Esta semana contamos con la presencia en el blog del escritor Alejandro Palomas, que hace una reflexión personal sobre la etapa crucial de la infancia. Durante esta primera década de la vida se conforman los grandes patrones emocionales de las personas- principalmente cómo amamos, y si el mundo exterior nos produce curiosidad o miedo. Recuperar la memoria de la infancia permite a los adultos iniciar los procesos de comprensión y de transformación necesarios para vivir con mayor plenitud.
Elsa Punset
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Empiezo el año, más que con una lista de deseos, con un debido recordatorio. Y es que una de las muchas cosas que hace de nosotros, los humanos, la especie singular que somos (esto es, la especie activamente emocional que afortunadamente seguimos siendo) es la capacidad de recordar.
Recordar: (del latín Re-cordare): volver a pasar por el corazón.

(Imagen: Blog de Victoriano Izquierdo.)
El recordatorio que quisiera hacer en mi primera entrada tiene por protagonistas a todos aquellos que han sufrido durante la infancia algún episodio que atentó desde el exterior contra su inocencia. Me refiero, para ser más explícito, a los que siendo niños, padecieron algún abuso al que por edad -y sí, por inocencia-, jamás deberían haberse enfrentado. Y no hablo sólo de las víctimas de abusos sexuales, sino también de los hijos de parejas incrustadas en la dinámica del maltrato físico, psicológico o moral, de los niños con superdotación no captada y de tantos otros colectivos infantiles –decenas, cientos– agredidos por lo que jamás debió ser, por lo que jamás se debió permitir.
Quisiera, por las fechas que hace apenas unos días acabamos de dejar atrás, que hiciéramos un especial ejercicio de emocionalidad colectiva y que durante un minuto –solo uno, no es mucho pedir– todos los que accedan a estas líneas y los asiduos de este blog invocaran recuerdos positivos y entrañables de infancia que pudieran y quisieran compartir con quienes a nuestro alrededor han sido niños y no saben qué recordar porque aun les duele hacerlo.
Quisiera recordar a los que cargan con infancias heridas (y sé de lo que hablo porque soy, por muchos motivos, uno de ellos) que no están solos porque son portadores de una inocencia interrumpida, no aniquilada. No, aniquilada nunca. Quisiera que durante un minuto quienes han llegado cojos de inocencia a la vida adulta, supervivientes de una infancia injusta, entiendan que siguen intactos, que hay que poder recordar porque no debe haber culpa, solo reconocimiento. La inocencia quedó interrumpida indefinidamente por un daño que nunca debió llegar, pero no murió ahí. Quizá haya llegado la hora de que todos –y cuando digo todos, nos incluyo realmente a todos– luchemos por regenerar las inocencias de quienes tuvieron que hibernarlas en su día. Quizá debamos unirnos para dar calor a aquellos que tienen miedo a recordar lo que les marcó. Enseñarles que ya no más.
Quisiera que, como colectivo emocionalmente activo que somos, nos propongamos –en lo que cada uno pueda– facilitar abono para que las inocencias interrumpidas vuelvan a brotar, tímidas primero, adultas después. Se cuentan a miles los hombres y mujeres que dejaron de confiar en la vida cuando ni siquiera la vida se había abierto ante sus ojos. Y eso sigue ocurriendo a diario con nuestros pequeños. La lucha está en mantenernos alerta, emocionalmente vigilantes. La lucha está en recordar que el dolor injusto quiebra y anestesia la inocencia, cubriéndola de miedo, de recelo y de desconfianza, pero no la mata. La lucha está en saber que todos somos lo mismo y que a veces tenemos que recordar a los que caminan más despacio, pararnos en la cuneta y esperar a que se unan a nosotros.
Porque el camino es el mismo para todos.
El destino también.
Alejandro Palomas






11 Enero 2010 a las 6:38 pm
Me quedo sin palabras, la mayor parte del tiempo me digo toda las cosas que dice, la mayor parte del tiempo tengo el corazón en mi sitio
pero realmente es necesario que alguien recuerde todas estas cosas tan elementales y que se suelen olvidar, tan de sentido común, que se restablezca tanto amor perdido, somos tan torpes emocionalmente …. reconozcame usted en cualquier caso que las mujeres tenemos el norte emocional un poco menos perdido.
Mil gracias y enhorabuena, yo sigo casi intacta, en la brecha al menos, a lo muchausen
Saludos
11 Enero 2010 a las 11:24 pm
y como podemos, los padre, hacer q nuestros hijos crezcan intactos a ese dolor, sin q sfran injustamente cuando la realidad adulta nos supera incluso a nosotros, q´podemos hacer entonces,,,,
12 Enero 2010 a las 8:03 am
Ahora, casi todos duermen. Ni un solo sonido que desconcierte. Hay una serenidad especial, una tranquilidad excepcional para poder escribir. He sorprendido a las gatas encendiendo la luz de la cocina a una hora demasiado temprana para hacerme café, y estaban mirándome como diciendo: ‘Eh, ¿Qué pasa?, ¡Es demasiado pronto!’. Pobrecitas, el dormir de las gatas es lo que interrumpo yo.
Delicado este tema, muy delicado.
Muy frágil, hay que tener mucho cuidado en abordarlo… y mucho cariño. Ayer al leer el blog, conseguí pasados unos minutos proceder en mi empeño de re-cordar, y he de decir que no me basto con un minuto, que al minuto se le sumaba otro, y otro más… sin que aparecieran recuerdos bonitos, luchando por abrir camino entre la maleza. Así pase un tiempo bien largo hasta que conseguí al fin llegar a lo que descubrí, pero me costó muchísimo. Quizás es algo que había dado por perdido demasiado pronto, derivando indefinidamente el reencuentro con mi interrupción de la inocencia infantil, la cual ni siquiera me había dado por pensar que pudiera ser ‘restaurada’.
Es admirable como algunas personas son capaces de entrar desde un texto en los rincones más íntimos de una persona siendo unos completos desconocidos, y guiarnos hasta re-tomar las riendas de nuestro autocontrol personal que está perdido o anulado por el subconsciente a modo de defensa, por una serie de hechos involuntarios acontecidos en el pasado, o una serie de cortas y eternas preguntas sin respuesta.
Gracias Alejandro, (y Elsa).
12 Enero 2010 a las 12:44 pm
que bonito
12 Enero 2010 a las 1:30 pm
Este texto me hace llorar…pero por otro lado reconforta.
12 Enero 2010 a las 1:32 pm
Pues lo que tan normal nos parece como parte de nuestra personalidad después de mirar hacia la infancia pasada descubres casi con horror que es producto de nuestra truncada inocencia. Zas! y lo terrible no es descubrirlo, lo tremendo es no saber cómo enmendar esa deformación emocional que tanto nos condiciona, por lo menos en lo que a mí me atañe. Gracias por vuestros comentarios. Reflexión y saludos.
12 Enero 2010 a las 2:08 pm
Mi mochila de infancia macabra tambien me pesa incluso hoy en dia, 17 años después que terminara la pesadilla, y forma parte de mi y siempre me sigue, pero con los años he sido capaz de recordar esos momentos que aqui se hablan, instantes de felicidad, recordarlos y congelarlos para poder respirar hondo y sonreir
durante los últimos años, mi consuelo era el dia que muera ” EL” se habrá hecho justicia y se borrará todo, error, porque aquel monstruo sin escrúpulos ha muerto y todo ha vuelto a brotar, como si de fuegos artificiales se tratase, a cual más ruidoso, el pánico, el dolor y el corazón roto me siguen,
pero la búsqueda de la felicidad jamás cesará y nosotros los que hemos estado en ese lado durante la infancia, nuestro trabajo durante la vida tiene que ser y será muy importante para que nunca más se repitan los malos tratos, empezando por uno mismo luchando diariamente para recordar los instantes congelados y difuminar el horror. Y jamás compadecerse, porque siempre es alli donde empieza el dolor.
Saludos, gracias
12 Enero 2010 a las 2:27 pm
Quizás por mi implicación directa en este tema…por mi poca objetividad y por mi rabia contenida, no sea capaz de transmitir lo mucho que tengo que decir al respecto.
No se trata de crear una burbuja en la que proteger a esos pequeños héroes y heroínas. Se trata de hacerles ver que hay una pizca de inocencia por la que luchar siempre, una ilusión que nunca debemos dejar que nos arrebaten, una fortaleza de la que nadie será capaz nunca de quitarnos. Se trata de dejarles ser, estando. De dejarles sentir, pendientes de que comuniquen sus sentimientos. De quererles siendo conscientes de que hay una parte de adulto en su mirada que hay que respetar. Se trata de no derrumbarse por un sentimiento de culpa innecesario. Se trata de…intentar seguir viviendo sin que se vea que tu corazón está completamente roto para transmitir todo el optimismo y la seguridad que se pueda.
Se trata…de dar normalidad a lo que nunca tuvo que pasar. Se trata de claridad. Se trata…de…sobrevivir a esto con la menor cantidad de secuelas posible.
Sonreir funciona. Cantar también. Llorar cuando se tiene que hacer…es fundamental. Y amar…con todo tu corazón sin pasar a ser su protegida es un arte que aún no he sabido controlar.
Gracias por esta publicación. Por un momento he dejado de sentirme sola.
12 Enero 2010 a las 3:07 pm
Me gustaría matizar la diferencia entre recordar y tener conciencia de los recuerdos, ésta última probablemente específica del humano
12 Enero 2010 a las 3:11 pm
Podría llenar un libro con recuerdos terribles pero hoy la consigna es “compartamos un recuerdo lindo” así es que les cuento que en mi infancia, allá por los años sesenta, solían pasar por los barrios de Mendoza-Argentina “los caballitos”. Se trataba de un coche para niños tirado por caballos ponis y dos o tres caballitos ponis con montura para los más atrevidos. Ya desde lejos se anunciaban con un sonido de campanas y ese era un momento de feliz expectación para mí.
Podría haber sido más lindo si alguna vez hubiese podido salir cabalgando con el pelo al viento como yo soñaba pero la cosa era ir caminando al paso, el guía siempre sostenía al caballito.
A pesar de nuestra pobreza, siempre hubieron monedas para ir a los caballitos
Ese es mi recuerdo entrañable.
Un cariño.
Patricia.
12 Enero 2010 a las 3:25 pm
Gracias Alejandro. Me ha gustado tu crítica constructiva animandonos a luchar por regenerar las inocencias de quienes tuvieron que hibernarlas en su día y añades que hay que enseñar que ya no más. Quería preguntarte que pasa con los niños que aún con 45 años, tienen una madre que sigue empeñada en atentar contra su inociencia al ver que ese niño se tomó el trabajo en su día de regenerarla. Es muy triste. Un abrazo y muchas gracias
12 Enero 2010 a las 3:28 pm
El trauma infantil,como dices interrumpe la inocencia y nos crea desconfianza.Con la conciencia del mismo asimilada intelectualmente llegamos a comprender aunq
12 Enero 2010 a las 3:29 pm
GRACIAS…
12 Enero 2010 a las 3:30 pm
ue las heridas del alma nunca se acaban de cicatrizar….
12 Enero 2010 a las 3:30 pm
Para Victoria.
Lo peor para un niño es sentirse indefenso y solo. Los niños son muy plásticos, pueden superar con más facilidad que los adultos situaciones muy difíciles, quizás porque no tienen todavía conciencia “plena” de todo lo que ocurre a su alrededor.
Mi hermano y yo no teníamos conciencia de nuestra pobreza, jugábamos con cualquier cosa e imaginábamos que era esto o aquello.
No sufríamos por no tener juguetes, sufríamos cuando nuestros padres nos agredían y nos descuidaban.
Lo que los padres podemos hacer es hacerlos sentir protegidos y amados, que es casi una redundancia porque el amar siempre va unido al proteger.
Los padres podemos “hacer de tripas corazón” y mostrarnos fuertes, seguros y confiables aunque por dentro temblemos de miedo.
Ellos, los niños, necesitan poder dormirse tranquilos y confiados.
La vida puede ser muy dura pero si un niño se siente amado y protegido va a poder elaborar herramientas saludables para enfrentar su realidad.
Sartre tiene una frase que dice “Cada hombre es lo que hace con lo que hicieron de él”.
Un cariño.
Patricia.
12 Enero 2010 a las 3:34 pm
Sólo el amor vivido, respirado a nuestro alrededor y el que otorguemos a nuestros hijos nos valdrá como herramienta para llegar a ser adultos comprensivos, devolver el amor que nos han dado de la misma manera y no dejar a nadie en la cuneta …
12 Enero 2010 a las 3:40 pm
Que bello, que bien me ha sentado leer este artículo. Me tomaré ese minuto que creo que todos necesitamos alguna vez. Gracias, ha sido realmente gratificante para mi
12 Enero 2010 a las 3:45 pm
[...] Ver entrada completa y comentarios en el blog Inteligencia Emocional [...]
12 Enero 2010 a las 3:49 pm
Casi lloro. De dolor, pero también de emoción. Sabes? Sigo pensando que de esos barros llegamos nosotros 3. Mejores o peores, pero juntos. Si en este mundo hay cariño, respeto y amor, forjado en esos tiempos oscuros, es lo que yo siento por vostotros. Y será duradero, eterno, diría yo, porque sale de las tinieblas hacia la luz. Y me hace fuerte, capaz de afrontar lo que venga. Sólo espero que los que nos hicieron daño sepan que, en el fondo, no pudieron con nosotros.
12 Enero 2010 a las 4:00 pm
Hace poco viajando con una amiga, cuya infancia estuvo rodeada por la problemática de la separación de sus padres. Le contaba acerca de mi familia, la cual caracteriza la unión de mis padres hasta el dia de hoy. Desde luego tuvieron sus problemas que recuerdo cuando tenia alrededor de 5 años, pero se superaron al tiempo. Mi amiga, al escuchar lo que le contaba, sus ojos se llenaron de lágrimas, y me dijo: ¿Cómo se siente tener a tus padres juntos?… y pude observar el dolor en su rostro, y de una infancia llena de recuerdos tristes, por los acontecimientos pasados.
Sin embargo, mi amiga actualmente ha alcanzado sus metas con el apoyo de su madre, llegó a perdonar a su padre, a pesar de la indiferencia hacia ella. Cada vez que nos vemos me cuenta de él, a pesar de las heridas en su alma, asume con madurez los acontecimientos actuales. La reflexión que siempre le hago, es llevarla a una supuesta vida donde sus padres continúan viviendo juntos y los problemas desencadenados por eso. Ella se da cuenta que no hubiera sido lo que es ahora, ni tan valiente, como para enfrentar las cosas que se le presentaron después. Luego de eso, se siente aliviada, y valora aun más lo que es, y lo importante que es su familia, su madre y hermana.
Luis Felipe
12 Enero 2010 a las 4:29 pm
Cuando mi vida adulta, por cualquier razón, se oscurece, me instalo en mi infancia. y todo se ilumina. Creo que entonces, yo fui feliz.
Infancia de alegrías, de pasar el tiempo sin miedo al futuro…porque del futuro se ocupaban otros, de tardes en bicicleta, de la mesa servida, de Navidades compartidas…Dorada infancia, cuántos recuerdos que vuelven a pasar por mi corazón lleno de media suelas!!!!
12 Enero 2010 a las 5:48 pm
Que cosas ah, será por el dolor de la infancia, que luego vienen dolores físicos y lo peor como duele el alma… no se como rehacerme lo intento, por dios como lo he intentado… pero siguen ahí… recuerdos dolor humillaciones, miedos,culpas; no se que hacer, pero sigo en la busqueda, se que llegara un descanso una pausa… puede ser cuando muera o mejor dicho lo que queda de mi muera…
12 Enero 2010 a las 7:14 pm
Qué movilizador el texto, y los comentarios! La infancia es el germinador de nuestra adultez, y pocos son los jardineros hábiles. Suelo decir que los niños, más que con un pan debajo del brazo, deberían venir con un manual de instrucciones! Por otro lado, el maltrato se da de muchas formas, y no se acota a la agresión, al daño intencional, sino que muchas veces la falta de la mirada de los progenitores (como en el texto, cuando se habla de superdotación no captada, y se aplica a tantos talentos innatos que la mayoría de los padres no ve), no permite el reconocimiento del niño como un individuo con sus propias características, necesidades y aptitudes. No solemos ver al niño como a una persona que está a nuestro cuidado, y que es nuestro deber ayudar a desarrollar y evolucionar. Se tiende más a la consideración objetivizante de algo “mío”, cuando en realidad nada nos pertenece.
En todo caso, la única terapéutica posible, y que recomiendo siempre en la consulta, es la consecución del perdón. No porque el victimario necesite ser perdonado, no nos estamos ocupando de él/ella, sino porque la persona que ha sufrido, necesita dar ese salto increíble sobre el abismo que la separa de su agresor, y ponerse por un segundo, en una posición de entendimiento (que no de disculpa, sino de comprensión), lograr un punto de empatía que le ayude a ver al otro en su real dimensión, en su propio padecimiento, saliendo de la postura de víctima, para mirar la escena desde fuera, tratar de entender qué pudo llevar a esa persona a ser o a actuar de determinada manera, a tratar de conocer, y desde ahí, a perdonar. Porque NOSOTROS necesitamos perdonar, porque nos beneficia a nosotros. A veces es necesario ir al encuentro de esa otra persona, y decirle que nos ocasionó “X” sufrimiento, pero que lo hemos procesado, y hemos perdonado. En ocasiones, es posible comenzar una relación distinta desde allí, donde el amor sea viable. La mayoría de las veces, eso no es necesario. Basta con el análisis, y con alcanzar el perdón, porque ese perdón es un estado interior nuestro, que nos acercará un poco más a la paz de espíritu que necesitamos para evolucionar. Es una necesidad interna, y no siempre es necesaria su exteriorización. Incluso, a veces, basta con decírselo a una foto, o imaginar que está frente a nosotros, y decírselo en voz alta, como si nos oyera… son muchas las técnicas que se utilizan en el consultorio, y que son extrapolables al ámbito privado. Pero ese camino de perdón, cimentado en el amor, es el que nos permitirá rescatar la felicidad de la inocencia, y reconstruírnos a partir del amor propio, ahora rescatado.
12 Enero 2010 a las 8:00 pm
Gracias
es bueno recordar que el mundo es bonito
12 Enero 2010 a las 9:57 pm
Lo pasado, pasado está y no se puede hacer nada para cambiarlo. Con lo que al final lo unico que se puede hacer de ello es aprender, los grandes valores inquebrantables que me ha aportado mi experiencia personal han sido el respeto a las personas, la honestidad, el no prejuzgar, la humildad….
Basados en una regla muy simple y muy dificil de cumplir en todas las situaciones que te da la vida: No hagas a los demás lo que no te gustaria que te hicieran a ti.
La clave para que un recuerdo se un recuerdo y no te parta el alma esta en hablarlo, en contarlo ya sean familiares, grandes amigos o mejor aún psicologos que te guien en tu realización personal, ya que luchar contra uno mismo es muy difícil (por no decir imposible), pero cuando luchas con el poder de otra mente (siempre que estes dispuesto a escuchar y aprender) la gran losa cae por su propio peso y la autoestima sube como la espuma, entonces entiedes frases como: Lo que no te mata te hace más fuerte o el gran guerrero no es aquel que vence en muchas batallas, sino el que cura sus heridas en las batallas perdidas, pues podrá seguir combatiendo. (esta última no se si es mia o la leí por ahí).
Deseo esperanza para todos aquellos que esten en una terrible situación, el cambio empieza por uno mismo, si hay culpa es que te estas juzgando a ti mismo (la culpa solo sirve para aprender de un error, has cometido alguno?), si no hay perdon es que todavia deseas venganza (te vengarás contra él o ellos? o lo harás contra el mundo?)
El mundo no es bonito ni feo, todo depende del prisma que uses para miralo. Hijos de puta los habrá simpre y buenas personas también.
Quiero puntualizar que en ningún momento he dicho que fuera una tarea sencilla el cambio!! Son duros años (y aún me quedan algunos flecos por pulir) en los que te enfrentas a tu peores pesadillas, pero al final vale la pena!
12 Enero 2010 a las 10:09 pm
Me ha emocionado, gracias.
12 Enero 2010 a las 10:19 pm
Vamos, que buenas cosas para que el cerebro disfrute y las pupilas permitan activar los conductos lagrimales y la gravedad haga su trabajo. Siempre que se lee algo de este tamaño el corazon se arruga y nos hace pensar en ¡claro que si puedes cambiar ese modo de sentir las cosas!. Soy un lector no tan asiduo como me gustaria pero sigo el programa REDES y bueno me alegra que hayan investigadores y màs un personas que permite que otros se den cuenta que todos tenemos el mismo terreno marcado.
12 Enero 2010 a las 10:50 pm
gracias patry
un cariño tb para ti
me alegra saber q son mas fuertes q nosotros los adultos.
12 Enero 2010 a las 11:45 pm
Este texto de Alejandro me ha traído de vuelta, además de lágrimas, un consejo que nunca olvidaré: “No pierdas nunca la SENSIBILIDAD”.
Casualmente si sustituimos la palabra INOCENCIA por SENSIBILIDAD, el texto mantiene intacto su significado.
Personalmente prefiero usar esta última palabra porque supera algunas limitaciones que conlleva, para mí, la inocencia.
12 Enero 2010 a las 11:46 pm
Porque todos debériamos de darnos cuenta que el amor es la fuente de la felicidad, de la salud y del bienestar físico y moral.
Porque no debería haber ningún niño que crezca sin amor ni comprensión.
El futuro reside en la infancia, y una infancia mutilada es un camino pedregoso que nos hace fuertes pero inseguros, a veces, y otras, en el peor de los casos, ya no hay marcha atrás y un individuo que podía haber sido un hombre o una mujer de provecho se ahoga en sus propios miedos generados por los fantasmas de un pasado que no eligió.
Por todos esos niños que un día fueron adultos y no supieron nunca que fué aquello que les desgarró, lanzo un grito de rabia y otro de dolor, sintiendo en lo más profundo de mi alma la pena de que la vida es una invitación a la superación y a la alegría de saber que todo pasa y ellos nunca supieron aprender a disfrutar.
Hagamos entre todos que estas cosas no sucedan.
Seamos un poco payasos, y hagamos reir a los niños, la sonrisa de un pequeño es lo más gratificante por su pureza que nos podamos encontrar.
13 Enero 2010 a las 3:00 am
El ejercicio me ha parecido muy interesante. Eso sí, lo he realizado y me he probocado insomnio. He repasado todos los ambitos, edades, cursos, profesores y profesoras. He encontrado lo que me parece poca cosa. Y he utilizado muchas veces mi drive para lanzar lejos los malos recuerdos. He recordado una luminosa mañana de reyes cuando al final descubrí tras la cortina un precioso patinete que había pedido. Rojo brillante. También otra ocasión, en los setenta, cuando mi padre una tarde de Sábado un verano, metió a todos los niños y niñas de la calle en una furgoneta, y eramos muchos, y nos llevó a la piscina del club de tenis. Fué un momento feliz también. Pero no he podido encontrar nada más. Supongo que hubo más buenos momentos. ¿Verdad? Mañana intentaré preguntar a mis padres.
13 Enero 2010 a las 3:46 am
Los recuerdos bonitos han venido con cierta dificultad, por la mala costumbre mía de revivir lo negativo; pero es verdad, ahí están, sólo hay que darles la oportunidad:
Dormir con el gato metido en la cama junto a mí sintiendo su ronroneo.
Jugar con mi hermano a construir un tren con las sillas y una manta.
Armar con los peluches una función de títeres.
Dibujar mucho, en el colegio, en la casa, totalmente inmersa.
Columpiarme en el parque con mi hermano.
Mi mamá cuidandome y yo en cama con gripe dejandome mimar.
Tirar huevos por la ventana con mi hermano y reírnos tras la reprimenda.
Mi mamá cocinando y conversando conmigo en la cocina.
Reirme horas y horas de cualquier cosa con mi mejor amiga.
Salir a pasear a la perra con mi mamá tomadas del brazo.
Bucear y jugar a estar volando.
Jugar a comerse la nieve o la lluvia.
Y muchos más, gracias por devolverme estos momentos Sr. Alejandro Palomas.
13 Enero 2010 a las 10:27 am
lo unico que lamento de haber borrado mis recuerdos es q no puedo recordar a mi padre, q murio cuando yo era una niña, aunque disfruto de las historias q me cuenta mi familia sobre el cada vez q nos reunimos, ERA ESTUPENDO!!! Para seguir viviendo tu vida hay q olvidar el pasado y centrarte en el presente.
13 Enero 2010 a las 11:10 am
Cuando la inocencia se interrumpe ( a la edad que sea) y nos perdemos esos momentos que deberíamos haber vivido o compartido lo ideal sería poder aferrarnos a los que vivimos y compartimos. Buscar lo que no ha sido nos puede crear frustración y desasosiego y además, cómo rescatar lo que no has vivido ni conocido? Creo que lo importante es ser positivo, luchar por lo que cada uno consideramos felicidad o momentos felices y tirar para adelante, siempre. Gracias a tu reflexión me has ayudado a recordar lo que tengo que mantener !
13 Enero 2010 a las 1:01 pm
Gracias Elsa y Alejandro.Por hacernos reflexionar….Despues de las lagrimas y mucho rato apenas recuerdo….Pero leyendo,se me aclara la mente.Gracias Carolina:al leerte me has abierto la caja de Pandora.¡¡¡siiiiii, tengo recuerdos positivos y entrañables!!!!Estoy trabajando el perdón,como dice Enrique.Es ardua la tarea,pero ahí estoy,trabajando!!!Caminando…..Gracias a tod@s.
13 Enero 2010 a las 4:58 pm
Tengo un hijo de 14 años, que sufrio una separacion del padre a los 4 años, durante esos 4 años, vivio gritos y poco cariño. Despues ha vivido la experiencia de varias parejas mias y ahora estamos solos.
El ahora me hace reproches de lo que hice o no le atendi y lo que mas me preocupa es que no he visto que sea un niño feliz.
Es un niño de altas capacidades, a los 10 años le hizo el test de inteligencia un sicologo y desde entonces no he sabido encauzarle y darle lo que necesita, pues se aburre en clase, dice que no le gusta el mundo y siempre esta como enfadado.
Hace unos años hice una terapia para recordar cosas bonitas de mi infancia que se me habian quedado olvidadas porque el trato con mi padre no habia sido bueno, pero aun no he conseguido recuperar mi niña interior y volver a poder jugar con mi hijo, me cuesta reirme de los pequeñas cosas
13 Enero 2010 a las 5:37 pm
Creo que hay mucha confusión con el significado de la palabra “amor”. Mi madre, de quien sufrí más golpes, en el sentido literal y figurado, está convencida de lo mucho que me ama y de que todo lo hizo por “nuestro bien”.
Existe un abismo entre el significado que yo le otorgo a ese término y el que ella le otorga. Mi padre, que nos dejó a mis diez años, también decía amarme mucho y lo confirmaron todos sus muchos amigos en su funeral.
No se a qué ellos le llamaban amor pero, para mí, si de un acto de amor no sale algo bueno entonces es porque no era amor en primera instancia.
Necesitamos más personas sanas para luego tener más padres sanos que a su vez ayuden a crecer a más niños sanos.
La declaración de los derechos del niño ha sido un importante paso adelante aunque todavía no se los respete totalmente.
En mi infancia el hijo era “propiedad” de los padres y ellos tenían omnipotencia sobre su vida y a veces sobre su muerte.
La sociedad admitía los castigos físicos aún de parte de los maestros, al menos ahora hemos progresado y ya la sociedad no ve bien los castigos corporales.
Es el tiempo de que vayamos también en contra de los castigos psicológicos que causan más daño aún.
No estoy hablando de los castigos racionales, estoy hablando del ensañamiento con el que algunos padres atacan a sus hijos.
Si no hay paz en los corazones, no hay paz en los hogares y si no hay paz en los hogares no puede haberla en las sociedades, como tampoco entre los países.
No es suficiente la marcha mundial en favor de la paz. Hay que lograr la paz en las personas primero.
La sociedad es una abstracción, lo que es real es cada persona aquí y ahora.
Un cariño.
Patricia.
13 Enero 2010 a las 5:45 pm
Y a quien se recurre cuando a los 23 años el caracter te delata mas de 40???
13 Enero 2010 a las 6:45 pm
Muchas gracias por estas palabras claras, esperanzadoras y con corazón.
Reintegrar el sentido de la propia inocencia y rescatarla de nuestro olvido es vital.
Nuevamente…gracias.
Yamila.
13 Enero 2010 a las 7:57 pm
Me gusta el pensamiento tan profundo de Punset. No tengo palabras…
13 Enero 2010 a las 9:10 pm
Hola a todos. Quisiera deciros tantas cosas a quienes habéis regalado vuestra voz y vuestr tiempo a este foro y todos los que lo vamos construyendo con nuestras voces, nuestra curiosidad y nuestra “inteligencia emocional”, que necesitaría mil líneas para poder abarcar todo lo que pienso y siento. Me encantaría poder responderos uno a uno, dar gracias a quienes las han dado y pedir que sigáis aquí, compartiendo con todos las luces y las sombras de lo que sois, porque eso nos hace mejores a todos, en la duda y también en la certeza.
Entre los cientos de cosas que quisiera apuntar está un apunte muy personal. En algunas de las intervenciones y comentarios aflora, a veces entre líneas y otras directamente -a veces descarnadamente- una pregunta que me toca y que creo nos toca a todos desde siempre. Es una pregunta que nos paraliza porque cuando llega tenemos la sensación de que hemos llegado al final, de que hemos topado con un muro que nos limita, que no nos deja pensar bien, ni avanzar. Entonces llega la confusión, entonces llega la sensación de estar haciendo este camino solos.
La pregunta es: “sí, pero ¿cómo?”
¿Cómo lo hago para recordar lo bueno? ¿Cómo entender que lo que dolió entonces no debe seguir doliendo? ¿Cómo poder convencer al corazón de que lo que me partió la inocencia en esa edad tan temprana no sigue ahí, de que soy el mismo niño/la misma niña pero soy también otras muchas cosas que me conforman ahora, como adulto?
Como muchos de vosotros, yo he bregado y brego contra eso a diario. Yo también estoy en esa lucha y me emociona leeros, saberos ahí, bregando, compartiendo. Me emociona descubrir tanta generosidad.
Como muchos de vosotros, el “sí, pero cómo” pesa y a veces mucho. Quizá a algunos y a algunas os sirva -y realmente espero y deseo de corazón que así sea- si os digo que el hombre que soy hoy es capaz, después de mucha ayuda externa -y cualificada, al menos en mi caso- de mirar al niño que fui y entender que no hubo culpa en lo que ocurrió. Yo no fui culpable sino víctima, yo no elegí. Simplemente recibí y aprendí a vivir defendiéndome, a vivir temiendo lo ajeno, lo externo. A recelar.
Con el tiempo me he dado cuenta de que perdonar a quienes nos interrumpieron la inocencia es quizá un perdón secundario -aunque no por ello irrelevante-. A quien yo he debido aprender a perdonar es a mí mismo porque no hice nada malo, porque un niño recibe lo que le dan y con eso fabrica su realidad. Yo recibí mal y fabriqué erróneamente, fabriqué miedo. Pero no soy culpable de eso. Quizá parecerá una obviedad. A mí me ha costado años entenderlo, y cuando digo entenderlo, no hablo de la cabeza, sino de lo que une cabeza y corazón, de ese entendimiento que te inflama el plexo y te hace respirar mejor.
Y lo más maravilloso de todo: cuando eso ocurrió, mi relación con los niños también cambió. Fui capaz de empezar a relacionarme con ellos como el niño que no pude ser. Dejé de tenerles miedo.
Un abrazo a todos y a todas
De corazón
Alejandro
14 Enero 2010 a las 12:37 am
[...] This post was mentioned on Twitter by Victoriano Izquierdo and carlos , Andrea Meléndez. Andrea Meléndez said: Recordar: (del latín Re-cordare): volver a pasar por el corazón. http://bit.ly/6bgK7o [...]
14 Enero 2010 a las 12:49 am
Dolor, ansiedad, frustración, miedo, miedo, miedo…….
¿Qué sabe de todos esos sentimientos un niño?
Tan sólo tiene la tranquilidad de saber que todas esas malditas sensaciones las comparte con su madre y hermanos, aunque también sabe que esa tranquilidad no le vale para nada, simplemente para compartir el dolor, mucho dolor, y con una simple mirada comparte también el lenguage del silencio, es preferible callar.
Los años han ido sacando a la luz toda la ansiedad, la frustración, el miedo….
Primero lo convirtieron en rabia, en ira, en algo que envenenava nuestras vidas, en un tormento que no puedes controlar.
Ahora que soy adulta, que ya soy una mujer, he conseguido aprender a reconocer la ansiedad, el miedo, la rabia, la frustración y con mucho esfuerzo a ido desapareciendo y he aprendido a disfrutar de la vida porque la vida es hermosa y yo no tuve la culpa ni ninguno de los míos.
Aprendes a perdonar, incluso te tienes que reir de muchas cosas para poder vivir y ser feliz
14 Enero 2010 a las 8:47 am
Aquí nadie se queda en la cuneta.
Nadie, Alejandro. Nadie.
Personalmente es la primera vez que me he dejado de sentir solo al entender que mi problema, lo cual ya intuía, no era el único caso. Pero me marco tanto, que me hizo a mi mismo prescindir de mi empatía, y volverme un completo egoísta, a utilizar todas las capacidades intelectuales que poseía en intentar ‘comprender’ que me pasaba ahí dentro. A su vez, discurría en paralelo una identificación personal con las personas que lo están pasando mal en el mundo, por frio, hambre o guerras. Descubrirnos aquí ese velo que llevamos permanentemente junto a nosotros ha sido sin duda un gran acontecimiento, porque una de las terapias que ayudan, aun siendo difícil de practicar, es la de ‘comentar’ lo que nos sucedió. En mi caso también he necesitado recurrir a la ayuda de profesionales.
Es normal que la mayoría de los comentarios se ciñan estrictamente a comentar las penas sufridas, más que las alegrías vividas, porque somos ‘sensibles’ y la primera respuesta de nuestra mente y de nuestro organismo es ‘desahogarnos’.
Desahogarnos… parece irónico.
Nosotros, que hemos sabido adaptarnos al transcurrir del tiempo y a la vida… que tenemos una habilidad ‘Especial’ para adaptarnos al medio, necesitamos desahogarnos.
Somos especiales.
Yo quisiera apuntar, lo magníficamente ‘útil’ que me ha sido esta experiencia gracias a vuestra iniciativa que tanto admiro, porque para mí es muy admirable el poder de las personas a sobreponerse, a analizar hechos (Causa-efecto) y auto ayudarse.
Pero cuando aflora una persona como tú, que además trata en ayudar a los demás que en idéntica situación no sabemos, queremos o podemos ir mas allá de nuestro enmudecimiento, logro comprender lo necesarios que somos unos con los otros.
Y que no hay que guardar silencio, aunque hayamos descubierto en él la paz.
Esto me gustaría que le llegara a todas aquellas personas, que leyendo este blog, por un o por otro motivo no han podido más que leerlo, y no han tenido la fuerza necesaria de escribir nada en el, de ‘romper’ el silencio. También quisiera apuntar, lo maravillosamente bien que te expresas, y como al unir tus palabras llevas mi mirar hacia adentro, focalizas exactos y me descubres cosas placenteras.
Aunque en el capítulo VII se refiera al ‘Concepto del Pecado’, Bertrand Russell me conmovió en especial en este párrafo de su libro ‘La conquista de la Felicidad’, que dejo aquí apuntado para todos:
‘’No nos conformemos con una alternativa de momentos de racionalidad e irracionalidad. Examinemos detenidamente lo irrazonable, decididos a no respetarlo, y no permitamos que nos domine. Siempre que advirtamos en nuestro inconsciente pensamientos o sentimientos absurdos, examinemos su raíz y rechacémoslos. No consintamos seguir siendo criaturas infelices, influidas unas veces por la razón y otras por fatuidades infantiles.’’
Y a ti…
‘’…de mirar al niño que fui y entender que no hubo culpa en lo que ocurrió. Yo no fui culpable sino víctima, yo no elegí.’’
…Gracias Alejandro.
14 Enero 2010 a las 8:56 pm
Gracias por tanta sensibilidad y por hacerme sentir acompañada. Es un alivio leer cosas como esta.
Jackie S.
14 Enero 2010 a las 9:01 pm
Ancianos-niños. Niños-ancianos. Me ha tocado una vida sin hijos. Eso implica una ligera distancia con mi propia infancia, no porque haya sido especialmente interrumpida, sino porque se ha quedado debajo de tantos recuerdos (pasados por el corazón tantas veces que ha veces ha desgastado tanto el recuerdo como el corazón). Como siempre, leer a Alejandro es un reencuentro con partes que no sabía que tenía hasta que las veo plasmadas en un papel, con verdades que manchan las páginas, con lágrimas que emborronan la tristeza y la lavan y la ponen en marcha y la transforman en otra sensación, tal vez esperanza. Veo a los hijos de mis pares (después de haberles perdido el miedo), día a día, luchando sin saberlo, asumiendo lo inasumible, afrontando con entereza lo que es impensable mirado desde tanto tiempo hacia delante y me reconcilio con quien fui, con lo que pude y con lo que no. No puedo dejar de preguntarme de qué manera se verán las heridas de nuestros niños en la radiografía del corazón dentro de algunos años, cuando puedan preguntarse qué perdieron y cómo afectará a sus decisiones, sus caminos y sus desmayos. Ojalá esa radiografía nos-los guíe para impedir perpetuar la historia.
14 Enero 2010 a las 10:22 pm
Personalmente no creo estar entre el colectivo que ha tenido una infancia desgraciada, creo que no, como todos, recuerdo alguna que otra cosa que no debería haber sucedido, pero tampoco soy de aquellos que se recrean demasiado en el pasado. Mis muchos errores cometidos como adulta me han enseñado a aceptar las cosas que me han sucedido, perdonarme por los errores cometidos, y no guardar rencor por los que han cometido conmigo.
Así que leyendo las palabras de Alejandro me he puesto a reflexionar unos momentos, por que además de ser humano que ha pasado por una infancia más o menos feliz, soy madre de dos hermosos niños, que por los motivos que sean, quizás les ha tocado en esta vida sufrir mucho más de lo que deberían. Y te preguntas ¿qué hacer? ¿cómo paliar el daño que se les ha ocasionado?, y creo que la respuesta es tan simple como la misma esencia de la humanidad. CON AMOR!!!!, se que puede sonar cursi, e incluso manido, pero es la respuesta que me encuentro a la pregunta interna que me hago.
Hago extensiva esta respuesta a todos aquellos que por un motivo u otro se sientan huérfanos de infancia, a quienes por los motivos más dispares han visto truncadas sus ilusiones, quizás parezca tonto, pero la respuesta es el amor y el perdón, lo que no quiere decir olvido. Porque olvidar no es la solución, el olvido solo aboca a cometer los mismos errores y a la falta de un aprendizaje emocional por el que todos debemos pasar. El perdón es otra cosa, el perdón y la aceptación conllevan implícitos un aprendizaje limpio, sin gastar energías en algo tan extenuante como el rencor.
Quizás todas estas palabras y actos de buena voluntad se puedan tomar como los de una persona que ha llevado una vida fácil y sin complicaciones. Os aseguro que no es el caso, y también os aseguro que el recuerdo, el amor, la aceptación y el perdón son el camino de la curación del alma.
Un saludo a todos
Vivi
14 Enero 2010 a las 11:27 pm
Con perdón Chico, pero aquí estamos todos en el mismo paquete, contando nuestros sentimientos aires y venires llenos de cataclismos infantiles, nose si llaman inocencia perdida a esto, pero en fin. Creo que en tu reseña mencionas el deseo, impulso de hacer el mismo daño que haz sufrido, ese sentimiento de complicidad es el que te persigue, fuiste víctima. Tu ira, deseos de venganza y vez en esos niños merodeando un tu mismo, no te lo merece, no eres como ellos, metértelo en la cabeza fuiste víctima…Yo desde pequeña aprendí a cortar con esa cadena, con lagunas mentales incluidas para sobrevivir, pero vamos aquí estamos después de el naufragio. Con todo la vida vale la pena vivirla, es exitante, intrigante y maravillosa, hay que jugarselas, animo a todos, que todos los traumas habidos y por haber los he vivido yo. Pero aquí estamos mejor que nunca ¡ah! y con la famosa inocencia o despistada que soy por lo menos lo parezco jajaja…
15 Enero 2010 a las 9:59 am
Gracias por el texto y gracias por todos los comentarios.
Yo viví una infancia poco feliz, en ocasiones, intento hacer un esfuerzo y pensar en los recuerdos felices de la infancia, y me ahogo, porque no los recuerdos, parece que mi mente los tiene bloquedos, se han ido junto con los malos, en otras ocasiones me pregunto si quizás es que sencillamente no hubo momentos felices, pero me niego a pensar esto, porque si debió haberlos… alguno debió haber.
Quisiera poder recordar todo, reconstruir cómo viví y superé aquellos años, tengo pequeños recuerdos, pero son fugaces, ¿cómo hacerlo? He pensado muchas veces que si pudiera reconstruir mi infancia y temprana adolescencia, me sería más fácil superar los momentos, que ahora como adulta, me sobrecogen y pueden conmigo, sumiéndome en una constante tristeza y apatía.
¿Hay algún método, técnica?
Saludos
María
16 Enero 2010 a las 12:07 am
Muchas gracias por esta entrada, es treméndamente reconfortante. “Recuperar la memoria de la infancia permite a los adultos iniciar los procesos de comprensión y de transformación necesarios para vivir con mayor plenitud”
Sigo una psicoterapia psicoanalítica desde hace algún tiempo, y puedo aconsejar que recordar es absolutamente necesario para poder dejar atrás el pasado y vivir mejor el presente. A veces hasta yo mismo dudo de que se pueda cambiar, pero sí se puede. Y reconforta muchísimo leer que otras personas también confían en que sí se puede.
17 Enero 2010 a las 11:13 pm
Alejandro. Gracias por escribir estas líneas. Es un gusto leerte. Tu capacidad por meterte en el labertinto de las emociones y salir sin haber perdido el rumbo es increíble.
Me doy cuenta ahora que sí hubo un periodo de mi infancia en el que me sentí segura, amada, protegida, llena. Ojalá esta sensación la pudiera recuperar, y aún más, compartirla con las personas que por los motivos que sea no tuvieron la oportunidad de sentirla.
Un saludo a todos.
22 Enero 2010 a las 3:26 am
Hola nunca habia leido algo tan bien expresado de lo que le pasa a un niño, cuando sufre en la infancia, tengo 46 años y todavia hay dias en que me acuerdo de mi niñez y lloro por sentirme tan sola en aquella epoca, teniendome lastima de mi misma por lo que hicieron mis padres conmigo. Suerte que tengo 4 hijos maravillosos y les guardo sus emociones y su almita. Ellos me curan el alma de tanto dolor.
22 Enero 2010 a las 4:17 pm
Hola:
La verdad es que es este un tema duro y dificil, sobre todo para los que nos toca de cerca. El recuerdo, el maltrato, la injusticia. Me gustaria seguir leyendo mas y escuchar mas voces como la de los que han decicido escribir aqui y sobre todo como la de Alejandro. Gracias.
23 Enero 2010 a las 8:05 pm
“Porque el camino es el mismo para todos.”
No estoy de acuerdo con esta afirmación. Cada persona tiene su camino, su propio camino, es decir, diferente al de cualquier otra persona; único.
No sé si por suerte, azar de la vida… pero algunos caminan sin tantas dificultades como otros.
No soy una voz experta, sólo tengo 17 años, una cría pensaran algunos… Pero me considero con bastante madurez para bordar cualquier tema sobre la vida. No he tenido que mirar muy hacia atrás para darme cuenta de los recuerdos que día a día aun viven en mí y seguiran posteriormente. Mi infancia, que aun no sé si debería decir que sigo en ella o no, no ha sido/es nada fácil.
Cuando tenía 10 años mi padre murió. Hasta entonces, se prodría decir que vivía bien, es decir, no sabía lo que era pasarlo mal, no sabía nada de la vida. Todo me parecía bien. Pero derrepente, algo se tuerce, y quién sabe por qué? Desde entonces, cada día que pasa me pregunto por qué? Intento buscar algún culpable para todo lo sucedido… Pero hay veces, en que nosotros mismos nos sentimos culpables de lo pasado. De esa rabia que uno tiene por dentro cuando ves pasar cosas delante de tus ojos, y desgraciadamente no puedes hacer nada. Nada.
No tengo padre, ni abuelos, ni hermanos.
La única persona que me queda por decirlo de alguna manera, es mi madre. Esta infancia que pasé, cada día es como si me comiera más. Las malas experciendias te cambian, llegando a no reconocerte ni a tí mismo. Discuto muchísimo con mi madre, tenemos caracteres fuertes. Es como un, “ni contigo ni sin tí”. Siento que lo que pasé me marcé, me esta pasando factura ahora, y no lo podré evitar en el futuro.
No creo que aya ninguna cura, no la puede haber.
Me siento sola, abandonada… Sé que hay mucha gente en una peor situación… Y el hecho de pensar esto me hace sentir aun peor. Sintiendo que mis problemas no son nada comparandolos con los de otra gente. Pero cada uno nos cargamos con lo nuestro.
Si es cierto que tengo buenos recuerdos de mi infancia de cuando todo estaba intacto. Pero todo lo malo, gana a esos pequeños recuerdos buenos, a los que nunca podré volver. Una especie de angustia se apodera de mi cada vez que pienso eso… Voy a ponerle flores a mi padre, y cada vez le ago las misma preguntas…
Simplemente, la vida misma, a los que nos ha destrozado y marcado para siempre, nos ha enseñado demasiado pronto e injustamente lo difícil y complicada que puede llegar a ser. Y eso, por mucha ayuda que se pueda ofrecer, no cambiará. Lo único bueno creo quee nos queda, es la gente que nos apoya y nos hace sentir algo mejor que lo que nos ha hecho sentir la vida.
24 Enero 2010 a las 12:26 am
ultimamente no hago mas que tropezarme con articulos y cosas, ya sean por internet o por otro lado, que me ayuda a reafirmar los pequeños mensajes que recibo a modo de intuición… y la sigo, y mi curiosidad me ha llevado hasta aquí, hasta éste articulo donde se habla de gente como yo… actualmente no estoy pasando un buen momento y para colmo, me estan cambiando la medicación, pero poco antes de leer a Alejandro Palomas, me tropecé con un articulo anterior titulado “La grieta por donde entra la luz” y que logró que entrara la luz en un instante, suficiente como para querer seguir buscando rayos de luz en la maravillosa página de Redes, y tropezar con el artículo del cual hago un comentario porque el titulo me llamó la atención… me dije: no es ese el libro de Susan Kaysen que habla de su experiencia similar a la mia?
A veces sienta muy mal leer sobre ciertas cosas, pero por fin hoy, me ha reconfortado un artículo que hablaba de lo mismo y no de manera médica, hablaba de amor y de infancia, y de eso tambien tengo buenos recuerdos…
Mis hermanos y yo ibamos en un barco de aquellos que pasabas un mes a bordo porque hacias el viaje de inmigración de tu vida, era 1972, yo tenía 4 años…. Tengo flashes de recuerdos… estabamos en un camarote y mama venia con un tigre de juguete que le dabas cuerda y caminaba y una guitarrita pequeña que rápidamente acaparó mi atención… desde entonces no he dejado de pensar en música… Más tarde conseguiría que mamá me comprara con el poco dinero que teniamos, un precioso acordeon de juguete que vi en el escaparate al lado de casa… intenté aprender a tocarlo, pero mi hermano pequeño no me dió tiempo, heheheh… lo acabó destrozando… hoy sueño y respiro con música y eso me salva del dolor a veces, bastantes veces. Un abrazo a todos.
25 Enero 2010 a las 6:29 pm
Yo hace poco me hice un álbum autobiográfico con powerpoint de mi vida hasta los 28. Digitalicé mis fotos desde mis primeras semanas hasta ahora. Recopilé aquellas fotos que me parecieron más significativas y las etiqueté con frases y pensamientos sobre la vida en sí, intentando meterme en mi piel de cuando tenía esos años, y poniendo música de fondo sobre la marcha.
Y me dí cuenta de todas las cosas que he hecho y he vivido, y de las tantas que me quedan por hacer, por VIVIR.
Recomiendo esto a todo el mundo porque te abre mucho los ojos, para aprender y re-cordar quién hemos sido y en qué nos hemos convertido, y qué debemos cambiar o mejorar para estar más a gusto con nosotros mismos y con los demás;
28 Enero 2010 a las 1:11 am
Lo masvalioso como seres humanos es aceptar nuestro dolor interior y aprender a trasformarlo. Para que cuando seamos padres no actuemos exactamente igual que como lo hicieron los nuestros.
No se trata de olvidar ni de recordar unicamente lo bueno de esa infancia que nos resulto cruel y sobre todo falta de amor. Debemos entender que el amor de pareja suele ser superficial y egoista; dura muy poco y se vuelve controlador y manipulador . Y ese es el ambiente en que se crian los hijos porque ese es el que nosotros heredamos y brindamos a nuestros hijos. Es algo que tiene que ver con la profunda relacion que tenemos con la culpa. siempre caemos en el falso dilema de la razon y la culpa. y juzgamos a nuestros semejantes en funcion de la poca autoestima que tenemos y al mucho odio heredado. Deberiamos ser mas responsables de nosotros mismos y dejar de culpar a nuestros padres que eso no nos sana. Los que hacemos es justificar mas nuestro odio interno y seguir generando culpa. Culpa justificada, amargura justificada por los años de dolor que vivimos cuando niños. Es pues un circulo vicioso que debemos romper.
Debemos cambiar ese veneno por medicina. Comprender la limitacion emocional, afectiva de nuestros padres. Y nosotros brindar amor compasivo y misericordioso, que es mas consciente yduradero que el amor de pareja. Debemos ser responsables de nosotros mismos y dejar de defecar sobre las miserias de nuestra vida de niños que eso ya no tiene sentido por muy malo que haya sido brindemos compasion a nuestros padres seamos sabios y escojamos la parte util de la vida que sera la vida que nos queda; siendo coscientes de nuestra responsabilidad interior y bridemos un amor misericordioso y compasivo a quienes menos creimos en la vida que lo hariamos. Concientes de que sera la medida mas logica y liberadora. Tendremos asi un nuevo chance de vida para educar a unos hijos sin espiritu controlador sin odios, rencor resentimientos ni culpas o facturas que no caducan jamas. NMRK.
14 Febrero 2010 a las 10:28 pm
¡Uf!, difícil y dolorosa tarea. Cuando quise recordar (y sin quererlo) sólo obtenía sufrimiento. Ahora que trato de recordar los buenos momentos sigo sufriendo…
15 Febrero 2010 a las 9:14 am
Queridos amigos: Os invito a compartir un vídeo, que fue filmado en mi intervención en el encuentro de educadores que tuvo lugar en Barcelona, con motivo de los talleres dirigidos por Noemi Paymal sobre Pedagogía 3000. Su título es “Educar más allá de las creencias: liberando al corazón”. A ver qué os parece…
La dirección para acceder a él es: http://vimeo.com/9374224
Felices encuentros. Un cordial abrazo
Carlos González
16 Marzo 2010 a las 1:36 pm
Estoy un poco cansada…alguien dijo: La infancia es eso que te pasas el resto de tu vida intentando superar. Me pregunto muchas veces, como hubiera sido si no hubiese vivido así?…que es lo que no me deja seguir?y asi años trás año, día a día…la verdad estoy cansada.
Gracias.
22 Marzo 2010 a las 5:38 pm
En mi caso, re-cordar mi infancia, trae recuerdos de personas que nunca me dañaron, e incluso recuerdos, de gente que no debería haber obrado como obró…Me es muy difícil re-cordar momentos doloros vividos, y cuando los recuerdo, mi mente intenta volver a olvidarlos…Prefiero pensar que fueron malas pesadillas, aunque mi vida se ha visto afectada por muchas malas pesadillas…
1 Septiembre 2010 a las 5:29 pm
Veo que muchos hablan de que para superar esta situación hay que recordar los buenos momentos de la niñez. En mi caso hay un recuerdo que guardaba como un tesoro. Las largas temporadas con mis abuelos en Barcelona (yo soy de Valencia). En una de las terapias por las que he pasado el terapeuta me preguntó si no me parecía extraño que con tan sólo tres o cuatro años pasará tanto tiempo alejado de mis padres. Nunca había reparado en ello. Desde aquel momento mi mejor recuerdo de la infancia se esfumó …de todas formas aún sigo buscando aquel edificio donde pasé los mejores momentos de mi infancia. Hablando con tíos hace unos días me dieron una nueva pista. La calle que yo busco tiene ahora el nombre en catalán. Puede que por eso no la encontrara. La próxima vez que vaya a Barcelona volveré a intentarlo.
En cuanto a quitarse de encima el rencor, el odio, y pasar al perdón, eso es más complicado, porque los malos tratos continuan, y tengo 50 años.