¿Qué diferencia hay entre una persona que hoy se va de viaje a la India y un viajante del siglo XVIII?
En primer lugar la rapidez y facilidad de ir a India: hoy día 14 horas de avión y en el siglo XVIII, de dos a tres meses.
En segundo lugar la simplicidad de la preparación y la eficiencia de la ejecución: “lo pienso hoy y lo hago hoy o mañana” si quiero para el primero, mientras que para el segundo viajero, el viaje a India representaba un gran trabajo de planificación, entre “lo pienso” y “lo hago” y entre “lo hago” y “consigo llegar “.
En tercer lugar el viajero de hoy en día sabe lo que va a ver, porque a través de los medios de comunicación habrá visto ya decenas de documentales sobre India, podrá haber leído libros sobre su cultura, haber escuchado música y sonidos e incluso conocer ya los sabores de su cocina, mientras que el viajante del siglo XVIII no ha visto nada, a parte de algún dibujo o pintura y quizás haber leído algún texto como los de Marco Polo y alguno más, quizá conocer el sabor de alguna de las especias.
Por favor, active Javascript y Flash para poder ver el vídeo Blip.tv. Según el psicólogo Barry Schwartz, entrevistado en el programa Redes 52 (“Por qué más es menos“), la abundancia de la sociedad moderna no produce más satisfacción sino lo contrario.
A primera vista se podría decir que el viajante de hoy tiene todas las ventajas y es cierto, bajo muchos puntos de vista.
Imaginémonos sin embargo la enorme diferencia que habría al llegar y descubrir India entre el viajante de hoy que ya sabe y el viajante del siglo XVIII, que durante toda su estancia se quedará constantemente maravillado, con la boca abierta.
Entre el viajante de hoy, que no ha hecho ningún esfuerzo para ir a India, para planificar su viaje, que no ha tomado ningún riesgo por ello y el otro viajante, que solo el hecho de llegar era de por sí un éxito y un desafío cumplido, como el de regresar, con toda la plenitud que ello conlleva.
Hoy me compro unos zapatos, los elijo entre miles, estoy contento. Al cabo de los seis meses salen nuevos modelos con todas las publicidades que los acompañan, mis zapatos están todavía muy bien pero no logro resistir a la presión y me compro otros nuevos. ¿Qué pierdo? Un dinero gastado por algo que no necesitaba, unos buenos zapatos que ya no utilizaré, pero sobre todo el placer y el cariño de cuidarlos, de ponerle la grasa, cepillarlos, verlos envejecer con las grietas que se producen en el cuero, con las huellas que deja el tiempo, con los recuerdos y con toda la relación de afecto que se puede obtener de los objetos que nos acompañan.
Podría ser que todas estas facilidades proporcionadas por las diferentes tecnologías, estas inmensas posibilidades de elegir entre muchísimas ofertas mediadas por terceros, nos pongan algún problema a la hora de poder vivir emociones primarias, auténticas, o dicho de otra manera, que demasiada oferta mata la oferta. Entonces ¿cómo quedarnos con lo que nos importa sin correr el riesgo de romper un equilibrio antiguo “esfuerzo/ reto cumplido/ plenitud“ y sin que todo ello nos convierta en seres apáticos?
Estas consideraciones son probablemente uno de los desafíos al cual tenemos que hacer frente como personas modernas y que viven en un contexto líquido, como diría Zygmunt Bauman.
En definitiva, lo que preocupa, no es el hecho que las tecnologías tengan una evolución tan importante y rápida en nuestra época, cosa de por sí positiva y sobre todo inevitable, sino nuestra capacidad y preparación para gobernar y auto gobernarnos frente a los cambios que las mismas nos producen y en particular en la esfera emocional.
Si ayer nos preguntábamos ¿qué podemos hacer con las tecnologías? hoy es probable que la pregunta sea: ¿qué puede hacer la tecnología con nosotros?, ¿quién gobierna quién?
El gran poeta español Joaquín Sabina hizo una canción que tituló “Quién me ha robado el mes de abril”, mes donde se siente la explosión de la primavera, creo que también a través de su poesía nos estimula a pensar en “Quién me ha robado mis emociones primarias”.
El trabajo de divulgación que recientemente se está desarrollando sobre la inteligencia emocional nos será de gran ayuda para comprender esta especie de Spleen como decía Baudelaire, del hoy en día.
Luca Franceschi




22 febrero 2010 a las 2:57 pm
No estoy para nada de acuerdo con lo que comenta en su artículo.
1º- “Entonces ¿cómo quedarnos con lo que nos importa sin correr el riesgo de romper un equilibrio antiguo “esfuerzo/ reto cumplido/ plenitud“ y sin que todo ello nos convierta en seres apáticos?” Siempre habrá cosas que nos cuesten trabajo, ya no serán unos zapatos sino cosas “más importantes”: aprender, conseguir un trabajo más satisfactorio, tener hijos y darles la mejor educación, etc. Gracias a la tecnología, ya no necesitamos tener ninguna dependencia afectiva con los objetos. Deberíamos educar a las futuras generaciones para que aprecien esto y se dediquen a cultivarse y a esforzarse por cuidar de ellas mismas y de mejorar los valores de la sociedad.
2º- “Si ayer nos preguntábamos ¿qué podemos hacer con las tecnologías? hoy es probable que la pregunta sea: ¿qué puede hacer la tecnología con nosotros?, ¿quién gobierna quién?” La tecnología sólo gobierna a los que no la entienden, a los que, tras la típica escusa “yo soy de letras” no saben en qué mundo viven ni cómo viven… La responsabilidad de todo ciudadano en la sociedad actual es luchar contra la ignorancia: estudiar, leer, informarse, etc. ¡El que se quede atrás que no se queje! Nada ni nadie le gobierna… se deja gobernar (sin duda es más cómodo).
3º- “Quién me ha robado mis emociones primarias” Nuestras emociones primarias están GRABADAS en nuestros genes y ninguna tecnología será jamás capaz de eliminarlas. Para poder grabarse han pasado 3,5 mil millones de años de evolución…. Por muy modernos que seamos, nos sigue gustando lo mismo que a nuestros ancestros cazadores-recolectores.
Un atento saludo
Clara Peregrín Pedrique
22 febrero 2010 a las 3:11 pm
Comparto gran parte de la opinión de Clara.
22 febrero 2010 a las 3:18 pm
Interesante reflexión, Luca.
¿Hacia dónde nos dirigimos? Porque siguiendo el programa de ayer en la 2 sobre la fusión del alma y la tecnología aprendí que habrá millones de “nanobots” interactuando con mis neuronas y que seré capaz de hacer una copia de seguridad de mis recuerdos, de los conocimientos que tengo en el cerebro. Si pudiera introducir en mi cerebro esos “nanobots” con conocimientos prefijados, aprendería en cuestión de segundos cualquier conocimiento. Como en Matrix…
Como acertadamente dices: ¿Dónde queda la ecuación “esfuerzo/ reto cumplido/ plenitud“ ?
Un saludo
Manel Hernández
22 febrero 2010 a las 3:23 pm
Un inciso para el debate: algunas personas, por ejemplo el neurocientifico Antonio Damasio, han alertado de que un posible problema de las nuevas tecnologías pueda ser que se utilicen de forma muy superficial y rápida, tanto, que no den lugar a una conexión real entre personas. Esto, claro, depende de cómo se utilicen, no de las tecnologías en sí mismas. En este caso, no se darían las condiciones mínimas para que haya empatía (la empatía, para florecer, requiere un mínimo de contacto entre las personas, un mínimo de atención.) Este tema también lo comenta Daniel Goleman cuando cuenta el experimento de los seminaristas de Princeton (viene en su página web). Un abrazo.
22 febrero 2010 a las 3:36 pm
Pues yo no,
si que sigue existiendo la dependencia afectiva hacia los objetos, sinó porque sinó el fenomeno “Tuning” no tendria ningun sentido. La tecnilogia no te libera de eso.
Quien gobierna a quien? Cuando la mayor parte de tu rutina diaria depende de la existencia de la electricidad, los transportes a motor… seas de ciencias o letras tu dia al completo depende de la tecnologia; o ahora lavais la ropa a mano, escribis cartas y las enviais por con palomas mensageras o os desplazais por la ciudad en caballo?
22 febrero 2010 a las 4:00 pm
Es el tema de nuestro tiempo y, a la vez, extraordinariamente complejo. Decir: “Todo depende del uso que se haga de la tecnología” parece una perogrullada y una panacea sencilla pero, siendo la solución (creo que poco cuestionable) al problema, entraña en sí misma una enorme complejidad. Ese “uso que se haga de la tecnología” impone, incuestionablemente, límites y cautelas, pero para que éstas puedan ser efectivas en forma de leyes y normas es necesario un real cambio de mentalidad del ser humano moderno. Los maorís de Nueva Zelanda y tantos pueblos primitivos tenían y actuaban según esta conciencia: sabían que si podaban o cazaban indiscriminadamente acabarían con su propia existencia. Hoy, el reto y la amenaza es a escala global. La subsistencia del ser humano está abocada (y fatalmente condicionada) por un radical cambio de valores que de paso a un nuevo humanismo que revise desde la A hasta la Z los conceptos de Modernidad y Progreso.
22 febrero 2010 a las 4:08 pm
Creo que el artículo está claro (para mí). Por ejemplo: Yo tengo teléfono movil, disfruto de sus ventajas pero no dependo de é l hasta el punto de tener q llevarlo detrás hasta en el wc, la mayor parte dle tiempo está o descargado o camuflado en algún lugar….. tampoco lo cambio según salen nuevos modelos, más bien lo hago cuando comienza a fallar……..en este caso, creo que el movil NO me gobierna, sino yo a él; me aprovecho de la ventaja de tenerlo; tampoco sustituye las relaciones cara a cara, que las prefiero de todas todas.
Yo he entendido el artículo de esta forma……
22 febrero 2010 a las 4:26 pm
Yo estoy totalmente de acuerdo con Punset y por supuesto que la tecnología no te libera de la dependencia afectiva hacía los objetos, (gracias a Dios) y acerca del comentario de Manuel Hernández (ayer no pude vel programa), pregunto: esa copia de seguridad de los recuerdos, los clasificas y separas? o tienes que cargar con los malos recuerdos también?
22 febrero 2010 a las 4:39 pm
Y siguiendo lo imaginado en películas, en Total Recall salía la realidad virtual perfecta, el sujeto podía viajar a Marte y tener una experiencia sensorial completa sentado en un sillón.
¿Qué pasará cuando no tengamos que movernos físicamente del lugar para viajar donde queramos?
Si la tecnología crece exponencialmente, no está tan lejos el poder tener una realidad virtual absoluta, con experiencias de nuestro cerebro totalmente sensitivas, con lo cual no distingamos si hemos hecho ese viaje a la India de manera real o virtual. ¿cómo compararnos entonces con el viajero del siglo XVIII o el de hoy?
La realidad no es más que la reconstrucción de lo que nuestro cerebro percibe, si esa percepción proviene de lo virtual no importa.
¿o sí?
Sobre el comentario de Elsa y con lo que aporta José. Las nuevas tecnologías son herramientas y las podemos catalogar según el uso que les demos. Habrá quien las utilice superficialmente y no consiga esa conexion y habrá quien si consiga empatizar con otro y conectar.
Pero eso ya es así con casi todo, en temas que no me apasionan paso superficialmente y el los que me motivan tengo un alto rendimiento.
Es como dice Goleman, “el simple hecho de prestar atención establece una conexión emocional”, lo mismo en la calle ante un mendigo, que en una realidad virtual o usando nuevas tecnologías. Por eso, Elsa, depende de cómo se utilicen, no de las nuevas tecnologías en sí.
Un abrazo
Manel
22 febrero 2010 a las 4:53 pm
Yo entendí así el artículo… mientras más tenemos y más conocemos, más queremos…la publicidad y el avance de la tecnología hace que cada vez sepamos más, y queramos conocer más cosas, por lo que no nos sentimos totalmente satisfechos, ya que hay un gran abanico donde elegir y como hay tanto de todo, acabamos aburriéndonos…nuestras emociones están causadas por nuestras elecciones, y nuestras elecciones por lo que nos viene impuesto, el avance tecnológico y sobre todo la publicidad. Yo en mi caso uso lo necesario, elijo lo necesario, sabiendo que hay algo mas dónde elegir, creyendo que puede ser mejor porque sea más avanzado o más bonito…al final, si te acostumbras a tener lo que más se ajuste a tí, serás felíz.
22 febrero 2010 a las 5:07 pm
Me comentaba en una ocasión una amiga, profesora de primaria, que asistía atónita a un fenómeno extraño. “Los niños ya no juegan en el patio de recreo. No saben. Y cuando lo hacen, no comparten juego, es como si estuviesen solos frente a algo que no consiguen controlar sin un mando, y casi siempre suelen terminar a patadas”.
Evidentemente es un ejemplo de anulación completa de instintos primarios, de el de la socialización y la necesidad de juego en los niños, es la manera de conocerse a ellos mismos y a lo que los rodea.
Yo sí creo que nos están robando peligrosamente el mes de Abril. Creo que nos equivocamos de cabo a rabo. No es que sea una visión apocalíptica del tema, pero con respecto al uso indiscriminado de ciertas tecnologías, a no poner un tope de tiempo, de edad, a no educar sobre la verdadera utilidad de las cosas… Tal vez porque la vorágine generalizada nos empuja a lo cómodo, y mientras un niño está embebido en una nitendo, o en un móvil, nos deja tranquilitos y no da guerra, por ejemplo. Tal vez también porque parece que ya no está de moda encariñarse con unos viejos zapatos o unos viejos vaqueros… quién sabe.
Decía Galiano, el escritor uruguayo: Me caí del mundo y no sé por donde se entra.
Pues eso, yo también me caí del mundo, pero con respecto a ciertas cosas me da igual por donde se entre.
22 febrero 2010 a las 6:07 pm
Bueno, empezaría diciendo que la diferencia principal entre el hombre del siglo XVIII y el actual (de la sociedad/cultura en la que vivimos) es el cúmulo de circunstancias que nos rodean, ambientales y culturales. Quiero decir, que no hace falta escandalizarse por maravillarse o no al hacer un viaje.
La manera de afrontar el día del sr. del s. XVIII y la del hombre de clase media hoy ya es muy diferente, entre otras por el miedo a resfriarse o comer o no comer, cuando hoy en día no convivimos con ese miedo a diario (nosotros). Pero no se nos escapa el valor de las cosas, las relativizamos por la repetición a lo largo del tiempo, y les quitamos importancia vital. (Nos acostumbramos) Con la tecnología, con los avances médicos, nos pasa lo mismo. Hoy no nos planteamos que le saquen una muela sin anestesia.
El hombre intenta gobernar su propia vida. En cuanto al valor tecnológico de las cosas, quizás hay más tecnología en un compás que en un móvil. Creo que se genera un romántico un temor, más allá de la suspicacia. La cautela puede ser de gran ayuda, pero no guía. La educación y el libre fluir de la creatividad personal hacen madurar al hombre y superar muchos de estos miedos. De igual manera, la apertura mental nos libera de prejuicios -negativos o positivos- y en la respuesta sensorial a los estímulos, en la en concentración de nuestros sentidos encontramos la maravilla.
Con la aparición de la imprenta seguro que hubo también muchos miedos que hoy nos resultarían incomprensibles.
Sobre el mes de abril: vuelve cada año.
Mi particular primavera: es un secreto que guardo en un recuerdo que quiero olvidar. Para que no se me escape. Paradójico!
22 febrero 2010 a las 8:00 pm
Comparto plenamente, he nacido y crecido en un país donde la tecnología y el viajar no es tán fácil, cuesta demasiado y solo pocos lo hacen. Viviendo en Europa constaté como la mayoría de los jóvenes eran muy apáticos. Todo les estaba dado, todo estaba ya experimentado, todo era fácil de conseguir. Sin embargo, nada les llamaba la atención. … Al comentar esta sensación con otras personas de mi nacionalidad y otras, coincidimos en esta visión.
el artículo me hizo acordar mucho esto que yo ya había pensado alguna vez
22 febrero 2010 a las 9:34 pm
Me encantó. Creo que es fundamental confiar que hace falta educar desde pequeños para decidir con el corazón y no exclusivamente “pensando”. También sin duda es fundamental prepararse, conocer la diversidad y de esa manera tener la capacidad de decidir evitando la duda y de esa manera confiar en que nuestras decisiones fueron las mejores para ese momento preciso. Evitar el arrepentimiento, que no lleva a nada. Felicidades. Me encantó el video de Barcelona.
22 febrero 2010 a las 10:12 pm
julian barbour no se si te dijo que para que exista el tiempo debe haber un antes y un después (pasado y futuro).Si ese pasado fuera real seria que existe ahora,en este momento(y ya no seria tal pasado). Para que exista tendria que estar ahora aqui. Lo mismo ocurre con el supuesto futuro…
Afirmar que existe el tiempo es afirmar la existencia del movimiento.
Creo que es una ilusion creada por la percepción y comparto con julian que el universo es estatico y atemporal.
Los fisicos han demostrado en laboratorios y con pruebas comprobadas
estudios sobre los colores…(han trabajado sobre una abstraccion),los colores son una ilusion y no existen como tal. Son un fenómeno de la luz debido a las longitudes y frecuencia de ondas electromagneticas.
Paradójicamente tendriamos que percibir la realidad liberandonos de las propias limitaciones de nuestra percepción.
Pocos hombres han sabido mirar detrás de la cortina….
22 febrero 2010 a las 10:39 pm
Prestar atencion es lo dificil ya que la oferta de informancion es tan abrumadora que ya el propio de hecho de escoger que es lo que me interesa es duro…especialmente para espiritus que tienen intereses polifaceticos…uno ha de escoger sus intereses con gran empatia hacia uno mismo en primer lugar y al entorno en segundo lugar…
22 febrero 2010 a las 11:30 pm
Creo que lo que quiere decir luca franceschi es que diariamente estamos “bombardeados” por mensajes que nos inducen al consumo, a renovarlo todo aunque todavía sea útil, porque así nos sentimos mejor. Ésta dinámica nos impide disfrutar las cosas, saborearlas,apreciarlas….seguramente un segmento de la población no se afectara por ésto, pero podemos pensar lo mismo del segmento más joven, adolescentes, que ya han nacido inmersos en la dinámica. Para ellos eso es lo normal. Que dificil tarea educar pzra que aprendan que “lo corriente no es siempre lo normal”
22 febrero 2010 a las 11:42 pm
Comparto los conceptos del artículo, y creo que el autor deja de lado algún otro, seguramente para no asustar y fomentar la lectura.
Pienso que el ante el autogobierno frente a las nuevas tecnologías cada individuo tiene mejores o peores habilidades; igual que para arreglar un pinchazo o perseguir un venado. Simplemente hay gente más hábil y gente menos hábil, y para gestionar bien las nuevas habilidades que la tecnología nos plantea, aprecio una muy baja formación en el uso de la tecnología, unida a una errónea percepción de hacer un buen uso de la misma por el hecho de manejarla habitualmente. ¿un ejemplo? los teléfonos con correo electrónico. Muchos respondemos de forma compulsiva desatendiendo a la actividad que realizamos en ese momento, dispersando nuestra atención y haciéndonos creer que responder a varias actividades no afecta a nuestro rendimiento:
1) las 2 actividades (responder al mail y la interrumpida) se realizan con menor éxito.
2) el tiempo empleado en responder interrumpiendo es superior al necesitado para responder cada tarea por separado
lo que me daría una paradoja: por hacer rápido mis tareas; las hago más lento!! y con menor eficacia!!
Por otro lado, sabemos que el cerebro no está capacitado para procesar adecuadamente el exceso de información que recibe; y paradójicamente, según el artículo, parece que la forma de evadirse del exceso de información, sería: ¡¡buscar y consumir más información!! (semos la leche, oyesh
23 febrero 2010 a las 12:03 am
Bueno, no tengo seguramente la respuesta adecuada pero es mi impresión, ni creo que nadie tenga una unica respuesta adecuada. En este texto pude ver grandes verdades al igual que en los comentarios del foro que lo contradecían, es curioso.
Creo no obstante, que la capacidad sorpresiva depende de la persona en sí hay personas que nada les interesa lo suficiente como para conmoverles y personas que miran con la ilusión de un niño de pocos años todo lo que le acontece, y quizas las tecnologías no tienen la culpa de nada de eso es el espiritu la personalidad que hayas desarrollado a lo largo de tu vida.
Comprendo que la gran venta comercial y el mundo de la competitividad que existe, es una facilidad en ocasiones para ocuparse de asuntos más necesarios o primarios pero para eso hay que no dejarse llevar por la competitividad y la venta porque si no caes en un continuo correr sin disfrutar ninguna meta. Y para eso hay que saber disfrutar de todo incluso los pequeños instantes y los pequeños objetos que formaron parte de una vida que lograste mejor o peor a los ojos de otros pero la tuya. con paisajes de la India o el de tu ventana.
23 febrero 2010 a las 12:23 am
Creo que la dependencia de todos los avances tecnológicos es muy negativa.
El ordenador, el móvil, etc., nos tienen esclavizados a todos en mayor o menor medida y, aunque es innegable que son utilísimos, tienen esa contraprestación negativa de hacer en cierto modo del hombre su esclavo. Un ejemplo muy claro: en mi época como universitaria obtuve mi título sin tocar un ordenador, hoy día te exigen en la Universidad una conexión a internet de alta velocidad para poder usar el Campus virtual…
Es decir, si quieres “desengancharte” de internet no puedes porque el sistema está estudiado para que todos lleguemos a depender de ese producto para desarrollar nuestro trabajo e incluso parte de nuestra afectividad.
Mi abuela no pasaba ni un minuto enfrente de una pantalla y era tan feliz y tan plena, y quizás más auténtica y natural que los robots en los que todos nos estamos convirtiendo con el bendito-peligroso-vertiginoso avance tecnológico. Nos comunicamos más, pero no sé yo si mejor. Personalmente nunca he conocido/quedado con una persona con la que haya contactado por la red, es algo que siempre me pareció extraño, y me lo sigue pareciendo. ¡¡Soy una antigua!!
Saludos cordiales.
23 febrero 2010 a las 1:15 am
¿No nos suele dejar mejores recuerdos un largo trayecto en barco o por carretera que viajar al mismo destino en avión? ¿No sabe mucho mejor esa tortilla con espárragos que hemos recogido un dia en el campo que una hecha con otros comprados en el super? ¿No apreciamos más ese mueble que hemos construido nosotros mismos? ¿No es el tiempo y las adversidades que nos unen más a las personas?
Ahí estan claves: mayor tiempo de dedicación + mayor esfuerzo = mayor valor
23 febrero 2010 a las 1:43 am
Clara, jamás en la historia de la humanidad, ninguna guerra entre seres humanos había causado tantas muertes como la primera y la segunda guerra mundial. La tecnología, mal utilizada, tiene estas cosas… pero no solo por su mayor poder de destrucción. El problema principal es que la tecnología aísla, despersonaliza, reduce los posibles vínculos emotivos con el “otro”. A los seres humanos de hoy, les cuesta menos apretar un botón y dejar caer bombas encima de un poblado que ni ven porque están en el cielo, que antaño, cuando se enfrentaban con el enemigo cuerpo a cuerpo, y mirándose directamente a los ojos. Como ves, la tecnología, sí puede llevarnos a un estado de letargo emocional…
23 febrero 2010 a las 10:08 am
No es la mismo ser un turista que un viajero.
En nuestros días quedan viajeros que estiran el tiempo para empaparse del camino y del destino.
Con la tecnología nos sucede parecido.
Somos turistas de modas y generaciones de productos.
Con el afán de cambio por el cambio, según nos dicen los catálogos, no llegamos a utilizar ni el 25% de las posibilidades de nuestras últimas adquisiciones.
Demasiados turistas del consumo.
Un saludo
23 febrero 2010 a las 10:23 am
Excelente post, gracias. Un poco melancólico, quizás, pero es que los que nos vamos haciendo mayores (yo tengo 33 pero ya me empiezo a sentir de la antigua generación en comparación con tanto niñato maleducado, consentido e inculto como hay hoy en día) sentimos que la vida ya va demasiado rápido y que la gente ya no se para ni un segundo en reflexionar qué es lo que vale cada cosa. Consumo hyper-rápido.
23 febrero 2010 a las 11:08 am
Con respecto a la frase “esfuerzo/ reto cumplido/ plenitud“ me gustaría apuntar que ese esfuerzo del que tanto se habla está, en mi opinión, demasiado valorado. Si no consigues algo con esfuerzo parece que no lo has merecido, que no se valora de la misma forma que a quien le ha costado “sudor y lágrimas” como se suele decir. Soy profesora y continuamente observo cómo a los alumnos que “no les cuesta” no se les valora tanto su trabajo y su constancia. ¿Qué pasa con aquellas cosas que se han obtenido sin esfuerzo? ¿para quién pierden importancia? ¿o porqué han de ser menos satisfactorias o plenas para quien las consigue?
23 febrero 2010 a las 11:26 am
Yo creo que es demasiado general hablar de las diferencias entre viajeros del siglo XVIII y el actual y saber si uno quedará maravillado y el otro no. Creo que eso depende mucho de la personalidad de las personas. ¿Que espero de ese viaje? igual que que espero de la tecnología o de unos zapatos,muchas veces ponemos tantas esperanzas y anelos en los objetos,viajes, que es ridículo. Si yo me siento guapa, estará bien esos zapatos bonitos, pero no me sentiré fea sino los tengo,ni sentiré ansiedad al elegir unos zapatos porque se que los zapatos no tienen una varita mágica para hacerme sentir bien. Si te sientes bien, puedes sentarte y poder disfrutar de unos zapatos, de un viaje a la India in situ o virtual.
23 febrero 2010 a las 8:54 pm
Hola me alegra mucho leeros.
Unos cuerpos son como flores
otros como puñales
otros como cintas de agua,
pero todos, temprano o tarde,
serán quemaduras que en otro cuerpo se agranden,
conviertiendo por virtud del fuego a una piedra
en un hombre.
Pero el hombre se agita en todas direcciones,
sueña con libertades, compite con el viento,
hasta que un día la quemadura se borra,
volviendo a ser piedra en el camino de nadie.
Yo, que no soy piedra, sino camino
que cruzan al pasar los pies desnudos,
muero de amor por todos ellos;
les doy mi cuerpo para que lo pisen
aunque les lleve a una ambición o a una nube,
sin que ninguno comprenda
que ambiciones o nubes
no valen un amor que se entrega.
LUis Cernuda
24 febrero 2010 a las 2:44 am
Porque mas es menos? La verdadera razon es esa: Tenemos mas cosas, entonces NOS TENEMOS QUE OCUPAR de mas cosas. Y eso toma tiempo. Tenemos entonces menos tiempo para VIVIR.
24 febrero 2010 a las 1:54 pm
Buen post, enhorabuena.
En cualquier caso me resulta necesario introducir el concepto de “expectativa” como factor, no sólo condicionante sino incluso, “determinante” del proceso emocional de la satisfacción. No importa el valor que genere un producto sin percepción, la percepción es el único valor humano de un producto y ese valor se compara a un proceso emocional anterior que es la expectativa. Para dar un ejemplo numérico: “si yo espero que un producto me reporte un 8 y luego me reporta un 3 estaré muy poco satisfecho. Pero si yo esperaba un 2 y me reporta un 3 estaré sobradamente satisfecho”. Como podemos ver el valor-producto es el mismo en ambos casos.
El vendedor de zapatos (un gran ejemplo) no vende zapatos. ¿Por qué? porque sus clientes no compran zapatos, compran emociones: ser más clásico, más alternativo, más punk, más hippie; porque si vendieran zapatos (elementos para proteger nuestros pies, desde su enfoque de producto) todos los zapatos serían cómodos, abrigados o frescos, pero todos serían iguales, y todos tendríamos un sólo par de zapatos. Por eso considero que debemos reflexionar sobre algún tipo consumo como consecuencia de las emociones y no viceversa.
Si el vendedor de zapatos ya comprendió que vender zapatos es una ruina ¿sería adecuado o un auto-engaño pensar que nosotros compramos zapatos?
En mi humilde opinión lo psicológicamente sano es ser conscientes sobre nuestro consumo, ser incluso responsables sobre lo que él genera, reconocer los detonantes del mismo, y ante todo asumir una visión mucho más amplia de “la tecnología” como modelo de progreso, o acumulación de conocimientos, e intentar que ese avance de la ciencia vaya siempre a la misma velocidad que el avance de la consciencia, porque es allí cuando la tecnología se vuelve claramente peligrosa, cuando tenemos coches que no sabemos conducir, o bombas que no se deberían lanzar, o cuando miramos hacia otro lado ante el sufrimiento ajeno. Entonces sí, coincido, la tecnología no es una herramienta sino un peligro. La sociedad actual se comporta como “un loco”, darle tecnología es como darle al loco, además, un cuchillo.
Saludos!
24 febrero 2010 a las 9:46 pm
total mente de acuerdo con la cantidad de posibilidad es pero a esos
se suma el miedo a perder lo que con tanto sacrificio as conseguido
25 febrero 2010 a las 2:31 pm
Os comentaré un ejemplo del desastre al que nos llevan las nuevas tecnologías, hace unos días mantube una charla con una chica de un nivel sociocultural medio alto muy aficionada al cine. Nuestra charla versó sobre la última película de Almodovar (Los abrazos rotos), a mi me parece una gran película pero mi amiga no estaba deacuerdo conmigo a pesar de ser una fiel seguidora del manchego. Hasta ahí nada que objetar para gustos se hicieron los colores, pero cual es mi sorpresa cuando mi interlocutara me menciona que ella ha visto la película a través de su ipod. En ese momento yo dejo la discusión y la digo que cuando vea la película en una pantalla de cine y no en un cacharro diminuto por muy grande que me querais decir que tiene la pantalla volveré a discutir con ella sobre la peli, aunque la magia del cine en su primera vez la haya perdido gracias a los avances tecnológicos.
26 febrero 2010 a las 9:30 pm
Hola a todos,
¿seremos capaces de que el próximo mes de abril se parezca un poco al mes de abril que esta de momento escondido en nuestros corazones?
¿Cuando nos vemos describiendo tan bien lo que le pasa a nuestros pequeños, NOS PARAMOS EN SECO LOS MAYORES o seguimos en el juego de las descripciones?
¿Qué puede hacer la tecnología por el hombre? Buena cuestión. Kenedy pregunto algo semejante a los americanos para que salieran del inmovilismo cómplice.
Me apunto a que la lavadora me permita dejar un rato de ser maruja y poder estar haciendo otras cosas. Hay que revisar profundamente los valores del modernismo y del progreso
Agradezco también a ese poeta que nos haya alegrado el post con su sensibilidad.
Creo que si en el siglo pasado, hubo una primera y segunda guerra mundial, ahora hay una guerra en marcha y es hacer de los individuos, muy sutilmente, LIMBOS PENSANTES, como último recurso para escapar sanos y salvos y sobrevivir en una sociedad donde el SATURNO Y El MARCiANO que todos llevamos dentro, pretender imponer sus reglas.
Digo Saturno porque devorarnos vivos de estrés por dentro es solo propio de un Saturno . Y digo Marciano porque la fuerza del ser humano , su mente, está pretendiendo mirar para otro lado, solo “TIRAR PALANTE”, llevarnos a Marte, partirnos en dos y llevarse a sus vuelos planetarios lo mejor del ser humano QUE ES SU CAPACIDAD DE INTEGRACIÓN DE SI MISMO Y CON LO DE FUERA.
UN MARCIANO SOLIDARIO debería estar barriendo, limpiando, curando y queriendo al tercer mundo, nosotros incluidos, dentro de ese tercer mundo.
TODO ESTO SOLO SE VA ARREGLANDO SI NUESTRA DETERMINACIÓN MENTAL ES PONER COTO A NUESTRA MENTE Y NUESTRA IMAGINACIÓN.
Al día de hoy, no captamos todavía la fractura que se produjo en la humanidad desde que empezamos a mirar al cielo y nos olvidamos de barrer la casa. Lo de fuera, siempre es el resultado de lo que hay dentro, de cómo me vivo dentro, de cómo me siento dentro.
El primer aviso fueron jóvenes que empezaron a ponerse los cascos nada mas amanecer como forma de escapar al ruido , al miedo , a la ansiedad, a la angustia que le producía una sociedad que empezaba a no entender y en la que los valores se iban desmoronando
Es difícil entender como ya la siguiente generación, ya no comía alimentos sanos, sino que para sobrevivir mentalmente, empezaba a atiborrarse de CHUCHES, alimento consentido por nosotros y que en realidad no alimenta. Solo calma ansiedad y angustia mental en forma de azucares y que son bombazos directos a un individuo que sin él saberlo y con nuestro consentimiento, solo le interesa y demanda alimentarse mentalmente y al que nosotros, los mayores, vamos educando para que su panoramioca mental no vaya más alla de su limbo mental.
La posibilidad de contestar un email o de mandar miles de mensajes son TICS INCONSCIENTES, que permiten al individuo decir, QUIZÁS SOCIEDAD, NO ME DES MUCHAS POSIBILIDADES DE SOBREVIVIR , PERO YO Y MI DEDO QUE APRIETA EL RATON Y LA TECLA DE MI MOVIL, CON ESE DEDO, TU DE MOMENTO NO PUEDES, porque cada vez que aprieto mi dedo, o el ratón de mi ordenador, yo me siento vivo , me siento persona, me siento sensible, me siento ser algo que SE ME VA ESCAPANDO Y es mi capacidad de sentirme integrado en un mundo de marcianos desintegrados.
Las nuevas tecnologías en mi modesta opinión, son una bendición para muchas personas , en muchos sentidos . Quizás sean algo malo para unos pocos. Pero la posibilidad que permite internet para que juntos SINTAMOS ESTAR CONECTADOS, ya va a constituir una forma para ir
creando las plataformas adecuadas que poco a poco, nos van a ir ayudando a poner al Saturno y al Marciano de nosotros mismos donde siempre debieron estar.
Lamento mi crudeza, pero vienen tiempos difíciles y van a hacer falta madera consistentes desde el interior para ir encarando los nuevos retos del exterior.
28 febrero 2010 a las 3:21 pm
Hola,
estoy en esencia de acuerdo con lo publicado en el post, incluso alguna vez he actuado como en el ejemplo de los zapatos, con artículos que perfectamente podría haber seguido utilizando pero que, bien por actualizarme o por simple gusto, he relegado al cajón de los “por si acaso”.
Lo que quiero comentar es que creo que este tema enlaza bastante bien con el post de Eduard respecto a la generación ni-ni. Incluso en gente que estudie, o que trabaje, es perfectamente apreciable que la facilidad que tienen para obtener cosas ha disminuido la satisfacción que se consigue con ellas: uno ya no siente el placer de haber conseguido algo, la recompensa al esfuerzo realizado, porque ese objeto está mucho más al alcance de la mano. Además, la satisfacción de tenerlo es mucho más efímera por la constante evolución de modas, tecnología, nuestro entorno… si yo me voy de vacaciones a Canarias y mi vecina se va al Caribe, yo voy a querer irme a Mauricio; si me he comprado un Kindle y mi primo se compra el iPad… y así con todo.
Y, respecto al párrafo de los viajes, por supuesto que el conocer más del mundo hace que haya menos cosas por descubrir y disfrutar, aunque en ocasiones y siempre dependiendo del interés y curiosidad de la persona, facilite un conocimiento más profundo de la realidad que visitamos y nos permita, a partir de la comparación con los conocimientos previos, un análisis crítico mayor de lo que estamos viendo.
Un saludo a todos.
12 marzo 2010 a las 2:11 am
Interesante post… No obstante, creo que se pasa por alto un detalle importante: Los avances nos han dado la oportunidad de vivir con mucha más comodidad, pero es el ser humano el que decide como utilizarlos. Si alguien quiere vivir la aventura de su vida viajando a India mientras recorre el mundo, a la antigua usanza, aún puede hacerlo.
Por ejemplo, una persona que tiene todos los recursos del mundo para viajar comodamente, como es Ewan McGregor, decidió dar la vuelta al mundo en moto. Tardó varios meses en consumar su aventura, pasando por situaciones que le provocaron emociones parecidas a las que se refiere este post cuando habla del viajero del siglo XVIII. La principal diferencia entre el siglo XVIII y hoy es que, entonces, el que no fuera aventurero o no tuviera recursos, no tenía ninguna posibilidad de hacer un viaje a la India. Hoy, con las comodidades que existen, casi cualquiera puede conocer el país, aunque sea una experiencia más “light”. Por lo tanto, los avances tecnológicos han conseguido darnos más posibilidades, no sustituir lo existente por otro tipo de experiencias, sino, simplemente, añadir estas experiencias a las que ya podíamos vivir.
Lo mismo se podría decir del ejemplo de los zapatos: El que quiera mantener los mismos zapatos durante mucho tiempo, y experimentar la relación de afecto de la que se habla en el post, es libre de hacerlo…
Sí que es cierto que es muy fácil rendirse a las comodidades que se nos brindan en nuestro tiempo, pero nunca hay que obviar la capacidad que tiene el ser humano para tomar decisiones: A uno no le roban las emociones primarias, sino que la persona puede prescindir de ellas, si así lo desea.
Sí que estoy completamente de acuerdo con la reflexión sobre el fácil acceso a la información que tenemos hoy en día: Es tan fácil, que la mayoría de las veces ya sabes qué es lo que te vas a encontrar cuando viajas, o cuando haces una compra. Pero yo eso lo veo más positivo que negativo: Puede atenuar nuestras emociones, pero también nos evita desagradables sorpresas. Y a nadie le gusta experimentar este tipo de sorpresas…
En definitiva, creo que las reflexiones que se exponen en este post se quedan incompletas y no me parecen del todo acertadas.
6 abril 2010 a las 10:07 pm
Que interesante, volamos dejando “cagarrutas” sin saber ni pensar…