Todas las culturas están repletas de pequeños gestos cotidianos en los que nadie repara: por ejemplo, el olor de lo que se cuece en los fogones, los horarios que rigen nuestras vidas o la edad media a la que nos casamos; el orden legal de los apellidos o que a algunos bebés, en función de su sexo, les pongan pendientes al nacer. Estas costumbres, tan familiares que parecen anodinas, son las que dan forma visible, enraízan y perpetúan cada cultura. Allí arrancan nuestras prioridades y cómo tratamos a los demás.

“Si vamos a sacralizar algún aspecto de nuestro comportamiento colectivo, propongo que sea la empatía, algo digno de mostrarse en las plazas cuando éstas queden vacías.” (Imagen: Blog de Victoriano Izquierdo.)
Estos gestos y estos sentimientos están avalados por el entorno. Los defendemos con pasión porque nos definen y nos hacen similares a otras personas, que a su vez nos conceden su protección y su aprobación. Eso nos ayuda a sobrevivir en un mundo confuso y amenazante. Por ello no solemos cuestionarnos las costumbres de la cultura ambiente, aunque barruntemos a veces que sus usos resultan extraños o injustos; tendemos más bien a justificarlos. De hecho, los psicólogos sociales llevan décadas avisándonos de que nuestro cerebro lo pone todo al servicio de nuestras mentiras interesadas: el inconsciente en el que se agazapan los gestos y las emociones de cada día, la memoria que todo lo reescribe, los latiguillos mentales que disimulan la realidad para que encaje en nuestros guiones.
Sin duda uno de los elementos que distinguen a las culturas más creativas es la capacidad de ir limando y limpiando la podredumbre que se acumula entre sus pliegos; de reescribirse, de reinventarse, de soltar lastres. Las culturas más dinámicas tienen al menos cierta capacidad para radiografiar la parte más negativa de la realidad y cambiar, aunque duela –y a veces duele tanto que provoca enfrentamientos intensos, como los generados en torno a la polémica de los toros– las estructuras sociales, políticas y mentales que amparan la injusticia y la incoherencia.
Los gestos no son anodinos, ni para quienes los padecen, ni para quienes los asestan: cada gesto es una escuela de pensamiento y de sentimiento. Hay que mirarlos de frente, sin invocar usos culturales posiblemente trasnochados y dañinos para justificarlos. Si queremos un mundo regido por la paz, la justicia y la compasión, necesitamos miles de gestos, explícitos y conscientes, que reflejen y alimenten el talento humano innato para la empatía, es decir, para sentir por el otro, para compadecerle y ayudarle. Si vamos a sacralizar algún aspecto de nuestro comportamiento colectivo, a declarar alguna cosa Bien de Interés Cultural, propongo pues que sea la empatía, algo digno de mostrarse en las plazas cuando éstas queden vacías. Porque de la misma forma que los humanos podemos aprender a matar o a odiar, podemos aprender a amar. Estamos profundamente dotados para ello. Basta con cambiar algunos de los gestos que nos acompañan a diario.
Cultura es sólo el conjunto de nuestros actos y costumbres. Por sí misma, esta palabra no revela si lo que encierra es bueno o es denigrante y abusivo. Cuando ensalzamos y blindamos el concepto de cultura sin reparar en lo que encierra, todos somos cómplices: los unos, cuando pasamos por alto los derechos humanos básicos y el respeto a la vida en nombre de culturas y tradiciones que son meras tapaderas para crear sociedades de víctimas y verdugos. Los otros, porque ya sólo tienen que llegar y asestar el golpe mientras todos miran hacia otro lado, presas de tabúes engañosos, cómplices y viciados.
Elsa Punset




15 marzo 2010 a las 3:39 pm
No termino de anclar un sentido al título (“Mentiras interesadas”) y su relación con el texto. ¿Tiene un sentido eminentemente abierto o soy yo que no lo capto del todo? Supongo que lo que estás sugiriendo en el título es que las convenciones culturales, los gestos, tienen una intención (por eso son “interesadas”) y son una construcción manipulable tanto para bien como para mal (por eso son “mentiras”)…
Muy interesante, da qué pensar. El ejemplo del debate taurino en Cataluña me parece muy acertado. Por un lado, los que lo defienden dicen que es arte y cultura; y por el otro lado, que es cruel y que el animal sufre. Ambas posturas niegan la del otro. Yo creo que ambas tienen razón. Indudablemente es cultura, estética y mueve emociones como otras manifestaciones artísticas. Pero igualmente incuestionable es el altísimo nivel de sufrimiento y dolor el que se infringe a un animal que, por fisiología neuronal, está mucho más cercano a nosotros de lo que solemos pensar. En vez de decir que la realidad es blanca o negra como hacen los abolicionistas o los defensores de la lidia, me parece más apropiado constatar que es un terreno de grises y elegir un gesto (citándote, Elsa) que se adecue con el modelo de sociedad que queremos construir.
15 marzo 2010 a las 7:45 pm
Estoy totalmente de acuerdo que nos rodean gestos que se suceden día tras día sin percatarnos de ellos, configurando nuestra existencia, y que aunque sean perjudiciales en algunos casos, ladeamos la cabeza generalmente por rutina. También es verdad que, cuando nos paramos, pensamos y tomamos conciencia de alguno… (sin calificar), sabemos reaccionar, en algunos casos tardamos años, ya sabes, por la tradición, por la economìa…pero poco a poco, se introduce la nueva idea y sin darnos cuenta subimos un peldaño. Yo creo que gracias a eso la sociedad evoluciona, si no ¿no estaríamos todavía con el velo en la cabeza para ir a misa? o ¿haciendo cosas peores en nombre de la cultura?
Ana.
16 marzo 2010 a las 8:37 am
me he despertado esta madrugada pensando en qué “gesto” habitual podía cambiar. Al principio no se me ocurría nada, todo era normal. Ahora veo tantos que no sé por donde empezar. Cambiar las cosas no es nada cómodo…
16 marzo 2010 a las 10:56 am
Claro, porque ¿adaptamos nuestro comportamiento a una ética, una cultura o creamos las normas éticas según nuestro interés, nuestras costumbres y nuestro beneficio?
16 marzo 2010 a las 11:00 am
Creo que, a lo que se refiere, es a esa conducta viciosa que tenemos los humanos para adaptar la realidad que percibimos a la estructura mental que nos hacemos del mundo y a la idea que queremos mantener de nosotros mismos. Esa adaptación no es siempre resultado de la simple asimilación de los estímulos y respuestas, sino que son resultado de nuestra manipulación consciente o inconsciente. Es algo que nos hace más fácil o cómoda la vida e imagino que respondemos así por simple supervivencia. En este proceso, muchas veces se nos escapa o dejamos escapar la idea de que nuestra concepción de la realidad, de lo sucedido, no es para nada, la que tiene el resto de las personas que nos rodean. Dejando eso de lado, la evolución se desequilibra por completo (evolución de la relación de dos personas o de una sociedad entera).
No sé si lo entendí bien tampoco…
16 marzo 2010 a las 11:01 am
Ser conscientes de que podemos hacerlo, ya es un gran paso.
Ahora solo nos queda iniciar el movimiento, ¿no?
16 marzo 2010 a las 11:10 am
Completamente de acuerdo con usted, como casi siempre. Su argumento me parece, en mi humilde opinión, totalmente lógico y está impregnado de sensibilidad y humanidad. Su análisis me parece propio de un ser humano muy avanzado en el sentido de que es capaz de superar prejuicios, de evitar manipulaciones y abordar un tema con total racionalidad desde un prisma sensible y empático, respetando los derechos humanos (y no humanos… como el caso de los animales…), que es en verdad el único prisma desde el que puede construirse un mundo mejor.
Siempre he pensado, después de leer, y sobre todo observar mucho la realidad que nos rodea y la estructura de la sociedad actual, que la base de todo es la EDUCACIÓN, formada por infinidad de gestos, en función de cuál sea esta desde que nacemos así será la sociedad del mañana, y lo cierto es que estamos rodeados y bombardeados continuamente de mensajes subliminares desde todos los ámbitos que, muchos conscientemente pero la mayoría insconscientemente, nos influye en el comportamiento y forma de actuar y pensar. Esto, según sea la información que nos transmita, puede ser positivo o negativo… lo cual depende de los intereses ocultos de quienes están realmente detrás…
Actualmente veo una tendencia a la violencia y falta de respeto al ser humano… en todo: medios de comunicación: programas basura donde se muestran comportamientos denigrantes donde lo peor de todo es que los espectadores… lejos de denunciarlos…son cómplices porque con su actitud de “divertimento” o “reir la gracia” ante dichas acciones apoya las mismas, películas que fomentan la pervivencia de los típicos roles…, el fomento del super héroe que todo lo soluciona con violencia…, el fomento de ganar dinero fácilmente, etc…. En fin, que hay cada vez más un declive de valores y principios en pro de la “ley de la jungla”….porque “es la moda y si no la sigues no eres nadie ni eres aceptado por el grupo…”, por supuesto… esto está planeado sólo para el “populis”, puesto que la élite que “nos” manipula, que son unos pocos.. es el autor de todo para seguir ahí arriba… riéndose de todos…pues… mientras el pueblo esté entretenido en cosas triviales y cada vez haya más violencia y competencia… (“divide y vencerás”´)… mejor para ellos…
Espero haberme explicado…
Gracias Eduardo por darnos la oportunidad de debatir y expresar nuestra opinión, y enhorabuena por el programa, es lo único que veo de la televisión, a parte del telediario, aunque el programa lo veo por internet por mis horarios. Felicidades!!
16 marzo 2010 a las 11:13 am
Estoy absolutamente de acuerdo con el texto. Hay que desacralizar la tradición. La cultura no es un valor absoluto, se puede poner en duda, HAY que ponerla en duda. De hecho, todos conocemos ejemplos de lo aberrantes que pueden llegar a ser las tradiciones culturales.
Lo que sí es un valor absoluto son los derechos humanos, y creo que con el tiempo, a medida que vayamos reinventando nuestra cultura a base de los pequeños gestos que menciona la autora, los derechos de los animales también pasarán a ser un bien común.
16 marzo 2010 a las 11:31 am
Lo que eres hoy es el resultado de tus decisiones y elecciones en el pasado. Lo que seas mañana será consecuencia de tus actos de hoy. El verdadero buscador crece y aprende, y descubre que siempre es el principal responsable de lo que sucede. Todos podemos ser buscadores de nuestra vida, pararse a pensar en la vida que estamos viviendo y ver si es la que realmente queremos vivir.
16 marzo 2010 a las 11:52 am
Es triste pensar que hay soluciones a muchas cosas y que quien debe cambiarlas no lo haga. ¿El motivo?, no interesa. Lo que creen que ellos miman con tanta ilusión pero a la vez ignoran. EL PENSAMIENTO DE LA MAYORÍA. La cultura no “nace” por si sola, se crea y se modifica con el tiempo, solo espero que no falte mucho tiempo para que se acaben de verdad aquellas actuaciones disfrazadas de “tradiciones” en las que engrandecen el pobre pensamiento de algunos, SENTIRSE SUPERIORES, aunque sea delante de un animal que ellos mismos han creado, lástima que no se preocupen de su actitud y autoestima.
16 marzo 2010 a las 12:01 pm
Es un alivio que alguien dentro del ámbito de la ciencia hable de la empatía como instrumento principal en el respeto “al otro”.
Cuando desde hace unos años y según mi observación lo más generalizado es interpretar ésta habilidad como un signo de debilidad social.Vivimos en una etapa en la que los referentes más admirados son incapaces de compasion y empatía y ésto lo consideramos socialmente como un signo de fortaleza.No sé si estarán de acuerdo conmigo.
Un saludo
16 marzo 2010 a las 12:05 pm
Con todos mis respetos, la “polémica de los toros” es una polémica alimentada políticamente, cuando se prohibieron los toros en Canarias la cosa no acaparó tantos telediarios.
Hay debates en los que es mejor no meterse porque, aplicando un poco la empatía, nos damos cuenta de que es imposible ponerse de acuerdo.
Uno de ellos es la religión. Una persona creyente tiene tanta seguridad en la existencia de su Dios como un ateo de su no existencia. Ambos pueden argumentar durante siglos (pues ambos tienen argumentos… si bien no parece posible demostrar la existencia de una inteligencia superior, es igual de imposible demostrar su no existencia, y no parece algo que pueda discernirse con lógica: si una mente como la de Stephen Hawkins es no creyente y otra como la de Einstein lo fue, la mía no puede decir ni pío al respecto). Por tanto, la solución es respetar a todo el mundo, el que cree y el que no.
El aborto es otro tema en el que jamás dos personas llegarán a un acuerdo: para algunas personas, un feto de menos de 3 meses es un bebé, interrumpir el embarazo en este punto es pues un asesinato, para otras personas un feto de menos de 3 meses es eso, un feto. Para algunas personas incluso la píldora postcoital equivale al asesinato de un niño. La verdad absoluta en este tema, igual que en el anterior, no la tiene nadie, así pues, respetemos a todo el mundo, aunque entiendo que es difícil aceptarlo para alguien bajo cuyo punto de vista y manera de sentir interrumpir un embarazo por prematuro que sea es asesinar a un niño.
Con los toros pasa lo mismo. Personalmente no soy ninguna aficionada, pero conozco a muchos, que son buenísimas personas y en absoluto acuden a una plaza de toros a ver “la tortura de un animal” (para eso se irían a un matadero cualquiera, que es gratis), personajes de gran sensibilidad han sido y son aficionados al toreo. Por tanto, respetemos a todo el mundo, aunque entiendo que que es difícil aceptarlo para alguien bajo cuyo punto de vista y manera de sentir la lidia de un toro es la mera tortura de un animal hecha espectáculo.
La empatía consiste en eso, en entender el punto de vista del otro, en no agarrarnos a nuestros absolutos, en defender nuestros puntos de vista morales pero no desde el fanatismo y con una venda en los ojos.
La sociedad evoluciona por sí misma sin necesidad de criminalizar a los que piensan diferente. No hace falta prohibir el toreo, probablemente desaparezca, tal vez evolucione, y sobre todo, no hay que odiar a aquellos que no piensan como nosotros.
El “modelo de sociedad” no se construye de ninguna manera, la sociedad evoluciona, y todas las prohibiciones, campañas publicitarias y métodos de adoctrinamiento del mundo lo único que consiguen es adelantar o ralentizar este cambio.
Gracias
16 marzo 2010 a las 12:27 pm
Sugiero que vean “GREEN ZONE. DISTRITO PROTEGIDO” de Paul Greengrass.
16 marzo 2010 a las 1:15 pm
Cambiar las cosas y las costumbres no es fácil y menos si te ves rodeado de personas que ni se plantean las cosas o no les interesa hacerce preguntas o conocer, como dice fred, me quedo con lo que tengo y lo que veo porque si me planteo que puede ser de otra manera o pueden haber otros caminos, ya no es cómodo
Tengo amigos muy inteligentes, incluso mi padre, que aman las corridas de toros y cuando intento que me expliquen qué les gusta y por qué, no hay ni uno que me de una razón lógica sobre el tema
La tortura no es cultura
16 marzo 2010 a las 1:33 pm
Elsa, como bien ha dicho Eduard, la política preventiva es tan importante o más que la paliativa, en la cuál tú estás involucrada. El hecho de que se aprecie más la segunda que la primera sobre la balanza, es por motivaciones plenamente económicas del país. A veces, la compra de votos (a través de sistemas de financiación de la seguridad social) son el motivo principal para no tratar de evitar las causas, ya que dicha financiación corre por parte de sectores sanos que están siendo parasitados por el sistema. Nada nuevo bajo el sol, es puro protocolo de actuación frente a riesgos.
En cuanto a las semiverdades y silogismos culturales, pienso que la psicología tiene un parámetro muy bueno ahora, con el globo sonda de la temática taurina, para valorar si el comportamiento psicopático de una sociedad es más alto de lo que cabría esperar. Esto ya no tiene matices de investigación sobre el altruismo porque no hay beneficios directos con los espectadores. Es mero espectáculo, mas no cinematográfico, sino con “sangre y arena”.
Saludos.
16 marzo 2010 a las 1:34 pm
El otro día escuché una opinión por la radio que me dejó pensativo, comentaba que el problema de los toros no es que se les torture… es que se vea esa tortura, eso es lo que realmente nos encoleriza porque socialmente no está aceptado.
Me dejó muy pensativo esta afirmación.
Gestos tenemos todos, la única forma que a mi me ha funcionado es siendo consciente de lo que hacia en ese momento.
Cuantas veces he ido caminando por la calle, pensando en cosas, y cuando he llegado a mi punto de destino me he dado cuenta de que no sé por donde he pasado ni lo que he hecho. La única forma que yo veo de darte cuenta de los “tics” que realizamos, es estando presente.
16 marzo 2010 a las 1:39 pm
exacto JAVIER,yo que de lejos sigo el debate antitaurino y que estoy del lado del abolicionismo me siento muy representada por las reflexiones de Elsa.Ademas la autora puede decir ciertas cosas con un nivel de argumentacion del que carecemos muchos de los proteccionistas cuando polemizamos con los sadicos que aprueban el mal trato animal
16 marzo 2010 a las 2:09 pm
Hace unos años alguien me dijo, quizas no podemos cambiar el mundo, pero si mejorar nuestro entorno, debo decir que siguiendo esa idea y aprendiendo a usar la empatía he conseguido, con paciencia, cambiar algunos aspectos de mi alrededor, incluso de mí misma que no me satisfacían. Estoy de acuerdo en que todo eso se aprende y sería un buen valor añadido en la educación de generaciones futuras y de algún que otro adulto del presente. Pensar es gratis, hagámoslo más a menudo.
16 marzo 2010 a las 2:16 pm
Cierto Fred, no lo es, ni siquiera cuando estas afectan claramente a nuestra “felicidad” o bienestar..
16 marzo 2010 a las 2:23 pm
Creo en la diversidad cultural integradora,no en aquella que tan solo sirve como escudo o ligamen arcaico y costumbrista de unos pocos que temen perder su identidad y hacen de esta un estandarte social.
La cultura nos puede identificar como individuos, pero tambien como parte integrante de una sociedad, de hecho cada sociedad o cultura tiene sus abandaerados en esta materia, y a su vez el pueblo se identifica con ellos.
Al respecto de la empatia, creo que es algo que debiramos poner más en practica y ademas considero que mas que un acto de solidaridad o de compasión, es un acto de inteligencia, ya que nos pone sobre la pauta o en el aviso de lo que podria ser de nosostros en circunstancias similares.
Per vivimos en una sociedad marcada por los exitos sociales, profesionales, economicos y politicos, en los que la mayoria de indiviuos pefieren armonizar y sentir empatia por los triunfadores, que por aquellos que el fracaso, la tragedia, la enfermedad,o la desgracia les sacude sin piedad.Es como si en cierto modo al ser humano no les gustara verse en un escalon o varios por debajo de su condición.
Con respecto al gesto, dire que hay gestos que segun como sean interpretados,pueden determinar una relación futura o un conflicto, o un cambio de decisión.Hay infinidad de gestos que nos puede hacer sentir más o menos cercanos a un individuo, así como actitudes, y es por todos sabidos que un pequeño gesto puede influir en el otro o los otros de forma considerable.(una sonrisa, una mirada compasiva,una mirada atenta,un tono de voz tranquilo y neutro,etc etc.) se me ocurren varias para segun que momentos y situaciones en las que deseemos llegar al otro de manera noble y sincera. Y luego estan los gestos de imposición, o las palabras de imposción, (Tan recurrentes en politica, como en conflictos sociales), que nos dan la pauta de quien es el más fuerte, el más avido a la hora de perpetuar su ideologia, así como de quien tiene el control sobre los demas.
Pero sin irse demasiado por las ramas, dire que hay pequeños gestos
16 marzo 2010 a las 2:44 pm
Con respecto al los valores culturales, estoy a favor de la diversidad cultural integradora, es decir aquella que se enriqueze y nutre del intercambio de la otras.No estoy muy a favor de aquello dicese cultura y no es mas que una especie de costumbrismo, arcaico encerrado en unos valores que proporcionan una falsa seguridad e identidad al individuo.
Lo cierto es que la cultura bien puede ser individualsta como social e integradora, pero esto ultimo muy a amenudo se desestima por la falsa creencia de que de esta manera podria perder su identidad.
Con respecto a al empatia, soy de la opinion de que deberiamos ponerla más en practica, y no tan solo como una cuestión de solidaridad o compasión, si no como signo de inteligencia, ya que esta nos podria poner en la pauta ante situaciones similares.Pero lo cierto es que vivimos en la sociedad del exito,(politico, profesional,economico), donde queda poco margen de empatia hacia los más desfavorecidos, es como si en cierto modo el individuo prefiera empatizar con el triunfador que con aquel que esta tres o cuatro escalones por debajo de su condición social.
Con respecto al gesto, dire que hay gestos que te pueden poner en aviso o en alerta hacia como es esa persona.El gesto puede ser utilizado para resaltar una conversación, poner enfasis, etc tec. O tambien puede ser utilizado para apaciguar, calmar, tranquilizar.De hecho segun el resulatdo que se quiera obtener de un individuo o varios el gesto es determinante.
De hecho en poitica se suele recurrir a gestos dominantes,o gestos que donatan fuerza y autoafirmación,que no deja de ser el mismo gesto que se utiliza en conflictos sociales, familiares, laborales o incluso de pareja.
Pero hay otra clase de gestos, los que no intentan persuadirte de nada o darte la confirmación de nada, como podria ser una ligera sonrisa, una mirada compasiva,una mirada atenta y reflexiva, ec et, todas estas pueden interactuar en otros de manera más positiva, que un discurso con veintemil enfasis gestuales.
16 marzo 2010 a las 4:07 pm
Elsa
Me parece realmente interesante el artículo, pero no se como aterrizar los conceptos, en el caso de México me parece que habría mucho material para discutir al respecto. Como dice Javier, las “CONVENCIONES CULTURALES, los gestos, tienen una intención (por eso son “interesadas”) y son una CONSTRUCCION MANIPULABLE tanto para bien como para mal (por eso son mentiras)…”
Es entonces que tendríamos que trabajar en esas construcciones manipulables para lograr un mejor ambiente en el cual vivimos, ¡es así?
16 marzo 2010 a las 6:17 pm
muy interesante doctor, es muy cierto que nunca nos detenemos a observar y corregir nuestras fallas.
me gustaria saber si existe algun metodo, terapia o analisis que me permita poder transmitir lo que realmente siente mi corazon
16 marzo 2010 a las 7:23 pm
¿Valdrían estos mismos argumentos para abandonar la idea tan generalizada de que tener un perro en casa es amar a los animales? Comerciar con perros, inventar razas, hacerlos nacer para obligarles a vivir en pisos, sacarlos a mear 2 veces al día, llevarlos de aquí para allá a nuestro antojo en coches, aviones, etc, sin ningún otro fin más que la mera compañía del ser humano, ¿es eso amar a los animales o es otro gesto cotidiano “incuestionable”?
16 marzo 2010 a las 7:28 pm
Estoy muy de acuerdo con lo referente al tema de los toros. Hemos enaltecido el término cultura y tradición para esconder la verdadera tortura que supone para un toro dicha práctica. Pero hay que tener en cuenta que si desaparecieran tradiciones como la del toreo, desaparecerían muchos puestos de trabajo en el ámbito de la ganadería. Se eliminaría una crueldad más de nuestra sociedad (con esto no dejaremos de tener asesinatos ni violencia; solo haremos este mundo un poquito más justo), pero a cambio tendríamos unos cuantos más parados, cosa que no nos beneficia en absoluto en estos momentos de crisis. Eso por no hablar de los ingresos turísticos que perderíamos al año. A veces hay que reconocer que esa ansiada empatía beneficia a unos pero perjudica a otros muchos. Por ello, no debemos caer en la trampa de buscar una utopía moral sin contemplar las fatídicas consecuencias que esta puede acarrear. Imaginémonos que nos quitan un trabajo porque alguien ha decidido de repente que la actividad que realizamos en la empresa es tóxica o inmoral. ¿No estaríamos indignados? ¿Acaso no era igual de inmoral cuando firmé el contrato? En un mundo perfecto, no pasaría nada. Pero aparte de empáticos, seamos también realistas. Gracias.
16 marzo 2010 a las 7:33 pm
Saber ponerse en la piel de los demás es un arte a veces difícil, pero merece la pena intentarlo. De ese modo seremos capaces de no juzgar a los demás cuando actúan de forma diferente a como lo haríamos nosotros.
16 marzo 2010 a las 7:47 pm
En respuesta a Javier, creo que el título y el texto vienen a decir que nuestra propia cultura tiene una serie de características y cualidades propias entre las que amar o respetar a los demás no se encuentra.
Hacemos cosas de forma habitual sin pararnos a pensarlas. Simplemente las hacemos automáticamente porque es lo que hemos mamado de nuestra cultura.
En cambio empatizar con los demás es algo que no hacemos. Así como amar o respetar. No lo hacemos porque no forma parte de la cultura. Simplemente hay intenciones de hacer todas esas cosas, y esas intenciones que no se hacen que no se concretan quedan convertidas en mentiras.
¿Por qué mentiras interesadas? Porque lo que interesa es “parecer” buena persona, buen ciudadano. Interesa vernos así y que nos veamos así para sentirnos un poco mejor con nosotros mismos.
Si esas actitudes realmente ya formasen parte de nuestra cultura no haría falta hacer apología de ellas. Simplemente las haríamos pero de verdad.
16 marzo 2010 a las 7:47 pm
(Acabo)
… De verdad, pero sin esperar nada a cambio.
16 marzo 2010 a las 8:04 pm
No acostumbro a leer la prensa y mucho menos las páginas rojas, donde aparecen noticias tan horrendas como la del asesinato de las dos mujeres, madre e hija en las afueras de Caracas. La policía excepcionalmente resolvió en dos semanas el crimen y descubrió que el autor es hijo de un alto militar cercano al gobierno. Se sabe que el asesino, novio de una de las víctimas fue inmediatamente sacado del país y vive ahora en algún lugar de Brasil, bebiendo caipiriñas y desde luego, sintiéndose por encima de la ley y de cualquiera que se cruce en su camino.
El estado de descomposición que sufre hoy en día mi país es -pienso yo- el resultado de muchísimos años de falta de inversión en educación, de la falta de difusión de buenos valores en la familia venezolana, y sobre todo de la impunidad que cubre de luto a miles de hogares cada mes. Tan solo el 8% de los casos de asesinatos en Venezuela son resueltos y en pocos de ellos el autor es apresado y sometido a la justicia.
Los venezolanos estamos pagando el precio de nuestra improvisación, informalidad y conformismo. De hacer las cosas siempre por la vía fácil, de reír las vivezas y de sentirnos orgullosos de pasar por encima de los demás. Nunca nos dimos a la tarea de solicitar la administración de justicia en el país. Nunca nos quejamos por el estado de las cárceles, ni por la deserción escolar, ni por la corrupción en los organismos policiales.
Pensamos que estábamos fuera de todo eso, que no nos correspondía quejarnos mientras a nosotros nos iba “bien”. Nunca nos dimos cuenta de que se estaba formando una justicia paralela, con leyes distintas a las del estado, en las que un chamo de barrio podía hacer y hacía lo que le venía en gana.
Es por esa improvisación y falta de empatía con los que sufrían las cifras de asesinatos han superado las de cualquier otro país en estado de “paz”.
Yo leía sobre aquellos países en guerra y me preguntaba por que las personas seguían viviendo en esas condiciones. Ahora me pregunto lo mismo con respecto a mí y a mis hijos.
16 marzo 2010 a las 8:44 pm
el cuestionarnos costumbres arraigadas y ser capaces de airear la mente, requiere cierto grado de valentia, no es fácil. Yo también pondría la Empatía como Bien de Interés cultural, seriamos más felices.
16 marzo 2010 a las 8:51 pm
Forma parte de las reglas diplomàticas de la sociedad.Si no esto serìa un caos.Aunque, tambièn,hay que decir que el no decir las verdades cuando se sabe que va atener efectos crueles en otros.Yo dirìa que no es ètico
16 marzo 2010 a las 8:56 pm
me gusta la empatia, aunque la mayoria de la veces, se sufre
16 marzo 2010 a las 9:38 pm
Gracias siempre Elsa. Para cuando los doce mandamientos?
16 marzo 2010 a las 10:01 pm
me parece que refleja con exstitud la verdadera razón de las mentiras de nuestra sociedad. tan viciada y perversa. justificamos lo injustificable, en nombre del bien cultural matamos a seres desprotejidos, en nombre de no sé que dios matamos al prójimo. en nombre de la falsa virtud dejamos sin legalizar la prostitución, pero las calles estan abarrotadas de prostiitutas abandonadas a su suerte, hacemos ver que no existen.
definitivamente, nos mentimos y admitimimos la mentira por no salirnos de la corriente social, o rredil, ¿ hasta cuando seguiremos siendo ovejas? ¿es posible una generación que se cuestione sus creencias y comportamientos ? o han de pasar más siglos para avanzar un poquirto hacia el verdadero ser humano.
16 marzo 2010 a las 10:31 pm
Las culturas! las costumbres! las gentes!! que es en realidad que? cual da la visión real de una sociedad actual y moderna…. que es el hoy sin el ayer??
Podriamos estar años buscando y reflexionando esos detalles que nos hacen de aquí, o de allá…. que no hacen sentirnos parte de una región, país, o simplemente propios y desarrollados de una forma de vivir y ser… pero mi pensar es, que el gesto se crea, se desarrolla…. y como todo el la vida, le toca morir, por que ahí esta el crecimiento social, el movimiento cultural, vamos la evolución…. todo lo demás, queda relegado a los intereses politico.social y economico.
un saludo,
16 marzo 2010 a las 11:07 pm
No sé si es porque soy producto del mestizaje- históricamente ineludible, que ocurrió en Latinoamérica- que me siento parte de un todo o por lo menos parte de varias culturas a la vez.Cuando nacemos no nacemos con una cultura, la heredamos y la compartimos con el que llega. Cualquiera que viaja al Caribe o a Suramérica, en general, puede llegar a sentirse compenetrado, integrado y a gusto pese a las adversidades. Cuando viajamos nos enriquecemos aún más. Ha sido fascinante llevar a cuestas este periplo de culturas… con él los horizontes son más abiertos y las posibilidades más disfrutables e infinitas.
16 marzo 2010 a las 11:19 pm
PARA JAVIER: Pues sí, creo que es lo 2º: tú que no lo captas, a ver si releer este párrafo te ayuda:
El título “Mentiras Interesadas” se refiere a:
el INSCONSCIENTE en el que se agazapan los gestos y las emociones de cada día, la memoria que todo lo REESCRIBE, los latiguillos mentales que DISIMULAN LA REALIDAD para que encaje en nuestros guiones.
17 marzo 2010 a las 12:24 am
Como gesto habitual que deberíamos cambiar, y de base para aplicarlo al resto de los que conforman nuestro entorno político, econòmico, religioso y social, es el de continuar generándonos confusión, cuando establecemos parámetros sobre cómo deberían de ser las cosas frente a como son realmente.
Nuestra rebeldía frente a todo aquello que consideramos injusto, es el resultado de esa contínua lucha nuestra , y que probablemente nos hace conocedores (ficticios) de lo que está bien o mal, algo que considero es un enaltecimiento de nuestro ego, nada recomendable por cierto.
Acaso nosotros caminamos siempre con nuestra cara descubierta, y cuando pregunto siempre, me refiero sobre el camino que conforman los sucesos y situaciones que vivimos diariamente en nuestro fuero interno?
17 marzo 2010 a las 9:29 am
Que bien tratado el tema, no sólo por Elsa que es una maravilla, sino por muchos de los “comentaristas”. Yo sin ser un “profesional de las emociones” me habéis venido a requeteconfirmar lo que ya intuía.
Una vez llegados a una conclusión y como ser humano y aún más como madre me pregunto, ¿cómo eliminar los blindajes que nos apesadumbran? ¿y las capas, cual cebolla, aunque pasemos frio en el proceso de aclimatación? La felicidad de la liberación debe ser tremenda, pero ¿cómo se hace?
Nuestra sociedad del mal llamado primer mundo, es tan compleja que cuando nos interesan las costumbres, estas son inamovibles pero tambien asistimos a muchos cambios en estos tiempos que, como “nos son rentables”, no nos cuesta digerir.
Yo definiría las mentiras interesadas como el autoengaño, miopía voluntaria a la que nos sometemos para evitar “EL CONFLICTO INTERNO”.
Un abrazo a todos,
17 marzo 2010 a las 9:33 am
…y añadiría más ¿Hay algo que nos asuste más que nosotros mismos?
17 marzo 2010 a las 9:51 am
El titulo tiene todo el sentido del mundo. Justificamos lo que nos hace sentir seguros de nuestras costumbres que hemos elevado al grado de bueno. Es un texto totalmente impopular, Elsa Punset tiene el valor de situarse en una postura incomoda… defendiendo la dinamica emotiva se situa en el punto de mayor resistencia de avance social, cultural, tecnologico y cientifico (porque el religioso, ya poco importa, como elemento social es un freno, quedando restringido al gusto personal)
17 marzo 2010 a las 10:22 am
Apoyo la empatía para hacerla bic !!!!!!
Por supuesto que debemos limpiar y vaciar nuestros dominios de gestos e ideas que heredamos no se si genéticamente o no y que hoy deberíamos replantearnos ¿que tienen que ver con nosotros realmente? Eso si cuesta un huevo, así que carguémonos de sentido del humor por posibles malas caras y palabras altas de nuestros cercanos. jajaja un beso a todos!!!1
17 marzo 2010 a las 10:31 am
Pienso que realmente la cultura como tal no tiene porque ser mitigadora de nada, sino más bien al contrario debe de hacernos cuestionar que nuestra identidad bien vale ser conocida y perpetuada, eso si, en los casos que claramente hablen del valor positivo y claramente empatico de la sociedad…en nombre de la cultura se han permitido torturas y asesinatos a lo largo de la historia…creo que cuando realmente se tenga una conciencia de la palabra respeto por nosotros, por los otros y nuestro alrededor podemos comenzar a hablar de cultura, es inegable que la evolución acabara por destruir los comportamientos involucionables de las culturas, aquellos que dicen ser lo que no son, aquellos que equiparan el sufrimiento de cualquier ser vivo con la cultura.No entiendo la diferencia entre una pelea de gallos con una corrida de toros, si lo pienso bien los gallos se matan entre ellos, en los toros los hombres con su “supremacia” e “inteligencia seca” mata a los toros, aqui esta la diferencia, a unos los persiguen y a otros no, porque se quiso ver elegancia en algo que ya debería estar desfasado y abolido, también perseguido…
17 marzo 2010 a las 12:27 pm
Un SÍ a la ‘empatía’ en la plaza pública, pero me surge la pregunta:
¿Qué hacemos con las personas que no la pueden comprender o sentir? Me refiero al 1% de los psicópatas o quasi-psicópatas y mentirosos que forman parte de la sociedad y sólo buscan su propio beneficio. ¿Los dejamos entrar en la plaza? ¿Puede y debe regir la ley quienes entran y quienes no?
17 marzo 2010 a las 12:52 pm
Hola, Gin. La Ley ya encierra a muchos de estos psicópatas (las cárceles están repletas de ellos). Pero la decisión, para mi, está en elegir si uno vive presa del miedo de un cerebro programado para sobrevivir, o si deliberadamente vive desde la empatía (desde el amor y la compasión a los demás, aunque eso nos haga más vulnerables).
De todas formas, ser empático no implica ni mucho menos aceptarlo todo. Me parece que la madurez también pasa por aprender a alejarse firmemente de las personas e ideas que no nos gustan, por poner límites, por expresar nuestra disconformidad.
Un abrazo
17 marzo 2010 a las 1:15 pm
Querida Elsa, Me encanta esta frase: ‘Sin duda uno de los elementos que distinguen a las culturas más creativas es la capacidad de ir limando y limpiando la podredumbre que se acumula entre sus pliegos; de reescribirse, de reinventarse, de soltar lastre’. Estoy completamente de acuerdo. Lo importante es recordar que las culturas las formamos individuos, personas, tú y yo, con nuestro potencial y nuestra fuerza. Y nuestra decisión (o no) de comprometernos con los Derechos Humanos. Porque como tú misma dices luego ‘Si queremos un mundo regido por la paz, la justicia y la compasión, necesitamos miles de gestos, explícitos y conscientes, que reflejen y alimenten el talento humano innato para la empatía, es decir, para sentir por el otro, para compadecerle y ayudarle’.
Ese es un sueño realizable!! Vamos a ello, con líderes como tú que comunican y aglutinan energías…
17 marzo 2010 a las 1:32 pm
Gracias Elsa.
Pongamos en la escuela en una zona bien iluminada la plaza para que nos ayude desde niños a aprender a controlar ese miedo y a poder expresar adecuadamente nuestra disconformidad.
Gracias por la brújula y por descubrirnos de nuevo la Inocencia.
17 marzo 2010 a las 9:50 pm
Te dejo este texto de Virginia Woolf porque es muy elocuente:
“Su noción de cultura ¿Cuál es? A veces, también yo siento deseos de ser culta. Acerca de sonidos y expresiones populares. Pero ¿para qué sirve? Quiero decir, si una tiene esa clase de mentalidad, ¿por qué no hacer algo bello? Sí, pero la ventaja de la cultura es que una deja algo sólidamente hecho, para siempre.”
Creo que esa es la ventaja, que dejamos las cosas hecha para siempre, esa costumbre que tenemos los humanos de querer aferrarnos a que las cosas van a seguir continuando siempre igual. Yo creo que eso es lo que alimenta la cultura y esos tabúes o esas cosas que nos decimos tal vez para aliviar, pero qué es la empatía también sino eso, o una forma de persuasión, o tal vez lo sería de hacer algo bello, como diría Virginia Woolf, si nos lo propusiéramos realmente.
Bueno, un besito!!
17 marzo 2010 a las 11:51 pm
Mentiras interesadas “que nos ayudan a vivir en un mundo confuso y amenazante”… ¿hasta donde somos capaces de llegar?… cada vez resulta más difícil ser fiel a uno mismo… eso sí que me da miedo!
18 marzo 2010 a las 2:13 am
cada dia que me levanto en lo primero que pienso es que esa sonrisa interior que hay dentro de mi se manifieste, ahora para mi no es dificil, pero hubo un tiempo en que mi rostro marcaba el dolor y el odio que habia dentro de mi, fue dificil desacerme de todos esos tabues conceptos erroneos, vanalidades que tenia, pero poco a poco se fue desapareciendo la dureza que marcaba mi rostro, no sabria explicarlo con palabras pero se que a medida que e ido conociendo personas de otras culturas y aprendiendo de sus distintas formas de vida e visto que no somos tan diferentes, como pensaba o me hacian pensar, vi similitud en nuestras diferencias y diferencias que nos hacian iguales, es curioso pero la palabra cultura pude abarcar tanto pero a la vez tan poco, que prefiero no utilizarla, prefiero pensar en particularidades o individualidades, ¿empatia? como no tenerla con aquel que es igual a mi, si yo tambien tengo mis particularidades e individualidades.
18 marzo 2010 a las 4:20 am
sociedades *dormidas*, rutinarias,no personalizadas,sin identidad es lo que han logrado algunos proyectos educativos
volvamos a empezar,,, educar proviene de *ex ducere* o sea sacar de adentro hacia afuera
18 marzo 2010 a las 10:49 am
No se si estaré equivocada, pero para saber de algo hay que sentirlo, no sólo conocerlo, lo que yo conozco lo tengo por el sentimiento. Es penoso decir lo que voy a comentar, pero mis reflexiones me dicen que parece que falta sufrimiento en el mundo, en aquellos que no han sufrido, es decir en los que no han sentido lo suficiente. para conocer lo mágico del hombre, para tener empatía (aquellos que no la tienen), para llorar desgarradamente por amor, por tristeza, por impotencia, por todo lo que nos hace consumir la vida. Con todas estas licenciaturas, nos aproximamos a encontrar las palabras serenas, los abrazos sin medida, cogemos fuerza para mantener los ejemplos, y para compartir todos los momentos vitales con todos. -así, llegamos al diagnostico y ya lo que queda aún es más fácil, el tratamiento.
18 marzo 2010 a las 11:28 am
Me gustaría citarte de nuevo Elsa, en tu libro Inocencia radical:
“La empatía -la habilidad de sentir la emoción del otro- en teoría es la base de la moralidad: no queremos dañar porque sentimos el sufrimiento de los demás. Esta capacidad crea vínculos emocionales entre seres vivos. No se limita a la especie humana: es una habilidad antigua que probablemente tienen todos los mamíferos.
De acuerdo con la teoría de los tres cerebros interrelacionados, tenemos una parte del cerebro de origen reptiliano -el de la supervivencia y las respuestas automáticas-, un sistema límbico que controla la emoción y una corteza cerebral que permite el lenguaje, el pensamiento abstracto y las funciones cognitivas, muy desarrolladas en los seres humanos.
Por ello la empatía está programada en muchas especies y su expresión es simplemente una cuestión de grado, dependiendo de la complejidad cerebral alcanzada. La forma más sencilla de empatía es la imitación, el contagio emocional -respuestas automáticas fisiológicas, como cuando un gorrión huye del comedero al escuchar un ruido inesperado y todos lo siguen sin dudarlo-. Esta reacción ayuda a la manada o a la bandada a sobrevivir. Más complejo es sentir el dolor del otro e intentar ayudarlo. Evolutivamente, los científicos han descrito este tipo de empatía como altruísmo recíproco, una deuda contraída entre individuos que se ayudan entre sí de forma interesada y continuada.
Más compleja aún todavía es la empatía cognitiva, que implica la capacidad de comprender las emociones de otro ser vivo, es decir, poder ser capaz de ponerse en la piel de otro en función de la imaginación, como cuando el ganador de un partido es capaz de consolar a quien ha perdido.”
“La naturaleza planta las semillas de la empatía en los seres vivos, pero para que puedan florecer mucho depende del entorno social y del cuidado en la primera infancia: necesitamos imperativamente un tejido social coherente y seguro para desarrollarnos adecuadamente. Uno de los pasos que tendremos que dar es aprender a crear los entornos adecuados, sociales, laborales y personales, para prevenir o frenar la tendencia al conflicto y a la maldad.”
“Todos los grandes simios -chimpancés, bonobos y por supuesto humanos- muestran una empatía más desarrollada desde el punto de vista cognitivo. Lo sabemos desde hace tiempo: ya desde 1964 se había comprobado que un mono rhesus no come si para ello tiene que tirar de una palanca que proporciona una descarga eléctrica a un compañero de jaula.”
De la empatía se ha dicho también otras cosas, Elsa, se ha dicho: “Pensaba que los sentimientos y la tolerancia me hacían débiles”. Cuando ciertamente es todo lo contrario, cuando hay empatía es cuando uno se siente fuerte y cuando puede dar amor y de alguna manera ser piadoso.
Pero el autocontrol y la tolerancia a la frustración se enseña también con la disciplina parental y por el hecho de responsabilizarnos de nuestras acciones. Se necesita así menos regulación y disciplina externa para convivir.
MIentras que la falta de atención, deliberada o accidental, apaga la empatía humana. Sin embargo a veces se cae en esta pasividad extrema sin darse cuenta, porque no se fijan en aquello que están ignorando o apartando de sus vidas. Tú hablas por ello de la tentación de la pasividad que mina nuestra capacidad innata.
Y también elogias a la madre Teresa “porque en realidad no sólo cuenta nuestra acción, sino que también cuenta el extraño poder que tiene el ejemplo que damos a los demás y que multiplica la influencia de nuestros actos. Los psicólogos llaman “elevación” al sentimiento de calidez y de emoción que nos provoca ser testigos de los actos compasivos y generosos de las demás personas. El altruismo ajeno conmueve y se contagia con facilidad.”
Gracias, Elsa, porque siempre aprendemos de ti.
Pd: Desde la filosofía se podría decir que Hume habló de la “empatía” frente a la simple “simpatheia” o espontaneidad, y estableció unos deberes que se interconexionen con nuestros sentimientos de acuerdo con el punto de vista del “observador imparcial”.
Aún así la formulación del imperativo categórico kantiano vino a suponer una concreción mayor de lo que podría ser la formulación de un principio de universalización.
~
18 marzo 2010 a las 12:14 pm
“No sólo somos presas del mecanismo de la autojustificación. Las personas tienden a pensar de acuerdo a distintos sesgos cognitivos. Los sesgos cognitivos son el resultado de un comportamiento mental evolucionado: algunos son adaptativos, porque ayudan a tomar decisiones de forma más eficaz o más rápida; otros surgen porque fallan o faltan los mecanismos mentales adecuados, o porque un sesgo adaptativo se aplica en circunstancias equivocadas. Vivir presa de los sesgos cognitvos dificulta de forma notable el pensamiento crítico y la transformación creativa. Existen decenas de sesgos cognitivos: el sesgo de confirmación, por ejemplo, difumina cualquier dato que no cuadre con lo que deseamos creer; el sesgo de falso consenso es la tendencia a creer que la mayoría comparte nuestras opiniones y valores; el sesgo egocéntrico es la tendencia a creer que nuestra aportación a un proyecto colectivo ha sido determinante…
También pensamos en función de muchos mecanismos defensivos que consolidan el mecanismo básico de la autojustificación: la represión -una amnesia motivada-, la negación -el hecho de negar una memoria o una percepción real-, la proyección -atribuir a otra persona un rasgo que en realidad es nuestro-, la racionalización -atribuir estados mentales a razones engañosas-…
En general no nos enseñan los peligros de estos mecanismos innatos, sino que nos dejan enredarnos en sus trampas. Por ello es relativamente -y trágicamente- sencillo manipular a un colectivo: basta con que su pensamiento discurra a lo largo de un sendero marcado, jalonado por los latiguillos automáticos e incontestados en los que ha sido entrenado.
Los psicólogos sociales aconsejan, para evitarlos, vigilar lo que se denomina la pirámide de elecciones: tomamos en el inicio una decisión inconsecuente y la justificamos a medida que pasa el tiempo para reducir la ambigüedad de esta elección. Así podemos acabar lejos de nuestras intenciones o principios originales. Volver a recordar la razón original por la que realmente tomamos una decisión -o no la tomamos- ayuda a deshacer esta pirámide de autoengaños.”
También es que no me canso de leer tu libro Elsa, se puden señalar estos sesgos cognitivos o mecanismos de autojustificación, y es que aquí dices mucho más que en todo lo positivo, muchas veces al señalar lo negativo, lo errores y las trampas que cometemos nos damos cuenta mejor que con tanta teoría o con tanta moral. Pero en fin, son supuestos ejemplificativos, que nos hacen cometer esas mentiras interesadas que tú hablas.
Me ha llamado la atención el caso de las pirámides de elecciones. Las racionalizaciones, es otro tema, se podría volver a tocar este aspecto, Elsa, y que nos lo explicaras así como haces en el libro, porque es muy importante, porque lo justificamos todo, cuando somos jóvenes somos inexpertos, hacemos las cosas sin saber bien por qué las hacemos, y cometemos muchas incoherencias.
Buen, gracias, de nuevo, un saludo cariñoso.
18 marzo 2010 a las 1:43 pm
¡Hola, Virginiawoolf! Hola a todos. Gracias por vuestras palabras y comentarios. Estos temas son tan interesantes… A pesar de que la filosofía moral está dando pasos importantes en el siglo XXI, el debate sigue siendo: ¿La moralidad es más bien producto del entorno o de la biología? Cuando ves las barbaridades que se hacen en nombre de la cultura, (no solo lo evidente, como los crímenes de honor, los infanticidios de niñas, etc… sino todos esos gestos mezquinos o crueles con los que convivimos a diario: la ganadería intensiva, por ejemplo, o la forma de tratar a las personas mayores, etc…), puedes dudar de que hayamos nacido con un sentido moral innato. Personas como Marc Hauser, de Harvard -(hay vídeos de él en Redes y en Ted Talks http://www.ted.com )-insisten, aunque las pruebas todavía son esquivas, en que sí hemos nacido con principios morales abstractos. Afirma que el entorno lo que hace es marcar los parámetros y guiarnos hacia la adquisición de determinados sistemas morales, y allí empiezan los problemas.
Lo que en todo caso estamos comprobando más y más a medida que entramos en la caja negra del cerebro es que el entorno es crucial para todo. Y las convenciones culturales del entorno moldean y dirigen nuestro comportamiento social colectivo y personal. Por ello, coincido plenamente con lo que dices: en vez de moralizar y adoctrinar en plan Kantiano, me parece más útil comprender los mecanismos cerebrales que ya conocemos, sobre todo los más oscuros, los que están agazapados en las costumbres y en el inconsciente (por ejemplo, el impresionante mecanismo de auto-justificación que nos persigue a diario)- porque esos si que los podemos contradecir de forma consciente.
También creo que a pesar de que existen muchas personas y comunidades haciendo cosas admirables, no se amplifican ni se potencian las voces y modelos sociales que reflejen de forma patente de lo que somos capaces cuando utilizamos positiva y creativamente los dones de nuestra especie. Un abrazo a todos.
18 marzo 2010 a las 11:43 pm
Esta forma de ver la sociedad, encaja muy bien con el pensamiento actual que tengo como visión del mundo, en el que la realidad es tan dura que cada uno se inventa sus mentiras para conseguir vivir el día a día de una forma más sencilla.
Incluso da un paso más cuando indica que no solo el individuo sino la sociedad asume las mentiras para facilitar la convivencia.
19 marzo 2010 a las 12:19 pm
Respecto a los modelos sociales: es más seguro animarnos a pensar que no damos para más. Y todos tan contentos, nadie se siente menos que el vecino.
19 marzo 2010 a las 9:47 pm
[...] Elsa Punset: 18 Marzo 2010 a las 1:43 pm [...]
19 marzo 2010 a las 11:36 pm
“Cada gesto es una escuela de pensamiento y de sentimiento. Hay que mirarlos de frente, sin invocar usos culturales posiblemente trasnochados y dañinos para justificarlos”. Aquí, con permiso, pero no estoy de acuerdo, porque los gestos tienen sólidas bases culturales (Desmond Morris) que a veces y hasta dentro de la cultura europea pueden causar malentendidos.
“Si vamos a sacralizar algún aspecto de nuestro comportamiento colectivo, a declarar alguna cosa Bien de Interés Cultural, propongo pues que sea la empatía, algo digno de mostrarse en las plazas cuando éstas queden vacías”.
Si me permites, y si no estoy equivocado (porque dudo que estés pensando en el sentido muy estrecho de la cultura hispánica) yo cambiaría “Cultural” por “Universal”.
Nuestros gestos muchas veces no son actos conscientes. Por ello no se puede decir que baste con cambiar algunos de ellos que nos acompañan a diario.
El último párrafo, aunque entiendo perfectamente lo que quieres decir, tiene el punto de vista sesgado, o sea, el del mundo llamado “civilizado”. Pero 3/4 partes del mundo, si no, más, puede, y con razón, levantar objeciones. Se me ocurre ahora, por ejemplo, la circuncisión femenina o el apedreamiento por infidelidad conyugal que son cuestiones muy controvertidas viendo el problema de las perspectivas culturales diferentes (no constituye ninguna controversia mirándolo desde nuestra perspectiva) o la guerra santa de los musulmanes radicales, para no hablar de las culturas “primitivas” en el sentido antropológico.
A medida que el mundo se va “civilizando” tu opinión parece justa, pero el camino va a ser muy largo. Ahora tu opinión en el sentido universal, por muy buenas intenciones que tengas, puede sonar ofensiva para muchos. Cabe recordar que los cristianos hace 200 – 900 años no eran mejores que los musulmanes radicales hoy en día.
Gracias por el site TED. Estupendo. Desconocía su existencia.
Un cordial saludo.
20 marzo 2010 a las 7:34 pm
Creo que la mayor mentira que nos contamos y que esta enraizada dentro de la costumbre y la cultura, es la de la procreación. Nos hemos auto convencido de que necesitamos procrear que realmente es imprescindible para supervivencia de la especie. Incluso hemos usado la medicina y el temor a enfermar para hacerla mas creíble y verídica.
20 marzo 2010 a las 9:08 pm
Me he acordado de estas palabras del periodista Herm Albright: “Una actitud positiva tal vez no resuelva todos tus problemas, pero fastidiará a tantas personas que merecerá la pena.”
22 marzo 2010 a las 8:33 pm
“Mentiras interesadas” que vivimos como verdades hasta que la conciencia las delata. “Mentiras interesadas” defendidas por nuestro “yo engañado”, ese que marca el guión de nuestras vidas, ese que nos ayuda a superar momentos difíciles y que acaba limitando nuestro crecimiento si no las hacemos conscientes.
24 marzo 2010 a las 11:55 am
Este artículo me ha recordado aquello de aplicar “el sentido común”. Pero el sentido común de quien? Porque más de una vez si lo aplico no me beneficia… pero si no lo aplico, me aparto del resto… Y ahora que hago? jiji Pues lo que mas me convenga aunque sea distinto de lo que haría la mayoria. A verces lo más fácil nos lo hacemos bien difícil, por la costumbre y las normas del bien hacer…
2 abril 2010 a las 1:20 pm
Hola,parece que últimamente en mis reflexiones todas, van a dar a una cosa llamada Empatía, ya sesa el doumental de redes del otro día y lo que aquí se ha hablado (vs. escrito)
En “redes”en este programa se habla de la empatía, desde varios puntos de vista como es el humano y el de los animales.
POr otra parte tu apuntas que “…la naturaleza planta las semillas de la empatía en los seres vivos, pero para que puedan florecer mucho depende del entorno social y del cuidado en la primera infancia: necesitamos imperativamente un tejido social coherente y seguro para desarrollarnos adecuadamente. Uno de los pasos que tendremos que dar es aprender a crear los entornos adecuados, sociales, laborales y personales, para prevenir o frenar la tendencia al conflicto y a la maldad.”
En mi experiencia personal creo que trabajo la empatía con mis alumnos: cuando hacen una conducta incorrecta les digo que piensen si a ellos les gusta que les hagan eso que acaban de hacer, que se pongan en el lugar de la otra persona.Suelen decir que no, que no les gustaría que les hicieran eso. Pero esa conducta se vuelve a repetir en otras ocasiones.
Esto me lleva a pensar que la empatía es cuestión de aprendizaje o de maduración??
Una vez más te podría decir eso de ¿ Tienes alguna pauta para trabajar el desarrollo de la empatía?
Porque a veces se crea un vacio, no sé, los niños saben que algo está mal pero lo siguen haciendo, ¿Por qué no piensan? ¿Por qué no saben dar el paso a la verdadera empatía?
porque ellos entienden que esa conducta esta mal, pero la siguen haciendo aun sabiendo que a ellos no le guataría que les pasara lo que acaban de hacer