual, buscando ayudas si se tiene alguna dificultad que se desea superar, pero sabiéndose dueño de su vida sexual y amorosa, libre de hacer o dejar de hacer eso o aquello. No metiendo ningún evaluador o examinador en la cama que nos presione, no sintiendo ansiedad porque tomamos como modelo formas de relación juveniles, dejándonos llevar y traer por nuestros deseos y afectos más sinceros, en brazos de quien nos quiere y queremos. El sexo y el amor que queramos y podamos, sin exigencias, esa es la clave.</p>
<p>Acabo con esta poesía, escrita por un Alberti, muy viejecito ya, que he incluido, con otras muchas poesías de los mejores poetas que han escrito en español, en mi libro <em><a href="http://www.casadellibro.com/homeAfiliado?ca=2101&amp;isbn=9788497429375" target="_blank">Amores y desamores</a></em> (Madrid: Biblioteca Nueva):</p>
<p style="padding-left: 60px;"><em>“Y luego amor, y luego ver que la vida avanza,<br />
plena de abiertos años y plena de colores,<br />
sin final, no cerrada al sol por ningún muro.</em></p>
<p style="padding-left: 60px;"><em>Tú sabes bien que en mi no muere la esperanza,<br />
que los años en mí nos son hojas, son flores,<br />
que nunca soy pasado, sino siempre futuro”</em></p>
<p style="text-align: right;">Félix López Sánchez<em><br />
</em></p>
<p><strong>Actualización:</strong><br />
<a title="ver comentario" href="http://www.inteligenciaemocionalysocial.com/212/uncategorized/el-amor-maduro#comment-364">Josemi</a> nos ha hecho una interesante sugerencia cinematográfica que nos gustaría compartir con este excelente, tierno y divertido <em>trailer</em> del film.</p>
<p style="text-align: center;"><p><a href="http://www.inteligenciaemocionalysocial.com/212/uncategorized/el-amor-maduro"><em>Pinche aquí para ver el vídeo</em></a></p></p>
]]></content:encoded>
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